Cuando las mujeres, en muchos países, dejaron de parir en casa, sintieron un gran alivio. El hospital público y la clínica privada ofrecían más garantías para lleva a cabo un embarazo bajo control médico, un parto con la posibilidad de cesárea si se presentaban dificultades y el acceso a las incubadoras para bebés prematuros.

Una comadrona con su paciente antes del parto.

Una comadrona con su paciente antes del parto.

A lo largo del siglo XX, con los progresos en el campo de la medicina, el control de la mujer durante el embarazo, así como el ingreso hospitalario para dar a luz, hizo disminuir la tasa de mortalidad de los recién nacidos y de las parturientas durante el parto y el posparto. En el hospital, a parte de las atenciones médicas, las madres comenzaron a recibir consejos acerca de cómo cuidar a sus hijos y a sí mismas. La información sobre la planificación de los embarazos, para que la mujer decidiera en qué momento y cuantos hijos deseaba tener, también representó un gran apoyo para las madres.

Estos avances médicos y sanitarios siguen sin estar al alcance de muchas mujeres a causa de la mala distribución de la riqueza mundial, un factor determinante de la buena o mala calidad de vida, de la salud o la enfermedad en función de los medios económicos de que se dispongan. Un gran número de madres solteras o solas, adolescentes o adultas, aunque nos duela, paren y abortan sin garantías sanitarias, atendidas por personal que no tiene los conocimientos, la práctica ni los títulos académicos necesarios.

Las mujeres, salvo excepciones, se sienten más seguras si pueden parir en un centro sanitario. Por su bien y por el del hijo. Las mujeres que emigran en busca de  trabajo y mejores perspectivas para su familia pronto experimentan, en los países de destino, los beneficios de ser madres y ser atendidas en los hospitales públicos. No es una banalidad  tener derecho a incubadora, a un parto con anestesia, al control del especialista durante el puerperio (6-8 semanas después de parir), a las visitas periódicas del niño para controlar su evolución, las vacunas infantiles, etc.

Las madres solteras embarazadas, españolas o inmigrantes, gozan de los mismos derechos cuando acuden a un especialista de la sanidad pública para que las someta a reconocimiento y tener la certeza de que están esperando un hijo.

¿Qué significa un parto más humano?

Desde el momento en que una persona entra en un centro hospitalario, todos los protocolos van orientados a su cuidado. Que el entorno sea aséptico, frío y poco acogedor es lo de menos. Priman otras necesidades.

Ahora bien, las mujeres, en su camino para convertir un mundo intrínsecamente masculino en otro más armonioso, en que puedan convivir el ente masculino y femenino, donde se respete el derecho a la salud en función de sus características físicas y psíquicas, a menudo han lamentado la falta de sensibilidad médica en el acto y clima que envuelve a la maternidad. Parece que algunas autoridades empiezan a prestarles atención.

“¿Pudo intervenir en su parto? ‘¡Pero si no podías abrir la boca! Aquello era como una cadena de montaje en la que te iban diciendo lo que tenías que hacer y, además, al estilo militar, según las matronas, para que no te descontrolaras. Y, a la mínima que levantabas la voz, ya había alguna que te decía eso de ¡mujer, que por ahí pasamos todas; no seas quejica!’. Belén Cid, de 43 años, recuerda ‘con horror’ su primer parto en un hospital público. El segundo fue mejor, ‘pero no porque hubiera cambiado la cadena de montaje, sino porque yo ya sabía de qué iba la cosa’, asegura.”

El acto de parir es uno de los más personales de la mujer, pero las instituciones sanitarias tratan la maternidad como otro más. Para paliar esta situación, el Ministerio de Sanidad español ha editado una serie de recomendaciones para información de los profesionales y de la propia parturienta, para que ésta pueda tomar decisiones.

Ayuda al parto natural a una embrazada en un centro hospitalario.

Ayuda al parto natural a una embrazada en un centro hospitalario.

¿Qué decisiones? Por ejemplo:

•    Elegir la postura durante las fases de dilatación y expulsión, siempre que no suponga un riesgo para la gestante ni para el bebé. Que la mujer pueda caminar por la habitación para facilitar la bajada del feto. Beber líquidos, si lo desea. O estar en posición de pié durante el nacimiento.

Se sugiere a los profesionales:

•    Evitar prácticas denigrantes, como la rasura completa, en todos los casos, antes de entrar en la sala de partos. Se recomienda que se afeite en parte el bello pubiano cuando se tenga que hacer una sutura.
•    Evitar otra práctica denigrante: aplicar rutinariamente enemas (para el lavado intestinal).
•    Hacer el corte en el perineo (para facilitar la salida del feto) de manera selectiva, no por sistema. Y que no se suturen los desgarros leves.
•    No realizar la amniotomía (romper la bolsa amniótica) si no es necesario.
•    No inyectar oxitocina (hormona que acelera la dilatación y las contracciones) si el progreso del parto es el adecuado.

“‘Siempre dicen que cuando ves al bebé, todo se te olvida… Pues a mí, doce años después del nacimiento de mi hijo, aún no se me ha olvidado el dolor tan inhumano de riñones que sufrí. Estaba tumbada, inmovilizada con cables metidos (monitorizada) y los riñones me estaban matando, mientras la matrona me regañaba por no estarme quieta. ¡Pero si no podía!… Al final accedieron a que me pusiera de pie. Y el dolor fue más llevadero’, dice Elena Sánchez, de 44 años.”

El derecho de la mujer a dirigir su parto está contemplado por la Organización Mundial de la Salud.

“‘Todavía no he podido olvidar la cara de la auxiliar mientras me limpiaba el vómito que me sobrevenía cuando me llegaba una contracción. Yo intentaba poner en práctica lo que me habían enseñado en las clases de parto sobre la respiración, pero las contracciones eran tan rápidas que no me daba tiempo… Me habían puesto oxitocina. ¿Por qué?, pregunté. Su respuesta fue que la noche era tranquila y que era mejor adelantar los partos en previsión de que vinieran más parturientas… ¡Y yo que pensaba que parir era algo natural!”, explica María López.”

Las mujeres, si pueden decidir, quedan más satisfechas

La mitad de las mujeres que temen al dolor piden anestesia epidural. La otra mitad se inclinan por el parto natural, tanto españolas como inmigrantes. Se trata de que vivan la maternidad como deseen.

La aplicación del nuevo modelo va a permitir extender de forma más rápida el parto a la carta. Comenta una responsable de la sanidad catalana:

“‘Es un cambio de filosofía que reconoce a la mujer el papel central de su maternidad y, para ello, se pasa de un modelo de atención más intervencionista a uno en que se interviene sólo si existe riesgo para la madre o el bebé. Se trata de aprovechar que hemos conseguido unas muy bajas tasas de mortalidad perinatal, algo a lo que no se va a renunciar, para buscar una mayor calidad asistencial, humanización y dejar decidir a la mujer’, resume Dolors Costa, adjunta a la dirección de Planificació del Departament de Salut. ‘En otros países – agrega- se ha hecho apostando por el parto en casa o casas de partos, aquí se ha preferido mantenerlos dentro del hospital’”.