Ángel escribió un comentario al pie del artículo La indiferencia de los hijos, que nuestra colaboradora Lilia Ramírez nos había enviado desde Nuevo León, México. Ella expresaba el sufrimiento ante la frialdad de su hijo al llegar a la adolescencia; ese desapego y muro de incomunicación que tanto duele a la persona que ha volcado su vida en hacerle feliz. Lilia se sentía rechazada…, y en ese momento nos contó sus sentimientos.

Adolescentes al atardecer.

Adolescentes al atardecer.

Ángel escribió…

Hola:

Creo que es anormal esto, pero vi sus publicaciones por un problema de mi pareja con sus hijas.

Soy de los pocos padres solteros afortunados. Tengo un hijo de 21 años. No es exactamente como quisiera, pero es excelente hijo. Acepto sus fallas, valoro y aplaudo sus aciertos. Creo que un punto importante para educarlos es no olvidarnos de cómo fuimos nosotros (qué hicimos, qué no hicimos, qué nos hubiera gustado, qué nos prohibían, qué pensamos que no era malo, qué nos benefició o no, etc.).

Yo fui un adolescente muy problemático, y aun hasta la fecha me duele, porque ahora que soy padre sé lo que hice sufrir a mi madre (de 6 hijos y sin marido). En cuanto supe que sería padre, mi vida cambió. Deseaba que mi hijo tuviera mejor vida que la mía. Me informé lo más que pude, pero acepté que él tendría su forma de ser y que yo tengo mi forma, que nada ni nadie sería igual a nosotros. Mi fórmula fue escucharlo, jugar y confiar en él; en pocas palabras, ser su amigo. Lo enseñé a tomar decisiones y que todo era discutible, pero nunca le dejé de mencionar que yo tenía la autoridad, que no quisiera usar a menos que él hiciera algo inadecuado o rompiera la confianza.

Les puedo decir que no es fácil, pero si uno quiere puede ser muy divertido y muy placentero. Convivan con ellos y entiéndalos, pero nunca dejen que se les suba a las barbas. Algo que da mucho miedo es dejarlos ser independientes, por todos los peligros que hay, pero tenemos que aceptar que deben de aprender a vivir en la jungla que les toque.

Un dato muy importante para mí es decirles que nunca le he pegado.

Que tengan mucha suerte y disfrútenlos a lo máximo (un padre soltero muy feliz).

P.D.

No crean que no he hecho labores domésticas. Hago de todo (cocino, lavo, plancho, limpio toda la casa, super, juntas escolares, etc., jejejejeje).

Ángel

Un tiempo después, Estela leyó lo que había contado Ángel. El caso de Estela era muy parecido al de Lilia. El hijo no demostraba comprensión con su madre. La comunicación entre ambos parecía rota.

Habrán de pasar unos años para que Lilia y Estela comprueben si los lazos de amor con sus hijos se han rehecho (una vez superado el periodo adolescente), o bien algo falló en la relación madre/hijo para que éste no quiera tenerle atenciones.

También habría que conocer, en un futuro, si Ángel consiguió que no se rompiera el cariño y la comunicación con su hijo… O bien si, en su papel de hombre, no reclamó tal grado de identificación y exigencia con el hijo como hacemos las madres. Ya sabemos que un mismo hecho tiene distintos puntos de vista en función de quien lo cuente.

A continuación vamos a leer la exposición de Estela.

Estela escribió a Ángel…

Padre soltero feliz: todo bien con lo que comentaste. A mí me paso ídem mientras mi hijo vivía conmigo. Hace más de 2 años se fue a vivir solo y hace casi 2 que está con su novia. Yo me separé de su padre cuando él tenia 1 año y no quise volver a mis pagos, a 1000 km de distancia, para que no perdiera lazo paterno. No me arrepiento, pero de tanto trabajar para salir adelante y hacerlo profesional, me quedé sin familia, sin pareja,  y las amigas desaparecieron por distintos motivos, sobre todo distancia en busca de mejores horizontes.

Sufrí horrores. El nido vacío. Ahora lo voy llevando son psicoterapia y antidepresivos, pero a mi hijo no se le mueve un pelo por mis llantos. Si juega el equipo de su gusto o si está cansado, como dice su novia, para lo que le gusta no se cansa, pero está harto de mi nostalgiosa soledad.

Claro que si exijo, entonces aparece, pero me siento peor, como exigiendo cariño, no, peor, como mendigándolo.

¿Qué hago?

Estela

Calendula
calendula@yosoymadresoltera.org