Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), “si no fuera por las mujeres pobres que trabajan, la pobreza urbana sería un 10% mayor, y la rural, un 7%, lo que supone unas cifras explosivas en una región donde una de cada tres personas es pobre.”

La vida laboral de las mujeres no es un camino de rosas. El 50% de las mujeres que trabajan lo hacen con bajos sueldos y casi sin protección social. Las mujeres que tienen un puesto de trabajo en una empresa ganan el 70% de los hombres, deben prepararse más que éstos para progresar y sólo representan el 20% en los cargos directivos.

Azafata de vuelo.

Azafata de vuelo.

La introducción masiva de la mujer en el mercado del trabajo ha supuesto, en muchos casos, su independencia económica o viento fresco para su autoestima, pero la sociedad apenas ha cambiado sus estructuras y ahora la mujer trabaja el doble: fuera y dentro de casa. “Ni sus cónyuges, ni las políticas públicas, ni las empresas las ayudan mayormente en su doble y agotadora jornada diaria (en el trabajo y el hogar).”

La mujer sigue a cargo de los niños, del hogar, de las personas mayores y la “economía de cuidado”. En México, por citar un ejemplo, la mujer dedica a estas ocupaciones un promedio de 50 horas semanales, mientras que los hombres sólo 10.

Asimismo, se las discrimina cuando tienen hijos o van a ser madres. “Es difícil argumentarla como suelen hacerlo algunos sectores empresariales como un problema de costes cuando, según estima la OIT, el coste de licencias de maternidad, apoyo a la lactancia y guarderías es el 2% del sueldo de las mujeres, y la mayor parte es subsidiado por la Seguridad Social.”

“En la crisis actual, los impactos para las mujeres latinoamericanas son mayores que para los hombres. Mitos como que el trabajo de la mujer es secundario o que su aporte al mantenimiento del hogar es marginal, ajenos a la realidad, inciden en sus altas tasas de despido y sus reducciones salariales. Además, son más vulnerables frente a la crisis porque ‘el funcionamiento de las instituciones laborales que protegen sus derechos es más débil, y por su menor presencia en organizaciones sindicales y en sectores que negocian colectivamente’.

No olvidemos sus responsabilidades en hogares donde el aumento del paro/desocupación y la pobreza son crecientes. Son numerosas las mujeres que con trabajos temporales en la economía sumergida dan de comer a sus hijos, sin que se valore socialmente ni políticamente su esfuerzo. Para ellas, por citar sólo una injusticia, no existen políticas de conciliación de la vida laboral y familiar, de tener un horario para trabajar y otro para cuidar a sus hijos y compartir las responsabilidades con el marido.

La madre soltera, la madre sola, está siempre en el segmento social menos protegido, al cual se presta menos atención. Si no se valora a la mujer, tampoco se valoran sus hijos, ni su trabajo, ni su salud física y mental, ni su preparación intelectual para educar a los hijos.

La protección de los niños, de las familias, de las madres, sigue siendo una utopía en la mayoría de países.

Procedencia de la información: El País: Informe Trabajo y familia, publicado en 2009, realizado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la OIT.

Calendula
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