Situación de la población reclusa en general

La tasa de población reclusa (tanto hombres como mujeres) en Latinoamérica crece año tras año. La sobrepoblación de las cárceles contribuye al hacinamiento. El número de presos y presas excede la capacidad de los edificios. Los sistemas judiciales tienden a recurrir a la prisión preventiva, en parte por la presión social ante la percepción de inseguridad. En algunos países, el número de presos pendientes de juicio es alarmante. Al altísimo hacinamiento de presos hay que sumar unas malas condiciones sanitarias, deficientes sistemas de salud y alimentación inadecuada. La violación de los derechos humanos es flagrante.

Privación de libertad.

Privación de libertad.

El sistema carcelario no rehabilita al recluso para su reinserción en la sociedad, sino que se acaba convirtiendo en una escuela del delito.

Perfil de la mujer reclusa

Veamos cuál es, a grandes rasgos, el perfil de la mujer reclusa en Latinoamérica: más de la mitad son madres solteras, o separadas, pero en cualquier caso solas. Cabezas de familia (jefas de hogar), con hijos menores de edad a su cargo. No cuentan con apoyo para cuidarlos. La mayoría de mujeres pertenecen a la clase media baja, poseen estudios primarios y están desempleadas. Un elevado tanto por ciento reside en zonas urbanas. Abundan los delitos de tráfico y comercio de estupefacientes y pequeños hurtos.

La situación penitenciaria en Latinoamérica es muy grave, lo mismo para los reclusos que para las reclusas, pero la mujer, por su condición familiar y particulares características, se la insiere en un sistema pensado exclusivamente para los hombres. Sólo hay que leer algunos informes sobre las mujeres madres en América Central (Costa Rica, Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua), sobre la Cárcel de Mujeres de Canelones (Uruguay) y sobre las mujeres encarceladas en Colombia, publicados entre los años 2004 y 2007.

Mujeres privadas de libertad

Construiría una cárcel de mujeres con balcones...

Construiría una cárcel de mujeres con balcones...

La mujer reclusa sufre un daño moral diferente al hombre. Ella se siente parte de un núcleo familiar, alejada del cual sufre angustia. Debe abandonar el hogar y los hijos. Muchas veces los parientes se desentienden de ella. “El castigo a la madre es siempre un castigo a los hijos (…). Si el hijo permanece con la madre en la cárcel, se encuentra preso como ella, y si no, vive la pérdida de la madre en la vida diaria”, afirma la autora de uno de los informes citados. La discriminación femenina en la cárcel se traduce en la negación u obstaculización de derechos fundamentales, como las visitas íntimas (las mujeres lesbianas son las más discriminadas).

La distribución de espacios dentro de los centros penales no permite clasificar y separar a las mujeres. Los talleres para su rehabilitación son insuficientes y a menudo les asignan trabajos que no las ayudarán a reinsertarse en la sociedad, como la limpieza doméstica, bordar o coser. “La violencia carcelaria está institucionalizada”. La violencia también se da entre mujeres. Se odian a sí mismas y odian a las otras. Los hombres acostumbran a visitar a las presas en escasísimas ocasiones. Sucede lo contrario si el preso es el varón.

... y macetas repletas de flores.

... y macetas repletas de flores.

Legislaciones de diferentes países permiten a las madres tener a sus hijos en la cárcel, pero en numerosas ocasiones no les proporcionan los recursos para su desarrollo. En muchos centros no existen guarderías y escuelas con espacio y material adecuados, sino unas habitaciones habilitadas en las peores condiciones. Tampoco muchos centros poseen servicio de ginecología y pediatría. En algunas cárceles los niños son separados de sus madres una vez terminado el periodo de lactancia. En otras, les permiten tenerlos consigo hasta los 3 ó 4 años. Cuando la madre debe separarse de sus hijos y seguir en la cárcel, aparece el peor de los dramas: ¿quién va a atender a los pequeños?

Madre reclusa, si un día me puedes leer, sepas que, aunque hayas cometido un delito, mereces un trato humano. Y más aún tu hijo. Y más aún si eres pobre. La pobreza es uno de los peores destinos, cuando subes al tren de la vida.