En la adolescencia termina el período de educación de nuestros hijos e hijas. A partir de los 18 años, cuando llegan a la mayoría de edad a todos los efectos (para casarse, para votar, para independizarse del hogar, en lo penal y en la autonomía personal), las madres pasamos a un segundo plano. Tenemos que prepararnos psíquicamente para cuando llegue este momento.

Necesidad de buscar una identidad propia.

Necesidad de buscar una identidad propia.

A partir de los 18 nuestros hijos deciden por sí mismos, aunque a menudo recurren a nosotras para que les demos nuestro apoyo. De la educación y el amor que hayamos dado a nuestros hijos de pequeños dependerá la relación que tengamos con ellos en el futuro, en su edad adulta. Los hijos tratan a los padres como los padres les han tratado a ellos en su infancia. Veamos, pues, cuán importante es nuestra actuación y sentimientos durante los años tiernos de nuestros niños y niñas.

Las madres solteras quizás hayamos estado más apegadas a nuestros hijos a causa de la situación familiar. Este hecho, en sí mismo, no es perjudicial. Sólo cuando la madre manipula y crea un hijo a su imagen y semejanza, para que éste le pertenezca casi en exclusiva, se daña la autonomía del hijo. Pero, vaya, esta actitud es propia de muchas mujeres dominantes, tengan o no pareja. ¡Que las madres solteras no tengan ningún complejo!

Necesidades de preadolescentes (10 a 13 años) y adolescentes (13 a 18 años)

Necesidades físicas:

  • “Higiene física adecuada a su maduración sexual.
  • Educación afectivo-sexual, informarles de cómo prevenir enfermedades de transmisión sexual y embarazo.
  • Vacunaciones correspondientes a su edad.
  • Educación alimentaria adecuada a su edad.
  • Pautas regulares de sueño.”

Necesidades afectivas:

  • “Necesidad de tener información adecuada y veraz sobre abuso de tabaco, drogas y alcohol.
  • Conversaciones abiertas con sus padres y figuras de referencia acerca de los temas que les causen curiosidad como sexo, drogas, viajes…
  • Replanteamiento de normas de la casa y sanciones según su edad tomando siempre en cuenta su opinión.
  • Educación escolar y extraescolar.”

Características en la Preadolescencia (10 – 13 años) y Adolescencia (13 – 18 años)

  • “En esta etapa se desarrolla la capacidad de pensar y de buscar alternativas para solucionar problemas. Tienden a fantasear sobre sí mismos y sus ideales.
  • Es una etapa de cambios provocados por una alta actividad hormonal que puede producir: hambre, sudoración, cambios de humor, nerviosismo.
  • Se desarrollan los órganos sexuales y cambia la talla, el peso, la voz, el vello, etc. Se da mucha importancia a la imagen del cuerpo porque se relaciona con la valoración de uno mismo.
  • Surge la necesidad de buscar una propia identidad. Conlleva cierta confusión que se refleja en el culto al héroe o ídolo (del deporte, del cine o la música…), impulsividad infantil e intolerancia hacia los demás. Se tienen sentimientos de no reconocerse a uno mismo, de inquietud y soledad y de inseguridad ante nuevas situaciones. Hay sentimientos de miedo que, a veces, se disimulan con comportamientos prepotentes.
  • Se oscila entre tener una confianza exagerada en uno mismo y sentimientos de inferioridad.
  • Hay afán en hacerse valer y necesidad de libertad. Tendencia a rebelarse cuando no están de acuerdo con las normas.
  • Sienten la necesidad de alejarse de la familia y de los padres y madres, con quienes suele haber relaciones tensas. Tienen preferencia por estar con los amigos, salir, escuchar música, ver TV, manejar videojuegos, hacer deporte, ir al cine, leer, etc.
  • Sienten la necesidad de ser aceptados y de pertenecer a un grupo de personas de la misma edad para recuperar la seguridad personal. Hay una tendencia a relacionarse en grupos amplios, donde todos no son necesariamente amigos, sino grupos para “salir juntos”.
  • Hay tendencia a mostrarse sumisos ante los líderes del grupo, a rivalizar, reñir y pelear para mostrarse superiores. Pero también a divertirse.
  • Suelen tener fantasías sobre las relaciones sexuales y con tener cosas.
  • Todo ello puede afectar al rendimiento en lo que se hace.
  • A partir de los 13 años puede haber dificultades de adaptación social. Hay tendencia a la introversión y a la solidaridad, a relacionarse en pequeños grupos de amigos. Hay una necesidad de amistad, de apoyo mutuo, de valoración personal, de complementarse con los amigos, de comunicarse y compartir información. Tiende a relacionarse con un amigo íntimo y a entablar los primeros coqueteos, citas.”

Juegos en la playa. Necesidad de pertenecer a un grupo.

Juegos en la playa. Necesidad de pertenecer a un grupo.

Aspectos críticos:

  • “Presentan actitudes críticas y confrontadoras ante figuras
  • Cambios repentinos de humor.
  • Preocupación excesiva por el aspecto físico.”

Recomendaciones:

  • “Mostrar actitud de escucha y reflexionar con nuestros hijos e hijas los distintos puntos de vista. Con esto estaremos demostrando respeto hacia ellos y enseñando con el ejemplo.

  • Tener en cuenta que los jóvenes en esta etapa necesitan diferenciarse de sus padres y madres. Sin embargo, aún dependen de ellos y necesitan su apoyo y cariño aunque no quieran que sus padres lo demuestren abiertamente, delante de amigos, compañeros de clase…
  • Conocer las características propias de este periodo de edad ayuda a quitarle importancia a ciertos comportamientos de nuestros hijos o hijas que no nos agradan y que cuando eran pequeños no hacían.”

Algunas ideas para recordar

Una vez revisados los contenidos de este tema es interesante recordar algunas ideas básicas, como las que aparecen a continuación.

  • “Los hijos e hijas van cambiando su comportamiento según su edad.
  • Nuestros hijos e hijas suelen tener comportamientos parecidos a los de otros niños y niñas de su misma edad, aunque cada uno tenga también sus propias características y ritmo de desarrollo.
  • Es importante conocer qué pueden hacer y qué no pueden hacer nuestros hijos e hijas según la edad que tengan para no exigirles ni por encima ni por debajo de sus posibilidades.
  • Cuando los padres y madres esperan de sus hijos e hijas los comportamientos propios de su edad les resulta más fácil entenderles y disponer de herramientas para solucionar circunstancias propias de la convivencia diaria. A través de esta actitud los padres y madres muestran a los niños y niñas desde pequeños respeto mutuo.”

Fuente de información: Creciendo como padres y madres, una guía práctica para ayudar a padres y madres en la educación de sus hijos. Editada por Save the Children.