Los artículos periodísticos sobre la situación de las madres solteras representan sólo la punta del iceberg de una realidad social de escándalo. Las madres solteras pertenecen al segmento más pobre del planeta. Ellas y sus hijos, claro está.

Servicio de guarderia en un centro marroquí de ayuda a madres solteras.

Servicio de guarderia en un centro marroquí de ayuda a madres solteras.

Sus experiencias y situación aparecen publicadas de vez en cuando para que despertemos del sueño imposible, irreal, fantasioso, de que todas son madres solteras por libre elección, tienen carrera universitaria, se inseminan artificialmente o con la ayuda de un conocido, y gozan de una situación económica excelente. Algunas mujeres políticas se ofrecen como ejemplo de liberación de la mujer, aún perteneciendo a ambientes tradicionales y conservadores. Vamos, de derechas y católicas. Pero eso sólo es obra del papel couché, que tiene la facultad de acallar las conciencias.

Aunque parezca que las madres solteras no existan, que eso es cosa de otros tiempos, el drama individual de muchas de ellas nos tiene que abrir los ojos. Ni el aborto es legal en todos los países, ni todas las jóvenes tienen medios para llevarlo a cabo, ni la cultura alcanza a todos los sectores de la sociedad. Existen áreas geográficas muy deprimidas, adónde no llega la sanidad pública o los servicios que presta son escasos, por ejemplo la planificación familiar y la educación sobre la salud reproductiva. En este portal de las madres solteras nos referimos muy a menudo a la situación de las madres solteras en Latinoamérica, una zona del planeta que requiere urgentes cambios.

Dos madres solteras marroquíes

Saida T. camina por el pasillo del piso que tiene alquilado.

Saida T. camina por el pasillo del piso que tiene alquilado.

En los últimos meses ha salido a la luz el caso de Saida T., una joven marroquí que en 1999 cruzó el estrecho de Gibraltar en patera, desde su África de nacimiento a la Europa de los sueños. Pagó 1500 euros para arriesgar su vida en una frágil embarcación. Buscaba una vida mejor. Después de nueve años trabajando sin descanso en una población próxima a Barcelona, con los papeles en regla, tiene que regresar a Marruecos porque su sueldo sólo da para el alquiler del piso. Para ella y su hija, que nació siete años atrás, les quedan poco más de 100 euros para pasar el mes (algo imposible). Los servicios sociales no le han prestado ni una sola ayuda, como pudiera ser una beca para el comedor escolar de la niña. Saida, trabajadora y madre soltera, no ha encontrado oídos para resolver su problema. Resultado: ha tenido que separarse de su hija. Meses atrás, la mandó a Tánger con los abuelos. Ni aún así, sola, ha podido aguantar la mordida de la falta de recursos.

Un educador social marroquí que ha tratado de ayudarla afirma: “La marcha de Saida es un fracaso para todos. Primero para ella misma. Y luego para una sociedad que no ha sabido amparar a una trabajadora madre soltera y a su hija de 7 años”.

Khadija.

Khadija.

Khadija es otra joven marroquí, madre soltera, que fue a dar a luz a Casablanca después de dar a conocer su embarazo y ser rechazada por el padre de su hija y por la familia. Allí conoció a una asociación de solidaridad femenina que le dio formación y cobijo. Marruecos no acepta a las mujeres que tienen hijos fuera del matrimonio. Es más, con esta actitud religiosa e intransigente, ellas se sienten culpables por ser la vergüenza de la familia y su entorno social. En otras palabras: deshonra.

Sin un marco legal que proteja a las madres solteras marroquíes, éstas se ven abocadas a la miseria o a dar a sus hijos en adopción. La adopción es la única vía de salida que les ofrece la conservadora sociedad marroquí, aunque ellas deseen tener al hijo consigo y criarlo.

El testimonio de las dos jóvenes marroquíes se halla en los dos enlaces de esta página.