Sólo el 8 por ciento de las madres dominicanas da el seno a sus hijos hasta los seis meses. El resto no lo hace, por distintas causas.

Transcripción del editorial del digital Listín Diario de 3 de agosto de 2010.

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La leche de la vida

EDITORIAL

Dios concedió a la mujer el exclusivo privilegio de dar la vida y la dotó de las capacidades para alimentar y dar amor, con extrema indulgencia, a sus criaturas.

Su leche es insustituible e irrepetible. Le provee a la criatura los nutrientes necesarios para su desarrollo y para el fortalecimiento de sus sistemas inmunológicos. Es la leche de la vida.

En estos días tiene lugar una campaña para estimular a las madres modernas a lactar a sus hijos, sin depender mucho de las fórmulas o de la leche animal. Se tiene el dato de que solo el 8 por ciento de las madres dominicanas da el seno a sus hijos hasta los seis meses. El resto no lo hace, por distintas causas.

Madres solteras o madres casadas que son jóvenes no quieren que sus senos se tornen blandos o caídos por el efecto de la succión sistemática de sus bebés. Otras no lo hacen porque trabajan y no tienen tiempo. Algunas porque sufren de cáncer, Sida u otra enfermedad infectocontagiosa o, sencillamente, no producen tanta leche.

El lactar es tan prodigioso que ha servido para salvar vidas, como ocurrió en julio del 2007 cuando un grupo de inmigrantes ilegales dominicanos que se dirigía hacia Puerto Rico sobrevivieron durante 12 días al alimentarse del seno de una de las náufragas.

Apoyamos la campaña que están realizando las autoridades de salud para que se intensifique y se masifique, entre las parturientas, el hábito de la lactancia, un hábito que nadie se explica por qué se quiere desalentar en algunas sociedades cuando constituye el alimento que, con gratuidad, Dios ofrece a los recién nacidos a través del seno materno.

Calendula
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