Reciben el nombre de lenguajes sexistas aquellas expresiones del lenguaje que hacen invisibles a las mujeres, las humillan o las consideran inferiores.

Queremos que nuestras hijas se sientan nombradas.

Queremos que nuestras hijas se sientan nombradas.

“Cada persona habla y se expresa como piensa. Si se expresa de una manera machista y sexista es porque piensa así”, leemos en un estudio del gobierno de Canarias.

¿Y por qué se piensa de este modo?, nos preguntamos. Existen varias causas:
•    Porque existe la creencia de que el hombre (ser masculino) es el centro del universo.
•    Porque no se ha reflexionado sobre los cambios que sitúan a la mujer de igual a igual al hombre.

Los diccionarios también son sexistas.

Cómo reconocer el lenguaje sexista

Pongamos un ejemplo: se utiliza el genérico masculino para representar tanto a hombres como a mujeres. Decimos “los derechos del hombre”, cuando en realidad, para que la mujer no permanezca invisible, deberíamos decir “los derechos de las personas” o “los derechos del ser humano”.

Por qué debemos utilizar un lenguaje no sexista

“Debemos ser conscientes de que olvidar, ocultar o no nombrar a las mujeres tiene sus repercusiones, es decir, omitir su presencia facilita que lo que hagan y digan pase desapercibido, que no se valore las cosas que hacen, que no se aprecien los trabajos que muchas mujeres, a lo largo de la historia, han hecho para el mantenimiento de su casa y de sus criaturas, que no se tengan en cuenta todas las horas que muchas han pasado trabajando los campos, cuidando a los niños, estudiando, escribiendo, pintando…”, leemos en un estudio de la Confederación Española de Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos.

En el mismo también se dice: “Por eso, si queremos que nuestras hijas se sientan nombradas, que no se pregunten si se refieren a ellas o no, es preciso usar un lenguaje que contemple su existencia, su presencia. De modo que hablar en femenino y en masculino no es una duplicación ni una redundancia, es nombrar lo que hay, que hay hombres y que hay mujeres. No se está, por tanto, repitiendo ningún término, porque no son sinónimos.”

Diferencia entre sexo y género

Cuando decimos sexo

A veces nos confundimos. El sexo lo determina la naturaleza. Nacemos con sexo masculino o femenino. Con la palabra sexo también nos referimos al acto sexual, a las relaciones sexuales.

Si hablamos como se ha hecho hasta el presente, distinguiendo entre sexo masculino y sexo femenino, arrastramos los prejuicios sociales de tiempos pasados:
•    Hombres y mujeres son distintos y en consecuencia ciertos comportamientos son propios de mujeres y no de hombres, y a la inversa.
•    Algunos trabajos no los pueden ejercer las mujeres.
•    La crianza de los hijos es propio de mujeres.
•    Los hombres pueden ir de bares siempre que les apetezca.
•    La utilización de tacos está mal visto en boca de mujeres…

En fin, con estas creencias no logramos salir de esa espiral de discriminación que conlleva una estricta división entre seres superiores (acostumbran a ser los hombres) y seres inferiores o incapacitados (las mujeres).

Mujeres y hombres son distintos, pero no desiguales.

Cuando decimos género

Con la intención de dar un cambio al rol tradicional de hombres y mujeres, ahora hablamos de género, porque así los tratamos de igual a igual. Se trata de no educar a nuestros hijos e hijas de modo distinto a causa de la diferencia sexual, ya que esto no tiene nada que ver con las capacidades del individuo.

Llamamos género al conjunto de características sociales y culturales de las personas en función de su sexo. De este modo no tenemos un destino fijo antes de nacer.

“Por ejemplo, se promueve la destreza física, el liderazgo y la fuerza en los varones; mientras que en las niñas se fomenta la dulzura y la pasividad.”, escribe una periodista en Cimac Noticias.

Mujeres y hombres son distintos, pero no desiguales.

Mujeres y hombres son distintos, pero no desiguales.

Por qué hay que modificar el lenguaje

El lenguaje contribuye a cambiar el pensamiento y las actitudes.

En la expresión verbal y escrita, y sin que el empleo de determinadas palabras suene a artificioso o demasiado rígido, se tiende a:

•    Sustituir el genérico “niños” por “niños y niñas” o “infancia”, “criaturas”.
•    Evitar la reiterada utilización de formas masculinas para designar oficios, cargos, etc., que pueden ser ejercidos tanto por hombres como por mujeres: juez,  jueza; el director o directora; la persona que ejerce la dirección; la presidencia; inspector/ora.
•    Sustituir frases como “A la inauguración podrán acudir los concejales acompañados de sus mujeres”, por “A la inauguración podrán acudir los miembros de la Corporación Municipal acompañados de sus cónyuges.” (manual de la Universidad de Málaga sobre el lenguaje administrativo).
•    Usar genéricos y abstractos que designen a ambos sexos: alumnado, profesorado, dirección.
•    Sustituir “son muy listos” por “son muy inteligentes”.
•    En vez de “los enfermos”, decir “las personas enfermas”.

El hombre también está discriminado

Se discrimina al hombre en los casos siguientes:

•    “¿Puedo hablar con la secretaria del director?”. Suponemos que ha de ser mujer, cuando una voz masculina responde al teléfono.
•    Cuando la mujer no quiere ser atendida por un ginecólogo, como si éste ejerciera tal profesión por interés hacia el sexo de las mujeres.
•    O cuando el hombre prohíbe a su esposa que la atienda un médico, en cualquiera de las especialidades.
•    Cuando se siguen usando adjetivos ofensivos como: “lloras como una niña”, “calzonazos” (hombre débil que se deja manejar por su mujer), o “en casa es ella quien lleva los pantalones” (signo de debilidad frente a la mujer). Tales adjetivos también son ofensivos para ella.