“Mimat” es un proyecto de reciclaje de un grupo de 1.200 mujeres, la mayoría madres solteras, ancianas o viudas. La basura que recogen la clasifican, empacan, embarcan y envían hacia una empresa privada. Recolectan un promedio de 70 metros cúbicos mensuales de basura.

Transcripción del artículo publicado por el digital Periodismo Humano con fecha 21 de junio de 2010.

Reciclando el machismo

Thelma Mejía (Tegucigalpa)

En la apartada región de la Mosquitia, en el Caribe hondureño, un grupo de mujeres, la mayoría madres solteras, ancianas o viudas, comenzaron hace siete años a vencer el miedo y la timidez con un proyecto de reciclaje de basura que da sus primeros frutos. Decidieron romper con el machismo de su pueblo y pasaron a organizarse en la Asociación de Mujeres Indígenas Misquitas en la Costa Atlántica (Mimat, Miskito Miskitu Indian Mairinka Asla Takanka en lengua misquita).

Moskitia. Mujeres trabajando en al reciclaje de la basura.

Moskitia. Mujeres trabajando en el reciclaje de la basura.

Mimat asumió la limpieza de la mayor laguna de la zona y las calles de los seis municipios que conforman la oriental Mosquitia, una región natural compartida con Nicaragua, cuya parte hondureña tiene 16.630 kilómetros cuadrados. Esa basura la clasifican, empacan, embarcan y envían hacia una empresa privada con la que tienen un acuerdo para la compra del material. “Empezamos poco a poco y estoy contenta porque hemos llegado lejos, pero aún falta mucho”, asegura a IPS la líder de Mimat, Cendela López Kilton, de 58 años, madre de seis hijos y abuela de 18 nietos.

Entre sonrisas que muestran su blanca dentadura, relató que “nunca creímos ser útiles para la comunidad y el país. La cultura misquita es muy difícil, nuestros varones creen que la mujer es para estar en la casa y tener hijos. Los maridos me reclaman por la revolución que estamos haciendo, ya que la mujer misquita ahora no se deja. A los hermanos misquitos siempre les gusta pegar a las mujeres, pero ellas hoy se defienden, los denuncian en la fiscalía y a ellos no les parece (bien)”, comenta antes de soltar una carcajada.

Con el apoyo del Programa de Pequeñas Donaciones (PPD) del Fondo para el Medio Ambiente del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Mimat surgió en 2003. Pero fue tres años después cuando arrancó el proyecto de recolección y reciclaje de basura, que les ha hecho ganar reconocimientos locales e internacionales. Además de las barreras culturales, tuvieron que vencer el recelo de las autoridades que se sintieron desplazadas de una de sus funciones. Actualmente, Mimat lo integran 1.200 mujeres, distribuidas en los seis municipios y con su sede central en Puerto Lempira, población cabecera de la Mosquitia.

Desde 2006, el proyecto de Mimat, en el que ahora participan también algunos hombres, recolecta un promedio de 70 metros cúbicos mensuales de basura. López se siente orgullosa del resultado del esfuerzo colectivo cuando cuenta como mantienen limpia la laguna de Caratasca, ubicada en el centro del complejo lacustre que rodea la región. La laguna mide 60 kilómetros de largo por 12 de ancho y es parte de los humedales costeros, los más grandes de la Reserva de la Biosfera de Río Plátano, patrimonio de la humanidad.

“Antes, la gente botaba la basura a la laguna y Puerto Lempira se veía todo feo, lleno de basura y la contaminación nos afectaba; de ahí sacamos nuestro principal alimento que es el pescado”, explicó López en una visita a Tegucigalpa, en la sede local del PNUD. “Con la contaminación, nos atacaban enfermedades como la malaria y la diarrea, ahora eso ha disminuido”, dice.

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