Puede que un día tu niño o niña, ante el expositor de un centro comercial o unos grandes almacenes, te pregunte: “¿son los zapatos de papá?”. Te darás la vuelta. Tu niña del corazón tendrá entre sus manitas un zapato oscuro, el doble de grande que el tuyo y veinte veces más que los que lleva puestos.

Los zapatos de papá, tal como los describía mamá.

Los zapatos de papá, tal como los describía mamá.

Tienes que estar preparada. A su edad (unos cuatro años), su padre no es una obsesión, sino una pregunta que aflora de vez en cuando, cuando menos te lo esperas. La niña hace una asociación de ideas: “en casa, los zapatos son pequeños; si son mucho mayores, pertenecerán a un señor que se llama papá”. Bésala. No te hagas la sorda. Las preguntas y respuestas no necesitan de un marco concreto para formularlas o responderlas. Tú puedes decir: “sí, son muy parecidos a los de papá”.

Por lo que veo, a la niña ya le has hablado de su papá. Luego es natural que te pregunte. Posponer un asunto tan importante como éste no conduce a nada positivo. Si nunca le mencionas que existe un padre, ella tendrá que descubrirlo por sí sola, observar y hacer comparaciones. No es que no pueda hacerlo. Simplemente no tiene edad para plantearse problemas difíciles de resolver.

Cuando la niña de tus ojos te haga una pregunta de cierta relevancia, pero en aquel momento estás rodeada de otras personas y no te interesa que se mezclen en el tema, o no estás en el lugar adecuado, como por ejemplo ante la cajera del supermercado, dile que ahora mismo, cuando lleguemos a la calle, te lo explico. No olvides cumplir tu promesa. Aunque ella la olvide momentáneamente, recordará más tarde que la has apartado de tu mente. Puede que te la vuelva a hacer y puede que no. No desaproveches la ocasión de satisfacer su necesidad de conocer y descubrir el entorno. Su educación empieza por ahí: preparándola para comprender, satisfaciendo su deseo de aprender.

Los zapatos de mamá, increíbles.
Los zapatos de mamá, increíbles.

El padre es una persona importante en nuestra sociedad. Forma parte del modelo tradicional de la familia. Son mayoría los hogares que tienen un padre y una madre. Los modelos a copiar o imitar, o con los cuales compararnos, son relevantes hasta el momento que dejan de ser el patrón principal y otros patrones se abren paso, como los hogares que tienen dos mujeres, o dos hombres, o un hombre solo, o una mujer sola, o unos abuelos, o una tía, o un orfanato. Figúrate la cantidad de modelos, pero el que tiene mejor imagen es el formado por el padre y la madre conviviendo, aunque uno de los dos progenitores (acostumbra a ser el hombre) pase semanas o meses fuera de casa por motivos laborales.

El niño necesita tratar y conocer cómo se comportan y cuáles son las características principales de ambos sexos. Si un hombre solo cuida de su hijo, será conveniente que le ponga en contacto con mujeres (tía, abuela, profesora, etc.). Imagínate que no lo hiciera casi nunca. ¿Cómo se comportaría con ellas, ya adulto, en el trabajo, en los deportes, en el ocio, en la familia? Acerquémosle, pues, a hombres y mujeres, según de qué ausencia adolezca.

El niño acostumbra a ver normal lo que tú ves normal, a no ser que personas ajenas a la familia, con el deseo de hacerte daño a ti, le hagan comentarios que pongan en duda su normalidad. El niño necesita sentirse parte de su entorno social. Si tú no le preparas para defender su modelo de familia con mujer sola, si dejas que él intuya tu sentimiento de culpabilidad o inferioridad, el niño se sentirá rechazado. Cuanto más quieras a tu hijo y se lo demuestres, más seguro se sentirá de tenerte como madre y menos sufrirá con las comparaciones. En tu hogar, aparte de amor y comunicación, tiene que haber alegría.

La alegría es la base de una buena convivencia y de una sana relación, lo mismo en la pareja que en el resto de la familia. ¿Te has fijado, a veces, la satisfacción que te produce escuchar la voz de una persona que transmite optimismo y buen humor? La alegría se contagia. A más risas, más felicidad. Y más autoafirmación: “me gusta tanto, mi familia”, piensa el niño. “Hay momentos que me siento la persona más feliz del mundo”. No le prives de este sentimiento.

Mis preciosos zapatos rojos.
Mis preciosos zapatos rojos.

Habla al niño de la existencia de un padre, si éste desapareció durante el embarazo o cuando el bebé ya había nacido. Por el contrario, si le ve con una cierta regularidad, sólo tendrás que aclararle, al igual que su propio  padre, que por diversas circunstancias no puede vivir con vosotros.

En la parte que puedas, dile la verdad, pero con palabras que duelan lo menos posible. Los detalles no son necesarios. Dale confianza. Que sepa que tú estás a su lado y nada tiene que temer. El padre puede que vuelva algún día. Aunque no quieras, el niño tenderá a idealizarle. Ni lo fomentes ni lo impidas.

¿Hablar mal del padre? Eso nunca. Cuando entramos a juzgar a una persona de manera tajante, nos equivocamos. Dedícate a hacer bien tu papel de madre y cuida de tu hijo. Puede que el hombre con quien hiciste voluntariamente el amor tuviera miedo, o huyera de las ataduras, o… Ante la llegada de un hijo, considero una cobardía huir, pero esta es mi opinión. Quizás aquél hombre ha sido después un buen padre.

Por lo que más quieras, cuanta menos rabia transmitas al hijo, más probabilidades tiene de ser, el día de mañana, un buen padre.

Lo que acabo de escribir no excluye que decidas solicitar al padre biológico (si él no lo ha hecho voluntariamente), vía judicial, compartir la manutención de tu hijo. Es otro asunto sobre el cual hay mucho que hablar.