Miguel Hernández.

Miguel Hernández.

Miguel Hernández, conocido como el poeta del pueblo, es el gran olvidado de la guerra civil española de 1936-1939. Nació en Orihuela (Alicante) el 30 de octubre de 1910. En 1940 fue condenado a muerte por un tribunal militar. La pena le fue conmutada por una condena a 30 años de cárcel. Murió en 1942 en una miserable prisión de Alicante. En la lápida mortuoria una sencilla inscripción: “Miguel Hernández, poeta”.

Nació en una familia pobre. De niño fue cabrero, como su hermano. Pero un día empezó a escribir poemas.

En 1937, en plena guerra, se casa con Josefina Manresa. Nace su primer hijo. Ya en 1938 el luto se adelanta a su pluma: muere su hijo. Poco tiempo después se produce el nacimiento de su segundo hijo, también varón.

EL NIÑO YUNTERO

Carne de yugo ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido
por el yugo para el cuello.

Nace, como la herramienta,
a los golpes destinado,
de una tierra descontenta
y un insatisfecho arado.

Entre estiércol puro y vivo
de vacas, trae a la vida
un alma color de olivo
vieja ya y encallecida.

Empieza a sentir, y siente
la vida como una guerra,
y a dar fatigosamente
en los huesos de la tierra.

Contar sus años no sabe,
y ya sabe que el sudor
es una corona grave
de sal para el labrador.

Trabaja, y mientras trabaja
masculinamente serio
se unge de lluvia y se alhaja
de carne de cementerio.

A fuerza de golpes, fuerte,
y a fuerza de sol, bruñido,
con una ambición de muerte
despedaza un pan reñido.

Cada nuevo día es
más raíz, menos criatura,
que escucha bajo sus pies
la voz de la sepultura.

Y como raíz se hunde
en la tierra lentamente,
para que la tierra inunde
de paz y panes su frente.

Me duele este niño hambriento
como una grandiosa espina,
y su vivir ceniciento
revuelve mi alma de encina.

Le veo arar los rastrojos,
y devorar un mendrugo,
y declarar con sus ojos
que por qué es carne de yugo.

Me da su arado en el pecho,
y su vida en la garganta,
y sufro viendo el barbecho
tan grande bajo su planta.

¿Quién salvará a este chiquillo
menor que un grano de avena?
¿De dónde saldrá el martillo
verdugo de esta cadena?

Que salga del corazón
de los hombres jornaleros,
que antes de ser hombres son
y han sido niños yunteros.

(Viento del pueblo)