La "verdad indiscutible" se sienta en esos bancos. Toma otro asiento.

La "verdad indiscutible" se sienta en esos bancos. Toma otro asiento.

Ante la certeza de que estás embarazada, puede que te hagas un par de preguntas:

1. “Siendo una mujer soltera, ¿mi religión me permite abortar?”. Por ejemplo, la religión católica.
2. “Para complacer a Dios, ¿es totalmente necesario que la gestación siga adelante?”.

Ante todo, tienes que tomar conciencia de que eres una persona, con los mismos derechos y obligaciones que otra persona cualquiera. Dentro de las personas, por tu sexo o género te sitúas entre las mujeres. Hasta aquí todo correcto, ¿no es así?

Pues bien, como mujer, tienes unos atributos o características distintas de los hombres. Por ejemplo, tu cerebro es más complejo. La intuición y las emociones se hallan más desarrolladas en las mujeres que en los hombres, los cuales tienen otras habilidades igualmente destacables. Seguramente el área del conocimiento no verbal está más evolucionada que el área del conocimiento técnico. Con una sola mirada, puedes comprender más aspectos de una situación familiar, amorosa o amistosa que una persona del otro género. De niña, a buen seguro que articulaste las primeras palabras antes que tu hermano. Eras mentalmente más rápida.

Ya ves que eres muy distinta.

No obstante, la maternidad es nuestro principal distintivo. Y, ya que la maternidad es específicamente una característica femenina, tenemos que ser nosotras las que decidamos sobre todo aquello que se relaciona con la reproducción y la sexualidad.

No podemos permitir que la religión y la tradición, pensadas y gestionadas por hombres durante centenares y miles de años, decidan también sobre un aspecto tan importante de nuestro ser: parir o no parir, hacer de madre o no hacer de madre. Esto es cosa nuestra.

¿Comprendes por qué la religión no tiene ninguna relación con tu condición de mujer y madre? Aprende a separar ambas cosas.

Las creencias, la fe en Dios, sus enseñanzas, todo aquello que contribuye a amar a las otras personas, a buscar la paz, a crear un mundo más justo, a escuchar la voz de la conciencia, no se llama religión. Se llama sentido trascendente de la vida.

Dejemos de lado las prácticas y rituales religiosos y las creencias negativas sobre las mujeres, y tengamos un sentimiento más próximo a Dios a través del amor. No existe mayor secreto.

No confíes en una religión que discrimine a la mujer, que la someta y la prive de su libertad. Por ejemplo, impidiéndole predicar la palabra de Dios. Es una discriminación. Si Dios es amor, no creas en las palabras de los hombres, aunque digan que hablan en Su Nombre.

Vamos a ilustrar esta noticia con un breve resumen sobre la posición de la Iglesia mexicana relativa al aborto y sobre la tendencia religiosa de las mujeres que abortaron en México distrito federal desde la despenalización del aborto en 2007.