“Él, por ejemplo, extraña a su mamá. No hay día que no la recuerde. Ella es madre soltera, lo dejó al cuido de nosotros (de su mamá y abuela) desde los seis años, y él ya tiene once años, pero mire, no hay día que no diga que le hace falta”, subraya la señora.

Transcripción de la noticia publicada por el digital El Nuevo Diario con fecha 27 de julio de 2010.

Rebeldía de hijos por años de no ver a la mamá migrante

Amparo Aguilera

Las mujeres del Norte del país, que están migrando a España, no sólo son honradas, también son madres solteras en su mayoría: tienen entre uno y cuatro hijos; conforman una población económicamente activa y su profesión, en su mayoría, está ligada al magisterio, abogacía, enfermería y administración de empresas.

Las casas que hoy se construyen en Totogalpa, en Madriz, muestran, mal que bien, la mejoría salarial que tienen varias mujeres que laboran en España.

Las casas que hoy se construyen en Totogalpa, en Madriz, muestran, mal que bien, la mejoría salarial que tienen varias mujeres que laboran en España.

De allí que para funcionarios y expertos en el tema, los efectos en términos sociales y económicos son diversos.

El delegado departamental del Ministerio de Educación en Nueva Segovia, profesor Rolando Olivas, destaca que los hijos de ese segmento pasan hasta tres meses sin poder asimilar la partida de sus progenitoras.

Ese es, de hecho, el primer efecto “evidente” a nivel familiar. “Los niños o niñas no hacen las tareas, no quieren participar en las actividades del colegio, prácticamente no le hacen caso a sus maestros, son malcriados, y algunas veces con rasgos violentos”, especifica.

El profesor Olivas, quien ha tenido familiares como migrantes en la nación española, explica que por esa problemática que ya es recurrente en varias escuelas públicas del departamento, mantienen activa la red de consejería escolar en el tema.

“Contamos con tres sicólogas en Ocotal (cabecera departamental de Nueva Segovia), y en cada escuela los maestros ya tienen instrucciones de cómo tratar a los niños y niñas, cuyas madres están ganándose la vida en España”, comenta.

¿Cuál es la orientación? “Bueno, se les pide que al niño o niña se le trate con comprensión. Es decir, si no quiere hacer la tarea, no se va a regañar. Más bien se tiene que hablar con él y darle una atención personalizada, y esto es algo permanente”, explica.

El delegado, incluso, comenta que hay casos de jóvenes que han incurrido en la delincuencia tras que sus padres emigraron a Estados Unidos, y esto es algo que, precisamente, quieren evitar con la población infantil afectada por la migración a España.

“Estamos pensando de cara al futuro, ya tenemos la experiencia con algunos de los hijos de padres que están en Estados Unidos o en Costa Rica, y cuesta enderezarlos por el buen camino, así que no se puede correr el riesgo de que se nos vayan de las manos los niños (de las nuevas oleadas de la migración)”, añade.

Los niños “nunca” se acostumbran

Doña Lidia Gómez, originaria de Ocotal, Nueva Segovia, lo entiende. Ella señala que los hijos de estas madres nunca se acostumbran a la nueva realidad, y ése es el caso de su bisnieto.

“Él, por ejemplo, extraña a su mamá. No hay día que no la recuerde. Ella es madre soltera, lo dejó al cuido de nosotros (de su mamá y abuela) desde los seis años, y él ya tiene once años, pero mire, no hay día que no diga que le hace falta”, subraya la señora.

“A mí me cuesta mucho lidiar con él, mi edad no me ayuda y él es bien inquieto, siempre hay que insistirle con las tareas de la escuela, en general me hace caso, pero yo le digo a la mamá del niño que tiene que buscar cómo estar con él, por su bien y el de ella”.

El niño, cuyo nombre omitimos por disposiciones del Código de la Niñez y Adolescencia, argumenta que “sueña” con vivir con su madre.

“Ella me habla por teléfono y dice que va a regresar pronto, siempre me lo dice, pero me hace falta”, insiste, tras referir que su mamá le manda “muchos” juguetes y camisetas del Real Madrid, su equipo de fútbol preferido. Pero eso no compensa la falta que le hace.

Karlita Cruz Calderón también sufre. Ella ya es una mujer que supera los 30 años, pero recalca que no se resigna a estar lejos de su mamá.

