A esta edad los niños comienzan a discutir cada una de nuestras órdenes y recomendaciones. Ponen excusas y nos acosan hasta que terminamos cediendo en aquellas cosas que quieren, haciendo del poder de la pesadez una forma de arte. Las opiniones de sus amigos tienen más influencia que las nuestras y casi todo el mundo los conoce mejor que nosotros.

Los frutos maduran baso los cálidos rayos de sol.

Los frutos maduran bajo los cálidos rayos del sol.

El poder de la vergüenza

“La vergüenza es la fuerza más destructiva que podemos utilizar contra nuestros hijos. Los avergonzamos para hacerles daño porque pensamos que el dolor es la única motivación real para el aprendizaje, pero si eso fuera cierto aún estaríamos azotando a los niños en los colegios y no sería ilegal que los padres lo hicieran.

Avergonzar a un chaval es peor que darle un cachete, porque puede que la huella interna de la vergüenza por el bofetón  nunca desaparezca, afectando a la manera en la que nuestros hijos se ven a sí mismos durante el resto de sus días.

¿A cuántos de nosotros nos ha dicho un profesor que éramos ‘tontos’ o ‘vagos’? Son etiquetas difíciles de quitarse. No hay ninguna razón para hacer a un niño sentirse mal por cómo es, cuando es tan efectivo hacerles sentir mal por lo que han hecho y no dañar su ego vulnerable.

Evita todas las palabras acusatorias: su único propósito es el castigo. Busca maneras positivas de describir el comportamiento que quieres que adopten tus hijos con más frecuencia en vez de centrarte en el que te gusta menos. Por ejemplo: ‘podrás estar contento contigo mismo una vez que hayas terminado los deberes’; no ‘sólo los niños vagos no hacen los deberes’.”

La disciplina y los niños de 6 a 11 años

“El deseo de castigar no es disciplina, es represalia, y es inquietantemente fácil sentirlo cuando no hay otro adulto para reemplazarte cuando no sabes qué más hacer. ‘Es un mocoso egoísta’, podrías decir de tu hijo después de un duro y largo día, a lo que tu pareja podría responder ‘no, no lo es. Sólo es un niño que aún no sabe cuáles son las normas’.

Sin el contrapeso de otra perspectiva puede ser difícil mantener la cabeza en su sitio. Como padres o madres solteros es esencial que dejemos pasar un tiempo entre acción y reacción, porque no hay nadie más que pueda proteger a nuestros hijos de nuestro yo más irracional.”

“Sustituye la palabra ‘castigo’ por ‘consecuencia’. Asegurarse de que tus hijos se den cuenta de que sus acciones tienen consecuencias es una parte vital del aprendizaje de la vida, pero eso no es lo mismo que castigarlos.”

“Sustituye la palabra ‘disciplina’ por ‘enseñanza’. Es un magnífico recordatorio de que nuestro trabajo es educar a nuestros hijos, no juzgarlos.

Técnicas disciplinarias para niños de 6 a 11 años


“A continuación exponemos algunas maneras de mantener a los niños a raya sin dañar su inestimable ego (su sentido del yo).

  • Los tres avisos. Este método sólo funciona si se utiliza coherentemente. La amenaza, que tiene que ser proporcional a la falta, tiene siempreque cumplirse llegado el caso, así que ten cuidado con lo que dices. Fíjate en este ejemplo:
  • Primer aviso. ‘Te he pedido que pongas la mesa y no me has hecho ni caso. Es el primer aviso. Por favor, pon la mesa’.
  • Segundo aviso. ‘Éste es el segundo aviso. Si no has puesto la mesa en… [establece el tiempo, o un punto para la manecilla grande del reloj, o cuenta hasta 30], te quedarás sin postre’ (y a continuación pídele al niño que te repita lo que le acabas de decir). ‘Repíteme lo que te acabo de decir para que vea que lo has entendido’.
  • Tercer aviso. ‘Éste es el tercer aviso. No has hecho lo que te he pedido pese a mis avisos, por lo que ahora yo pondré la mesa y tú te quedarás sin postre, como hemos dicho’.
  • Sean como sean las lágrimas y las pataletas a la hora del postre, o si te prometen que pondrán la mesa de entonces en adelante, mantente en calma y diles que ya es demasiado tarde. Les has ofrecido una elección y han elegido. La próxima vez deberían ponerse en marcha al segundo o incluso al primer aviso.”



Fuente de información:
Rachel Morris
La guía para la familia monoparental
Edita: Pearson Educación, 2008

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