Los hijos nacidos de una relación con un hombre casado son más numerosos de lo que pudiera parecer. Muchas mujeres son madres solteras como resultado de un enamoramiento que las unió a un hombre que nunca proyectó un futuro con ellas, más allá de su interés personal.

De la lectura de un artículo de la psicóloga Julia Atanasopulo he sacado diversas conclusiones para confeccionar esas cuatro líneas.

Padre e hija.
Padre e hija.

Una relación limitada

En la relación con un hombre casado se descarta la existencia de un proyecto en común, como se tendría si hubiera un noviazgo.

En este tipo de relaciones, la finalidad no es que ambos terminen en boda o conviviendo como pareja. La finalidad es que el hombre casado, normalmente con hijos, compagine la vida hogareña con una amante que vive sola en su piso de soltera. Una hábil doble relación para satisfacer sexo y charlas interesantes y al mismo tiempo lograr una buena imagen de unidad familiar.

¿Qué le espera a la mujer amante? Probablemente él sea muy celoso y le pide que esté en su casa a una hora determinada, para cuando la llame por teléfono. Controlará sus amistades y criticará a las que considere menos adecuadas. Declarará que la quiere y mostrará su satisfacción cuando ella le diga que está muy enamorada. Con promesas de “ahora no es el momento”, “cuando los chicos sean mayores”, “mi esposa no lo comprendería”, pasarán los años y ella acabará siendo la tía soltera que acude a todos los cumpleaños de sus sobrinos y les regala objetos muy escogidos por Navidad. Navidades que pasará con la familia, porque él tiene la suya y no puede faltar (es algo sagrado, que ya ni se discute), además de otras fiestas señaladas y vacaciones…

Ella tiene que saber que el que está casado es él; que quién no goza de plena libertad, también es él. Ella no tiene pareja y pensar de otro modo es tergiversar la realidad. ¡Pero en cuantas ocasiones la mujer se amolda a su papel de amante sumisa y sacrificada y pierde su libertad ante el temor de quedar completamente sola, cuando ya se han casado y quizás divorciado sus amigas y sólo cuenta con una de íntima, que la escucha de puro aburrimiento después de aconsejarle mil veces que rompa esa relación.

Quizás ella se ha quedado sin tener hijos, porque los años no pasan en balde y la maternidad tiene un reloj biológico que no demuestra piedad.

Acaso un día quedó embarazada y ahora es madre soltera de uno o dos hijos concebidos con el señor que no podía abandonar a los suyos ni nunca los abandonará, aunque ya estén independizados y le hayan hecho un feliz abuelo, amable y hogareño, siempre dispuesto a sonreír.

El hijo que un hombre ha tenido con su amante siempre será un hijo extramatrimonial, sujeto a las mismas condiciones que impuso a su madre, con promesas de futuro y visitas precipitadas (porque el tiempo apremia al hombre casado), pero sin ninguna de las ventajas de que gozan los hijos nacidos dentro del matrimonio.

Cuando el padre fallezca, todo estará arreglado para que su hijo extramatrimonial no tenga derecho ni a la legítima. El padre no es responsable de nada. Todo lo organizó su mujer, a sus espaldas. Murió pobre de solemnidad.

Calendula

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