“Mi mamá se fue hace unos años porque quería una mejor vida para nosotras (ella y sus dos hermanas), su ilusión era agrandar la casa, así que un día nos dijo que había decidido irse a España y tuvimos que entenderlo”, refiere.

Desde entonces ha habido cambios en el hogar. Cruz ya se casó y tiene una hija de meses de nacida, que su madre aún no conoce. “Mis otras hermanas también tienen su vida… lo que sí hacemos es llamarla todos los días, así sentimos que estamos un poco más cerca”, detalla.

Ariel Palacios Peralta sabe lo que es eso: la añoranza. Su esposa emigró meses atrás a España y dejó a su niña al cuido de él y de las abuelas.

“Yo me he tenido que reorganizar. Mi hija va a la escuela y pasa el día con mi mamá. A veces duerme en la casa de ella y otras veces se va conmigo a la casa nuestra. Le tengo que cocinar y me toca hacer las tareas domésticas. Claro, yo siempre le ayudaba a mi esposa con la casa, pero solo se siente más el peso”, enfatiza.

Palacios, que trabaja en una tienda que ofrece productos al crédito, expone que lo que ha ayudado es que su esposa se comunica con la niña semanalmente.

“Le habla siempre por teléfono, por eso no ha sido tan traumático su viaje. Además, a la niña la ha cuidado mi mamá desde que era pequeña, así que el no estar sin su mamá no ha sido tan doloroso como imaginaba. La niña ha respondido bien: va a clases, hace las tareas, se divierte”, sostiene.

No obstante, el muchacho destaca que para él ha sido “difícil” no estar con su esposa.

“Pero a ella se le metió en la cabeza irse para salir de las deudas que adquirimos para mejorar la casa, y bueno, como la quiero no puedo truncarle sus sueños, tenía que respetarle la decisión, así que no le puse obstáculos. Sé que ella es una buena mujer, y me siento orgulloso de ella, yo por mi parte la esperaré, le soy fiel, claro, la esperaré”, reitera.

Desintegración y cambios en la familia

El sociólogo Cirilo Otero indica que la migración trae consigo la desintegración familiar, y con ello cambios en la familia.

“Con la migración se termina la unidad familiar y nace un nuevo modelo de relaciones sociofamiliares, la influencia familiar es menor, y, a distancia, ya el interés principal no es la persona, sino lo que aporta, lo que trae, lo que manda, todo esto se convierte en una relación meramente material y de intereses”, advierte.

Aparte de eso, “nacen nuevas formas de relaciones sociales, de pareja, de manera sentimental. Nuevas unidades familiares. Hay cambios profundos en las relaciones entre las personas que se encuentran como migrantes y sus familiares, así como nuevas relaciones y amistades en el país de destino en relación al migrante”, asegura.

Por otro lado, la migración trae cambios culturales. “Los y las migrantes nunca regresan de la misma forma, culturalmente hablando. Por lo general, son personas que cambian su visión del mundo y de la realidad. Adquieren nuevas costumbres, nuevos hábitos y formas de comportarse ante la vida y ante las demás personas de la comunidad”, plantea.

Haydée Castillo, coordinadora del Comité Consultivo del Sistema de la Integración Centroamericana (CC-SICA), Capítulo Nicaragua, a eso añade la “feminización” de la pobreza.

“Cuando vamos a los municipios, vemos hogares donde la carga de los hijos o hijas, al emigrar la madre, recae de nuevo en otra mujer, pero en este caso agudiza el cuadro familiar, pues en general recae en la abuela, o en la tía u otra mujer en la familia”, expone.

Castillo, originaria de Nueva Segovia, refiere que al estar los hijos o hijas de las migrantes bajo la tutela de las abuelas, los valores y normas “son más conservadoras en relación con la educación que hubiesen recibido de su madre que es más joven. Creo que son esas dimensiones las que no se tiene en cuenta, y son vitales en el tejido social comunitario y en la dimensión más humana de lo humano”.

A eso agrega el hecho de que no deja de haber “incertidumbre económica”, pues “hay migrantes que han tenido que retornar a Nicaragua por falta de empleo, y a lo mejor han dejado grandes deudas para financiarse su boleto y dejar algo en la casa”.

