La ‘mala influencia’ de la madre sobre los hijos es otro mito de la cultura machista.

La madre soltera se siente con frecuencia mala madre por partida doble: porque no ha podido dar un padre a sus hijos (hace recaer en sí misma toda la responsabilidad); porque ella sola no tiene tiempo ni medios suficientes para atenderlos debidamente. La supermujer no existe. Luego se destroza pensando que no es una buena madre, cayendo en estados depresivos y torturándose a sí misma, cuando en realidad acostumbra a ser una buena madre, una excelente madre.

Sirva este artículo para devolverle la seguridad que empezó a perder cuando quedó embarazada y el padre de la criatura se lavó las manos al momento o pasados unos meses.

En nombre de las madres solteras damos las gracias a los autores de ese magnífico trabajo reivindicativo del papel materno. Y de denuncia, claro está.

“La mala influencia de la madre sobre los hijos y las hijas es uno de los elementos que la cultura ha destacado como parte del mito de la maldad de las mujeres. Una pieza clave que ha sido situada en los contextos más diversos, desde la literatura en forma de madrastras y personajes perversos, hasta en la ciencia a través de trastornos producidos por las relaciones traumáticas entre madres e hijos.”

Fotograma del filme Celda 211.

Fotograma del filme Celda 211.

Así lo escriben para El País Miguel Lorente, delegado del Gobierno para la Violencia de Género, y Luis Tosar, actor, protagonista del filme Celda 211, en el papel de Malamadre.

Antes de iniciar el motín sólo era un preso por homicidio.
Antes de entrar en prisión, era un hombre violento, de los llamados “difíciles”.
Antes de ser un hombre difícil, probablemente fue un joven problemático, pero desde el inicio fue el hijo de una mala mujer, de una mala madre.
Y este comienzo lo marcó porque su madre ya estaba marcada. “Le dio la herencia del rechazo y la culpa con un nombre tatuado por los demás, Malamadre.”

“Nadie se ha preguntado por qué los padres han estado ausentes en las relaciones afectivas íntimas con los hijos, ni tampoco se cuestiona si tienen algo que ver con que la mujer sea una mala madre. Ellos son el ‘buen padre de familia’ que el Derecho establece como referencia, de ahí que sus obligaciones sean otras y giren sobre cuestiones materiales.”

El machismo que perdura actualmente, aunque otros lo llaman posmachismo, intenta recuperar el poder perdido ante el avance de la igualdad.

“Hace unos meses, un juzgado retiró la custodia de una hija a la madre por ‘desobediencia’ y se la entregó al padre condenado por malos tratos. Según este razonamiento, el que una madre reivindique en vía judicial una serie de medidas y exponga los problemas que surgen en las nuevas circunstancias, entre ellos los conflictos en las visitas con el padre maltratador, afecta más al normal desarrollo de los menores que el hecho de convivir con un padre condenado por violencia de género, que nunca se ve impregnada de maldad”, señala el mismo artículo.

“Un maltratador no es un mal padre, pero plantear ante un juzgado que un hijo no quiere acudir a encontrarse con él es motivo de todo tipo de críticas contra la mujer, que es presentada como una manipuladora alienante y, por supuesto, como una mala madre que causará importantes secuelas en sus hijos, alguno de los cuales terminará en una prisión y originará un motín alentado por el resto de presos al grito de ‘¡Ánimo Malamadre!’.”

Responsabilizar de todo a la madre

En el siguiente párrafo se percibe el peso de la pluma del delegado del gobierno para la violencia de género:

“Nosotros somos hombres que hemos conocido de cerca la violencia de género como consecuencia de nuestro trabajo, y por más que impacta el resultado de las agresiones, aún duele más penetrar por el entramado que hace posible esta violencia, que la rodea para ocultarla, para silenciar el eco sordo de los golpes y el lamento del dolor que genera. Que aísla a quienes la sufren, que las responsabiliza por ser malas madres y malas mujeres, y que las separa de la realidad que habitamos para hacer de la ocultación invisibilidad, y de ésta, inexistencia.”

El verdadero motín no está en la cárcel

“El verdadero motín hay que hacerlo extramuros, debe ser esa transformación social la que haga incompatible la libertad y la igualdad que reconocemos como valores superiores, con la existencia de celdas en las que son atrapadas muchas mujeres, ya en 2010 y, de no actuar frente al posmachismo, aún más en 2011. Una reacción que deberá ser protagonizada por quienes ahora también son llamadas por razones diferentes ‘malas madres’ y ‘malos padres’, mujeres y hombres que han roto con los barrotes de los roles tradicionales para vivir y crecer sobre la igualdad y la libertad.”

Crítica cinematográfica: La Butaca.net

Malamadre es terroríficamente carismático, bestia hipnótica y fascinante en la que la brutalidad y un personalísimo código de valores se dan la mano. La habitual inmensidad del actor alcanza, aquí, una alianza soberbia con la inmensidad del personaje, diluyendo límites entre el antihéroe desesperado y el asesino instintivo, imprevisible, capaz además de ganarse una empatía imposible del espectador.”

Calendula
calendula@yosoymadresoltera.org