Mujeres en una boda

Mujeres en una boda.

 

Burlarse del físico de una persona, y más si es mujer, refleja mezquindad, prepotencia y un cerebro emocional bien pequeñito.

Hoy 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, voy a dedicar esa pequeña historia a la mujer que es objeto de burla por su físico, con el deseo de hacerle daño o de demostrarle que es bien poca cosa. ¡Qué barbaridad! El físico es importante, pero no más que otras características físicas y psíquicas.

Las risitas, comentarios aparte, o bien con lecciones directas sobre los defectos de la mujer, son un modo de esconder los propios traumas y amarguras. Si eres feliz, ¿para qué vas a martirizar a alguien?

Y todo por un corte de pelo

Recientemente una amiga que hace años que no veo, porque ella es mucho más joven y está siendo protagonista de sus sueños e ideales, me llamó para que fuera a verla. Su mamá estaba gravemente enferma, en la sala de cuidados intensivos de un hospital. Fui una tarde y al día siguiente, para hacerle compañía. No estaba sola, sino con su pareja, tíos, primos, compañeros de trabajo y amigos. Cuando alguien próximo se nos va o está pronto a hacerlo necesitamos más que nunca el calor de las personas queridas. El segundo día, ya anochecido, cuando ya estaba de pie y me disponía a salir de la repleta sala de espera, mi amiga me dijo que el cabello no me quedaba nada bien. Se puso a tocarlo. Ni el flequillo, ni por delante, ni por detrás. Tenía que cortarme el pelo corto. Ya me indicaría en qué peluquería tenía que ir para que hicieran un estudio de mi cara para determinar qué tipo de peinado me convenía. Respondí que no pensaba cortarme el pelo y mi deseo era seguir llevando una media melenita, como centenares de miles de mujeres de mi país.

Me fui algo atolondrada, pero conforme caminaba de vuelta a casa me sentía más triste y más me dolían sus palabras. Me sentí humillada ante su numeroso grupo de diez o doce personas que fueron a darle apoyo. A ninguna otra mujer le comentó si tenía que ponerse rulos para dar mayor volumen a su melena, ni sobre su gordura, ni nada de nada. Todos parecían muy felices. ¡Tan guapos, tan bien vestidos, tan bien peinados, tan glamurosos, tan exponentes de una clase media que les permite vivir sin las preocupaciones que a otras personas nos atenazan!

Ella no lo hizo con la voluntad de hacerme sufrir. Ya lo entiendo. Pero como la quiero, me dolió tan poco tacto, que me hiciera sentir horrible. Ella es físicamente muy guapa, al igual que su madre, que murió a los pocos días. Me hizo daño que me diera lecciones, que resaltara que no soy una mujer bonita, que me tratara diferente a los demás, que hiciera ostentación de su buen gusto. En fin, que me sentí humillada y ese sentimiento me desequilibró  y me hizo llorar muchas veces.

¿Y quién me consoló y me levantó el ánimo? Pues una mujer, también más joven que yo, que se cree fea y poco femenina, porque así la han hecho sentir los hombres, que las prefieren más sumisas y que dediquen una cuarta parte del día a embellecerse y los sábados a visitar tiendas y comprar prendas y zapatos y maquillajes y perfumes. Yo la encuentro bella y femenina, delicadamente hermosa, con su nariz ligeramente respingona y sus labios bien perfilados. Al fin las dos lloramos. “Eres una mujer sensible e inteligente y me encanta cómo vistes”, le dije. “Pues tú tienes un rostro alegre y divertido y siempre me has parecido una mujer muy interesante”.

Prometimos no hacer caso de palabras necias que solo buscan pisotear a quienes creen más vulnerables. El problema no es que seamos más o menos guapas. El problema está en que determinadas personas se sienten incapaces de respetar a los demás cuando no hay un interés social o económico de por medio.

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