A lo anterior suma la “fuga de cerebros”. Ya que “las mujeres que emigran, en la mayoría de los casos, tienen un nivel de calificación. Así que la región y el país se van quedando sin esa fuerza joven, económicamente activa, mujer y calificada, lo que hace cada vez más difícil romper el círculo de la pobreza y alcanzar el desarrollo que tanto deseamos”, reitera.

Hay ganancia económica

En términos económicos, el beneficio de las familias de mujeres migrantes se nota. Los núcleos familiares no sólo tienen la comida asegurada, sino que cuentan también con mejores viviendas.

Una muestra de eso son las casas de Totogalpa, en Madriz, poblado que el año pasado fue famoso por la sequía que lo azotó y que llevó a más de 2 mil familias a la hambruna.

El en casco urbano de la zona se observan viviendas cuyas habilitaciones superan, en varios casos, los 20 mil dólares.

“No hay mujer que esté en España que no piense en mejorar su casita. Aquí (en Totogalpa) todas lo hacen. Ya sea por orgullo o porque simplemente quieren que su familia esté en mejores condiciones”, subraya Isabel Montoya, quien estuvo trabajando en España durante cinco años, inicialmente de forma ilegal.

En Totogalpa, las viviendas habilitadas en relación con las otras viviendas del pueblo, propiedad de lugareños que no migran, parecen mansiones.

En otros sitios del Norte ocurre lo mismo: se amplían o se retocan las fachadas de las casas.

Las mujeres, además, envían entre 300 y 500 dólares –equivalentes a un poco más de 6,400 y 10,700 córdobas– a sus familiares para gastos básicos.

Algunas, adicionalmente, remiten 100 dólares, más de 2,100 córdobas, para la empleada doméstica de la casa.

“Gracias a esas remesas, los familiares hasta pueden sacar fiado en las pulperías del barrio. Yo, por ejemplo, a varias familias les doy fiado hasta por un monto de 5 mil córdobas al mes, porque sé que el pago es seguro”, cuenta Montoya.

Hasta los mandaderos son beneficiados con las remesas de las mujeres. Luis Lira, habitante de Totogalpa, relata que al mes algunos familiares de migrantes le pagan entre 10 y 20 dólares, o sea entre 214 y 428 córdobas, por hacer mandados.

“Me pagan eso ya sea por llevarles la provisión o comprarles algo en la venta. Este trabajo es segurito, me sale bien porque yo no tengo nada fijo. En Totogalpa no hay mucho trabajo en la agricultura, así que con los mandados me gano mis bollitos”, asegura.

Jamileth Toledo, Presidenta de la Asociación Solidaria Linda Nicaragua, asegura que la mayoría de mujeres envían todo el dinero a sus familiares radicados en Nicaragua, “ya que muchas venimos con deudas, y lo mejor es sanearlas lo antes posible. Luego se ahorra y se destina dinero para la universidad de los hijos”, recalca.

El sociólogo Cirilo Otero valora que la “economía familiar, el bienestar de la familia y el ingreso nacional no dejan de mejorar con la migración. Hoy, las remesas para Nicaragua significan las 3/4 partes de lo que se exporta al año. Se considera que actualmente llegan a Nicaragua unos 800 millones de dólares anuales, y las exportaciones son de unos 1,500 millones de dólares anuales, así hay un peso importante allí”, expone.

“Nosotros consumimos más de lo que producimos, por eso digo, bienaventuradas las remesas”, agrega.

Sin embargo Haydée Castillo, del CC-SICA, reitera que aún se ve pobreza en el Norte.

“Se puede ir por el mercado, por familia campesina, por las tiendas, farmacias, pequeñitos negocios, personal de salud, magisterio, y toda la gente comenta las grandes dificultades que está pasando”, relata.

Lea mañana la cuarta y última entrega referida a las alternativas que se vislumbran para las migrantes del Norte del país.

Una bondad: pago de deudas

* Ingreso antes de migrar: 1,000 a 4,500 córdobas
* Ingreso como migrante: 15,000 a más de 20,000 córdobas
* Total para pagar deudas: 10,000 a 15,000 córdobas
* Total para el hogar: 5,000 córdobas en promedio en Nicaragua
* Horas de trabajo diario: De 12 a 15 horas o más, con tiempos de descanso para almorzar y dormir por la noche, aunque si es cuidando abuelos esto último resulta más complicado de materializar.

Fuente: Sondeo de El Nuevo Diario.

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