México necesita grandes reformas: la reforma fiscal, la reforma política, la gran reforma educativa, una reforma al sistema de salud, la reforma laboral o la gran reforma de competencia económica.

Profesor de Educación Primaria Indigena, del Estado de Chiapas, México.

Profesor de Educación Primaria Indigena, del Estado de Chiapas, México.

Las madres solteras queremos conocer la opinión de los especialistas en relación al futuro de México.

Sabino Bastidas Colinas, analista político, escribe lo siguiente en el digital El País (13/04/2010):

México: el sentido de urgencia

México es un país que necesita reformas muy profundas. De gran calado. Es un país que se ha atrasado y se atrasa todos los días en casi todo. Un país sin duda con gran potencial económico y de desarrollo, muy mal administrado, mal gestionado, que no hace lo que tiene que hacer, que no decide, que por distintas razones, posterga todos los días una agenda de grandes reformas necesarias, que lo mantienen atorado, anclado en el pasado y que impiden su despegue.

México lleva tres lustros postergando reformas urgentes y necesarias. No pudo el PRI en el último tramo del gobierno y no ha podido el PAN en los 10 años que lleva la alternancia. Y la agenda crece y crece. No solo eso, se complica todos los días.

Siempre hay algo que ha salvado a México de las crisis. Pero parece que se acaba la buena suerte. Se van acabando los paliativos, las redes de protección, las fugas que siempre rescataron a México en los momentos más difíciles. Hoy es inevitable. Urgen reformas estructurales que le den la vuelta a la forma en que se hacen muchas cosas en México.

El Presidente Felipe Calderón y la clase política en su conjunto, no han tenido el liderazgo, el talento y la capacidad para construir el sentido de urgencia necesario para impulsar reformas. La necesidad de reformar hoy para una crisis que está cantada, en muchos temas, a la vuelta de una década.

La diferencia entre reformas mediocres, moderadas, en el margen y las reformas de fondo, importantes y estructurales que el país necesita es un asunto de vida o muerte, es la diferencia que habrá entre la viabilidad o la inviabilidad de México.

El Presidente Calderón, después de su derrota electoral de 2009, que muchos consideramos como una forma de rechazo o castigo a su gestión, entendió que no perdía nada si relanzaba su gobierno, con una agenda de reformas impopulares, difíciles, pero necesarias, y las presentó como un gran decálogo.

Desafortunadamente ante la ligereza del discurso y la necesidad de presentar resultados, Calderón ha tratado de satisfacer esa agenda simplemente lanzando iniciativas al Congreso, en todos los temas pendientes, sin consenso, sin agenda, sin acuerdos y sin operación.

Pareciera que solo pretende dejar testimonio de su visión de país. Ese es el México que le hubiera gustado si hubiera podido impulsar un verdadero proyecto de país. Pero en mi opinión esa no es la forma de hacer las cosas.

Necesitamos en la Presidencia a un líder, a un realizador. A un hacedor. Las iniciativas testimoniales son altamente contraproducentes, perjudiciales, dañinas y hasta cierto punto irresponsables. De manera clara, porque lastiman sobre todo el sentido de urgencia de cada una de las reformas que de verdad necesita el país.

La facultad constitucional de iniciar leyes por parte del Ejecutivo Federal tiene un sentido político. Es donde el Presidente arriesga su capital político. Es el tema en el que el Presidente da la batalla hasta el final. Es una facultad que busca darle la mayor relevancia a un tema y pretende crear las condiciones, el momentum, para dar una dura batalla política. Operar y convencer. Busca usar el liderazgo del Jefe de Estado, cuando se tiene, frente al Congreso, y atraer el interés y la fuerza de la ciudadanía y de la opinión pública.

Calderón hoy no la tiene más difícil con el Congreso, que en su momento, presidentes como Johnson, Clinton u Obama en Estados Unidos, o como el propio Zedillo en México. Calderón tiene en el Senado una mayoría que no ha sabido usar. Hay que cabildear y trabajar con el Congreso. Pagar todos los costos. Asumir las consecuencias. Dar una a una las batallas. Sí es posible convencer y construir acuerdos, eso es precisamente la política.

La solución al final no está como algunos la buscan en construir mayorías artificiales en el Congreso, para suplir la falta de trabajo u oficio político. Esa no es la ruta. No debemos extrañar el autoritarismo del pasado para gobernar al México democrático del presente.

La estrategia de iniciativas testimoniales terminará por construir una Presidencia testimonial. Es muy mala idea. México necesita reformas urgentes y profundas que son impopulares. Es necesario, como decía el Presidente europeo Herman Van Rompuy, tener líderes políticos que sean valientes. Se requiere liderazgo para convencer y construir el sentido de urgencia de las reformas. Si no se logra hoy por la buena, tarde o temprano, el sentido de urgencia lo construirá la realidad, desgraciadamente…por la mala.

Calendula
calendula@yosoymadresoltera.org