Un instituto de infertilidad y reproducción de las islas Baleares comprobó que, durante el mes de junio de 2008, el 40% de los tratamientos de fertilidad fueron practicados a mujeres mayores de 40 años. El dato es sorprendente, pero está por ver cuál va a ser la tendencia en los próximos meses: si la edad reproductiva de la mujer sigue un curso ascendente o, por el contrario, retorna a los estándares.

Según un informe de la Asociación Española de Fertilidad, en 2005 casi el 50% de las mujeres tratadas superaba los 35 años.

El retraso de la maternidad viene fijado por tres factores: la incorporación masiva de la mujer al mercado laboral, las segundas uniones o parejas, y la decisión tardía de mujeres sin pareja de ser madres solteras.

Luces...

Luces...

En muchos países se acepta totalmente que una mujer sea madre aunque no comparta su vida con una pareja, sea hombre o mujer. Las técnicas de reproducción asistida constituyen un gran aliado de las mujeres que desean ser madres solteras. Éstas lo son por libre elección. Están preparadas económicamente y mentalmente para ejercer la crianza del hijo sin mayores problemas.

De este modo, la madre soltera, cuando tenga que dar explicaciones a su hijo sobre la identidad del padre, se verá libre de la imagen de un hombre que, tal vez aún ahora desconoce que es padre, o bien, si supo que intervenía en este cometido, siempre le quedó la desazón de si actuó bien o mal aceptando las condiciones de una mujer soltera ansiosa de ser madre.

Cuando mujeres solteras se acercan a una edad en que las posibilidades de quedar embarazadas o de llevar el embarazo a buen término cada vez son menores (el dictado del famoso reloj biológico), y no han formado una unión estable, recurren a la fecundación artificial. No quieren que la falta de pareja les impida gestar y ser madres, una función que, en el género humano, sólo poseen las mujeres. La maternidad se tiene que ejercer libremente, sin temor a opiniones ajenas, y sin el condicionamiento religioso y tradicional de que “la fecundación siempre se ha hecho por vía física, yaciendo hombre y mujer”.

La maternidad con reproducción asistida es otro de los avances que persiguen las mujeres para regresar a los orígenes de lo femenino y restablecer su dignidad, al amparo de la ciencia. Todo cuanto vaya en contra de este progreso, significa permanecer atadas al yugo machista. La revolución de la mujer sigue adelante.

Y sombras.

Y sombras.

La religión católica oficial, por citar un ejemplo, se opone a la fecundación artificial, ya que la mentalidad de los padres de la Iglesia aún se remueve en el morbo de las relaciones sexuales. A base de imponer celibato y controlar el sexo de los fieles, casi han conseguido sacralizar y apoderarse de una expresión tan humana como es el coito. Tanto el sexo placentero como la maternidad que, sea por el método que sea, deciden libremente las mujeres, es algo defendible. No lo es, en ningún caso, que Juan Pablo II encubriera durante decenios a los sacerdotes pederastas católicos de Estados Unidos. Aquello sí que fue algo reprobable.

En otros artículos he hablado y hablaré de religión, porque forma parte de las culturas y la sociedad. En ningún caso atacaré a Jesucristo ni al buen Dios que ama por igual a mujeres y hombres.