Todos los fines de semana yo me pasaba 8 horas limpiando y ordenando el hogar, para que todo quedara perfecto, “por si acaso venía alguien”. Al final comprendí que no “venía nadie” porque todo el mundo estaba viviendo la vida y pasándolo bien.

Limpiar y vivir.

Limpiar y vivir.

Ahora, cuando viene alguien, no tengo que disculparme sobre cómo tengo mi casa: están más interesados en escuchar lo que he hecho mientras vivo la vida y me divierto.

Limpiar sí, cuando es necesario, pero sería más satisfactorio pintar un cuadro o escribir una carta, preparar un pastel, lamer una cuchara o plantar una semilla, o establecer la diferencia entre “desear” y “necesitar”.

Limpiar sí, pero sin dedicarle demasiado tiempo. Hay muchas playas para nadar, y montañas para escalar, y ríos para navegar, y cervezas que tomar, música para escuchar, libros para leer, amigos para querer y vida para vivir.

El mundo está allá fuera: el sol en la cara, los cabellos al aire, la nieve que cae, un chaparrón… Ese día no volverá…

Comparte ese mensaje con todas las mujeres maravillosas de tu vida…
¡Yo lo acabo de hacer!