Sentimos tanto deseo de encontrar a una persona con quien compartir alegrías y tristezas, que nos solucione la vida afectiva y a la vez nos proporcione un mayor bienestar económico, que idealizamos a la primera que se cruza en nuestro camino y nos dedica un poco de cariño o atención. Proyectamos en el otro un mundo ideal, ficticio, que hemos construido en nuestro interior. Partimos del vacío. Nos enamoramos del amor.

Hogar, dulce hogar.

Hogar, dulce hogar.

Es mejor partir de un trozo de suelo donde reposar los pies. Sí, sí, podemos encontrar a una pareja que nos quiera con locura, pero, entre tanto no llega, tenemos que saber que no aparecerá llevando en la mano derecha una varita mágica para solucionar nuestros problemas. Trataremos de buscar a una persona con quien exista una buena compenetración, con afinidades y con la química necesaria para construir la vida íntima de pareja. La mejor manera de esperar que llegue es sabiendo que tú sola, madre soltera, o madre sin pareja, tienes recursos para vivir sin la compañía de nadie y sin desesperar. Recursos espirituales, sobre todo: fuerza, buen humor, simpatía, resistencia, amor a ti misma y a tu hijo… Sentir que todo el tiempo que dedicas a tu niño o niña te construye como mujer y te prepara para el futuro.

Siendo madre soltera, muchos hombres huirán. Es su libertad. Todos huimos de algo. En ocasiones, nos espanta el mendigo que nos mira a los ojos; el hombre en quien recae la sospecha que maltrató a su ex mujer, aunque la justicia lo exculpe posteriormente; el muchacho que salió de la cárcel por robo y ahora busca trabajo. Todos seleccionamos la fruta sin manchas cuando nos acercamos a la frutería a reponer la despensa.

Si encuentras a un hombre que te quiera, has dado el primer paso. Pero, aunque no lo parezca, no es el definitivo.

En los primeros tiempos, quizás te diga que no le importa que tengas un hijo. Bien por su parte. No obstante, estate atenta. No es que no le creas, que dudes de sus palabras. No. Quizás él también esté enamorado del amor y se evada de la realidad. Te quiere exclusivamente a ti y no presta atención a tu condición de madre en activo. El enamoramiento y la vida de novios es un sueño, la mayoría de las veces. Pero un hijo es para amarle, y cuidarle, y vestirle, y llevarle al colegio, y soportar sus rabietas, y no poder salir un domingo si tiene fiebre, ni al siguiente si os esperan los abuelos. Y no poder hacer el amor cuando os viene en gana. Y los celos que empiezan a aparecer…

Piénsalo bien, antes de casarte. Tu hijo es para toda la vida. Tu pareja, durará lo que durará. No permitas, como he visto en alguna ocasión, que una vez casados o viviendo juntos, te diga que no soporta a tu hijo, que lo detesta, y te exija que le lleves a vivir con los abuelos. Hay mujeres que sucumben. Yo no lo haría aunque me sintiera morir de soledad.

Si tu compañero o novio no te quiere lo bastante a ti y a tu hijo, ábrele la puerta. Y no te encierres en el sentimiento de fracaso. No es un fracaso. Es una historia que no ha salido como esperabas, aunque duela mucho. Date una nueva oportunidad. No desesperes.

Si tu novio, por el contrario, demuestra que ama a tu hijo y le trata como si fuera suyo, adelante.

Ante todo, hay que prestar atención a la opinión del hijo. Observar como se llevan ambos. Si en algún momento el niño manifiesta rechazo hacia tu pareja, ponte alerta. Los niños siempre dicen lo que piensan. Son tan transparentes que a veces parecen adivinos.

Quizás tengas la tentación de pensar que el pequeño está celoso, porque todo el cariño de su madre hasta ahora le pertenecía. Puede que sí, pero puede que no. Probablemente te está diciendo que el nuevo hombre de tu vida no te conviene. Recuerda que el niño desea tanto poseer un padre como tu un compañero. Dales tiempo a los dos. También el futuro padre puede manifestarse celoso. Como ves, la relación dependerá en gran parte de tu equilibrio.

Por lo que más quieras, empieza a equilibrarte cuanto antes.

Para terminar, sugiero la lectura de un reportaje titulado “Boda y muerte en un día”. Una historia triste pero tierna.