El psicólogo David Solá, autor del libro Este adolescente necesita otros padres, nos orienta sobre los cambios que se producen en nuestros hijos en la adolescencia. Los hijos que las madres solteras y solas intentamos comprender, adaptándonos a las nuevas circunstancias.
Ser adolescente implica dedicar más tiempo a los amigos.

Ser adolescente implica dedicar más tiempo a los amigos.

Los hijos cambian más de lo que era de suponer

“Los hijos cambian en más aspectos de lo que la mayoría de padres tenía previsto. Todos los padres saben que habrá cambios y algunos se preparan para esperarlos, pero siempre dentro de unas previsiones. Viene un día que a muchos de ellos se les escuchan exclamaciones como ésta: ‘Nunca me hubiera imaginado que mi hijo me hablara de esta forma’. Por supuesto, estas cosas sólo les ocurren a otros padres, pero no a nosotros.

Cuando las previsiones son superadas, viene el desconcierto: ‘Nadie nos ha preparado para afrontar estas situaciones’. Entonces hay que abrir el cajón de los recursos y ver si hay alguno que pueda poner bajo control al adolescente antes de que las cosas se deterioren más.

Los hijos cambian porque tienen que cambiar, esto es lo natural, y si dejaran de crecer en el punto que los padres escogieran, dentro de poco tiempo se sentirían mal por ello al ver que sus compañeros siguen creciendo y su hijo se queda atrás.

El hecho de crecer y mantenerse en cambio constante es positivo siempre que su entorno más íntimo sepa asumir estos cambios. En el caso de no ser así es cuando hay heridos. De hecho, todas las cosas que interactúan con un niño o una niña van ajustándose a sus cambios: la medida del calzado que usaba cuando tenía 6 años no es la misma que usa al tener 12, así mismo podríamos de decir de todo lo demás.

Lo que parece tan evidente en lo físico no lo es tanto en otros niveles de su personalidad, donde los padres quieren seguir manteniendo el control dentro de los límites que hasta entonces les había dado seguridad. Viene un momento en que los límites se han quedado pequeños, el niño ya no es un niño, sino un adulto joven, el tipo de relación asimétrica y vertical que hasta ahora funcionaba sólo creará problemas y complicará las cosas. Se requieren nuevos ajustes, adecuados al momento y en el punto de evolución en el que se encuentra el hijo.

Un adolescente tenía un conflicto con su madre porque no entendía que él deseaba ser uno más entre sus amigos; esto requería dedicar un tiempo que antes pasaba en casa, modificar un poco su forma de vestir y, a ser posible, disponer de un teléfono móvil. La madre se resistía porque presentía que no acabarían aquí las peticiones.

A muchos padres que ya tenían asumido que sus hijos cambiarían, les viene de nuevo que, según ellos, los cambios han llegado demasiado pronto.

Espérate un par de años –le decía un padre a su hija de 15 años–, eres aún una niña para empezar a salir con chicos.

En realidad los cambios llegan cuando llegan. Todos somos producto no sólo de una genética, sino también de un ambiente social y un momento histórico. Posiblemente, los puntos de referencia de muchos padres no están adecuados a las circunstancias presentes, por lo que les resulta más difícil encajar y responder adecuadamente a las nuevas situaciones.

Fuente de información:
David Solá
Este adolescente necesita otros padres
Ediciones Noufront, 2008

Calendula
calendula@yosoymadresoltera.org