Taller sobre comunicación.

 

Normalmente no calculamos que un día seremos mayores. Las madres solteras, y las mujeres en general, estamos demasiado atareadas con nuestros hijos, las preocupaciones económicas, el trabajo y el hogar, para pensar en ello.

El futuro es incierto para todo el mundo, pero especialmente para las mujeres solas.

¿Qué va a pasar cuando nuestro físico se derrumbe y no podamos vivir solas en casa? Gran número de familias no están preparadas para tener una persona mayor que requiera cuidados día y noche. Contratar a una asistenta para que nos atienda exige una buena posición económica y disponer de una vivienda grande.

El miedo a ir a una residencia

Los mayores tienen la mentalidad que ir a una residencia es un castigo. Un final de trayecto. Quedar apartados de la sociedad.

Muchas mujeres mayores, cuando llegan a una residencia, hace ya mucho tiempo que viven apartadas. Aisladas. Solo dedicadas a la familia. Se agarran a sus hijos y nietos para no caer en el vacío de la soledad interior. Un buen número de mujeres preparan psicológicamente a sus hijos, desde la infancia, para que nunca las “abandonen” en una residencia.

Aislarse y centrarse solo en la familia

La juventud es la edad de vivir intensamente, de hacer amigos, de improvisar. Conforme las personas se hacen adultas y tienen pareja e hijos, se aíslan poco a poco. Se centran en la familia y el entorno familiar. Poca cosa del exterior les importa. Ni la sociedad, ni la política, ni la cultura. ¿Para qué? Cada uno a lo suyo.

Aquí está el error. Pensar que pierde el tiempo quien dedica (regala) una parte de su tiempo a otros proyectos, a otras personas. Cuando las cosas nos van bien pensamos que siempre será así. Que nada se va a torcer.

La residencia para personas mayores

Esas personas que solo se preocupan de sí mismas y de sus familias, llegan a las residencias de mayores muy mal preparadas. Siempre que han dado algo de sí mismas ha sido a cambio de seguridad, de protección. Yo te doy, tú me das. Ni más, ni menos. Su vida ha permanecido vacía, porque el egoísmo no aporta mucho. Más bien destruye.

En la soledad de la residencia, son las personas que más sufren la soledad. Arrastran tras de sí el vacío de sus vidas, porque no han contribuido a hacer más fáciles y habitables nuestros pueblos y ciudades. Han descuidado las necesidades de los otros.

Solo existe una solución
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