Una familia monoparental tiene su origen en distintas situaciones: separación, divorcio, viudedad, abandono, madre soltera, etc.

El caso que nos presenta la psicoterapeuta Rachel Morris tiene relación con una familia en que papá y mamá ya no viven juntos y, en consecuencia, los hijos se quedan a vivir con uno de los dos. Como lo más frecuente en la actualidad es que la madre conserve consigo a los hijos, veamos qué nos comenta esta especialista en vida familiar, aunque bien podría tratarse (en parte) de una madre soltera con un hijo:

“¿Por qué papá ya no vive con nosotros? ‘Porque es un canalla mentiroso y traicionero’, podría ser la respuesta verdadera, pero seguro que no es la que nuestro pequeño Juanito quiere escuchar sobre su papá-héroe.

La mejor estrategia es una versión extremadamente reducida y simplificada de la verdad: ‘Porque papá y yo estábamos teniendo demasiadas discusiones y estábamos siempre enfadados, por lo que los dos pensamos que era lo mejor’.

Para cada pregunta que hagan los niños, hazles tú otra: ‘¿y qué te parece a ti?’ No hay manera de saber cómo interpretan la información que les damos. Las preguntas abiertas como ésta te ayudarán a saber qué es lo que han escuchado y entendido de tus respuestas.

Lo único que necesitan saber (una y otra vez) es que los quieren exactamente de la misma manera que siempre los habían querido (su padre y su madre), que no os habéis separado por su culpa y que todo va a ir muy bien.”

No podemos esperar que los niños lo aprendan todo de una vez.

Cuando uno de los dos padres desaparece, ese hecho socava una de las creencias fundamentales de los niños: que no serán abandonados por sus padres.

Mamá introduce a su nueva pareja

Mamá presentó su nueva pareja (Damien) a su hija de cuatro años (Cintia). Aún lo recuerda y así lo cuenta:

“Cintia se portó fatal con Damien durante unos tres años. Se negaba a relacionarse con él, no se quería ir a la cama si él estaba allí, ni quería comer en la misma mesa. Se inventaba historias de lo malo que él era con ella cuando yo no estaba mirando y mientras ella era muy sincera la mayor parte del tiempo, había momentos en los que yo dudaba de mi buen juicio. Damien tuvo mucha paciencia y amabilidad con ella, pero nada de lo que hizo cambió la opinión de Cintia sobre él. Al final terminé por perder la paciencia. Había pasado unos años horrorosos con su padre. ¿Es que no merezco otra vida?”

Lo que cuenta Cintia, que ahora tiene doce años, hace que todo tenga sentido:

“Creía que Damien quería llevarse a mi mamá. Solía sentarme arriba de las escaleras para quedarme escuchando lo que hablaban por si él estuviera contando mentiras sobre mí. Creía que estaba intentando que mi mamá se librase de mí para poder tenerla para él solo. Después de que papá se fuera no lo vimos durante mucho tiempo, por lo que era como si no existiera y mamá era lo único que yo tenía. Damien y yo nos llevamos bien ahora, pero aún tengo celos si mamá le hace a él más caso que a mí.”

Si la mamá de Cintia “hubiera entendido el mundo de miedo y desconfianza en el que su hija estaba inmersa, habría podido tranquilizarla sobre el hecho de que Damien no tenía ningún plan en absoluto de alejarla de su hija, hubiera ayudado a Cintia a comprender sus complicados sentimientos y le hubiera prestado mucha atención cuando se portaba mejor. Si hubiera hecho estas cosas, creo que ese mal comportamiento no hubiera terminado siendo la interminable tormenta emocional de tres años.”

La nueva pareja ante los hijos

Para tu nueva pareja tampoco va a ser fácil que le presentes a tus hijos. Sabe lo importantes que son para ti y que estarás mirando como un halcón cómo va la cosa. Puede ser algo intranquilizador, especialmente si la persona en cuestión no tiene mucha experiencia con niños.

Lo que la nueva pareja tiene que saber antes de que tenga lugar la presentación:

  • “Los niños pequeños no siguen las reglas normales de la conducta social, así que no esperes educación. De hecho, no esperes nada.
  • Si tienes una nariz muy grande o ‘hueles raro’, no sólo te lo dirán los niños, sino que la expresión de su cara te indicará exactamente lo que piensan de ello.
  • Tu tasa de aprobación puede subir o bajar sin previo aviso en cualquier momento, y puede que te encuentres ‘castigado’ por haber cruzado una línea de la que no te habías dado cuenta (porque no estaba ahí ayer).
  • Los niños miran fijamente. Mucho.
  • Los niños hacen muchas y muchas preguntas. No tienes por qué responderlas todas.
  • Si no les gustas lo sabrás. Pero no es una conclusión final. Los niños cambian de opinión. Frecuentemente.
  • Ignora el comportamiento extraño y recompensa el comportamiento amistoso con atención.
  • No te lo tomes de manera personal.”

Quiéreme, quiere a mis hijos

“Lo mejor que podemos esperar de una nueva pareja es que sea paciente y se dé cuenta de que se trata de una situación nueva para todos. Esperamos que desarrollen una relación propia con nuestros hijos, un vínculo con límites claros y aprecio y respeto mutuos.

Pedir que alguien quiera a nuestros hijos no es realista. Ser padrastro o madrastra está a todo un mundo de distancia de ser tu pareja, y no es una decisión sencilla que tomar, ni es algo que se pueda hacer de un día para otro o bajo presión.

Deja que las cosas sigan su curso. Si se van a enamorar de tus hijos o tus hijos se van a enamorar de ellos también, ¡No será porque tú dijiste que tenían que hacerlo!”

Fuente de información:
Rachel Morris
La guía para la familia monoparental
Edita: Pearson Educación, 2008

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