Con una de las políticas de baja maternal más generosas del mundo, las mujeres noruegas luchan por no quedarse descolgadas en el mundo laboral.

Transcripción del reportaje publicado por el digital El País con fecha 4 de junio de 2010.

NORUEGA. Un año para disfrutar juntos como familia

Cecilia Jan – Madrid

Nombre: Silje C. Sigernes Edad: 35 años Hijos: dos varones, Philip, de cuatro años y medio; y Oliver, de un año y medio Ratio de fertilidad (estimación 2010 CIA World Factbook): 1,77 hijos por mujer Puesto en la clasificación de Save the Children*: 1º del grupo I (los 43 países más desarrollados).

Silje C. Sigernes, su marido, Ernesto Alegría, Philip, de cuatro años, y Oliver, de año y medio, en una foto familiar. Sigernes y sus hijos llevan el traje nacional noruego.
Silje C. Sigernes, su marido, Ernesto Alegría, Philip, de cuatro años, y Oliver, de año y medio, en una foto familiar. Sigernes y sus hijos llevan el traje nacional noruego.

Silje Sigernes y su marido, Ernesto Alegría, aprovecharon el nacimiento de su primer hijo, Philip, para pasar un año familiar en Barcelona. Para ello, contaban con la amplia baja que concede el Estado noruego a las madres trabajadoras: 54 semanas con el 80% del salario o 44 con el 100% (actualmente se ha ampliado a 56 y 46, respectivamente). Escogieron la primera opción, y el padre, que disponía de cuatro semanas de baja paternal (ahora son 10), sumó vacaciones y unos meses de permiso sin sueldo. “Tuvimos tiempo para estar juntos como familia”, explica esta noruega de 35 años.

El país escandinavo, que este año figura como el mejor lugar del mundo para ser madre, según un índice de la ONG Save the Children, reserva para la mujer las tres semanas antes del parto y las seis posteriores. Otras 10 semanas son exclusivas para el padre (si no las toma, se pierden). El resto del tiempo se lo reparten los progenitores como quieran.

Con el nacimiento de Oliver, Sigernes y Alegría optaron por mantener el 100% del salario. “Aquí es muy normal dejar las semanas del padre para el final, y durante ese tiempo, la madre coge vacaciones y se va toda la familia a pasar uno o dos meses fuera”, afirma la mujer, máster en Administración de Empresas. Ellos, que viven en Oslo, estuvieron en Valencia, donde podían practicar el español, idioma natal de Alegría, de origen salvadoreño.

Sigernes, que dio a luz a sus dos hijos en un hospital, explica que después de nacer Philip, cambió de puesto de trabajo dentro de la misma empresa para disfrutar de más tiempo libre. “Antes trabajaba al 150%, salía muchos días a las diez o las once de la noche”, dice de su anterior cargo como country product manager en la multinacional de enseñanza de idiomas EF Education. Ahora, acaba su jornada como gestora de cuentas estratégicas hacia las cinco de la tarde, sin que se haya resentido su sueldo. “No siento que haya sacrificado mi carrera por los hijos, quería seguir trabajando, pero también tener más tiempo para ellos”, dice.

Sin embargo, es consciente de que un periodo largo de desconexión del mundo laboral frena la carrera de muchas mujeres. “El hombre asciende mucho más rápido. Y aunque no puedan preguntar en una entrevista de trabajo si quieres tener hijos, es probable que prefieran a un hombre que a una mujer”, opina. Pese a que las semanas de baja exclusivas para el hombre se introdujeron en 1993 (en 2008, las disfrutaron el 90% de los padres), y a que la posibilidad de compartir la baja maternal existe desde 1977, lo usual es que la madre sea la que esté más tiempo fuera.

Para Sigernes, la duración actual de la baja es “perfecta”. “Un año en casa con los niños es suficiente, después van a la guardería y la madre tiene tiempo para hacer otras cosas”, opina. Sigernes y Alegría, director comercial en Norske Skog, una compañía papelera noruega, se organizan para llevar y recoger a sus hijos a una escuela infantil, donde van de ocho a cinco. Dos días por semana, pagan unos 20-25 euros por hora a una mujer para que los recoja “y poder trabajar un poco más”, aunque Sigernes reconoce que no es habitual.

La pareja paga 4.050 coronas noruegas (511 euros) al mes por la guardería, que es pública, y donde no fue sencillo conseguir plaza, según Sigernes. La red de escuelas infantiles públicas en Noruega es más reducida que en el resto de países escandinavos, confirma Gosta Esping-Andersen, catedrático de Sociología de la Universidad Pompeu Fabra.

Como todas las familias, reciben 970 coronas (122 euros) mensuales por hijo hasta que cumplan los 18 años. Esta prestación es independiente del nivel de ingresos (la media familiar, en 2006, rondaba los 66.000 euros).

Pese a estas facilidades, impensables en España, Sigernes no se lanza a por un tercer hijo. “Antes decía que quería tres, pero ahora he comprobado que dan mucho trabajo”, asegura.

* El informe de Save the Children de 2010 clasifica a 160 países a través de indicadores de la salud, la educación o las condiciones económicas de madres y niños. Los países están divididos en tres grupos, en cada uno de los cuales se miden parámetros distintos: I: más desarrollados; II: menos desarrollados; y III: los de menor desarrollo.

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