El estudio que presentamos a continuación, elaborado por una doctora en comunicación audiovisual de la Universidad Complutense de Madrid, concierne lo mismo a los jóvenes y adolescentes que a las propias madres solteras y madres solas.

Los guiones cinematográficos nos hacen soñar e incluso nos invitan a otros tipos de evasión. Pero, tras el ensoñamiento, hay otros aspectos que debemos conocer. Por ejemplo, pueden modificar nuestras creencias y escala de valores e incluso favorecer que quedemos atrapados en unos argumentos sobre los cuales nadie (guionista, productor, director) admite tener responsabilidad social alguna.

Adolescente con su supercarpeta.

Adolescente con su supercarpeta.

Todo depende del grado de identificación que experimentemos con los relatos de ficción.

Empezamos por cuestiones puramente anecdóticas (en los adolescentes, forrar la carpeta con recortes de revistas), pero después, de modo no siempre consciente, modificamos aspectos tan significativos como el vocabulario, las fantasías, el ideal de apariencia física o incluso discursos ideológicos y patrones de conducta.

Esta identificación con los argumentos cinematográficos no es  siempre inofensiva, porque afecta a parcelas esenciales de la identidad del individuo:

  • cómo se expresa
  • con qué sueña
  • a quién querría parecerse
  • qué situaciones y compañías identifica con el logro y la felicidad


“Aspectos demasiado importantes, sobre todo en la infancia y la juventud, como para dejar un margen tan amplio de influencia a ciertos guiones de cine, televisión o multimedia cuya principal tarea narrativa es, muchas veces, conseguir historias rápidas, que impacten, que den que hablar o que mantengan la atención capítulo tras capítulo.”

¿Por qué son tan poderosos estos relatos?

Desde las nuevas tecnologías, su alcance es mucho mayor que en los anteriores métodos y soportes de comunicación social (sentados en el patio de butacas, escuchando determinada canción, etc.). Pero también su capacidad de influencia hay que buscarla en la actitud que tomamos cuando nos sentamos ante el televisor o colocamos determinada película en el aparato de vídeo.

“Generalmente acudimos a los relatos y los programas de entretenimiento audiovisual con la guardia baja, buscando descanso y distracción antes que reflexión y crítica;  situación que, en el caso de los públicos más jóvenes, se agrava no sólo por el especial estadio cognitivo en el que se encuentran, sino también porque suele producirse durante largas sesiones diarias, a menudo sin compañía de adultos que puedan ayudar a interpretar los contenidos y restando tiempo y energía para otro tipo de actividades –jugar con amigos, leer, hacer ejercicio–, que sí servirían para generar destrezas personales y sociales de protección.”

Muchas veces, las personas que idean y realizan estos productos (series televisivas, videojuegos, películas, realitys) reivindican su trabajo al margen de toda responsabilidad social, más allá de la función de entretener o crear propuestas estéticas. No pueden negar, sin embargo, que están influyendo para que determinados patrones y actitudes recogidos en sus películas, series de televisión o videojuegos se establezcan como norma entre muchos de sus espectadores.

Esas peligrosas bonitas historias de amor

Determinados modelos de relación social y autopercepción son importados de los productos audiovisuales tales como las expectativas amorosas y de vida en pareja, la definición cultural de los roles de género, o las situaciones o compañía que conducen al bienestar emocional y a la sensación de logro.

No hay que suprimir o negar estas imágenes y narraciones. En todo caso, “resulta más eficaz trabajar para dotar a los distintos públicos de una toma de conciencia reflexiva y crítica con la que puedan detectar los componentes de tales relatos, analizarlos uno a uno y entonces decidir qué parte de cada narración resulta enriquecedora y cuál puede ser perjudicial.

En nuestros momentos de descanso, –tras las dificultades del día a día, en momentos de ocio o antes de dormir– no siempre queremos ni podemos atender a cuestiones graves y a grandes reflexiones. Buscamos distracción, sencillez, algo cómodo de atender que, a ser posible, no nos amargue la última parte del día. Y, por qué no, que nos deje soñar con que nos quieren, nos encuentran atractivos y atractivas, nos rescatan y nos dan besos de película.

Es sensato y necesario. De ahí que resulte tan eficaz promover una actitud de recepción crítica y protegida, con la que, desde muy jóvenes, ser conscientes de los contenidos y formas que nos llegan y disponer de la capacidad de tomar de cada relato lo que nos interese y descartar las partes que pudieran estorbarnos.”

Educación de la infancia y la juventud

“Del mismo modo que los y las profesionales de los medios de comunicación no pueden ya eludir la responsabilidad de reflexión y autorregulación de sus propias producciones, quienes se encargan de educar deben conocer tanto los relatos audiovisuales de más impacto como aquellas propuestas emergentes de vocación innovadora con las que ciertas realizaciones audiovisuales pretenden ayudar a resolver determinadas lacras sociales.

Cuando buscamos ejemplos con los que propiciar el análisis y una actitud madura de recepción en públicos jóvenes, debemos ayudarnos de aquellos relatos más innovadores con los que demostrar que nuevas fórmulas son posibles; pero también es necesario atender a los relatos más tradicionales y “comerciales” –los que ya están siendo consumidos por estos públicos y, por lo tanto, actúan como referencia activa–, y servirnos también de ellos para dotar a la infancia y la juventud de herramientas efectivas y hábitos eficaces de crítica y reflexión.”

Fuente de información:
Laia Falcón Díaz-Aguado.
Doctora en Comunicación Audiovisual.
Universidad Complutense de Madrid.
¿Cómo tengo que ser para que me quieras? La construcción del enamoramiento en los relatos cinematográficos: propuesta de un modelo de alfabetización audiovisual para la prevención de la violencia de género
Revista de Estudios de Juventud – septiembre 2009, nº 86

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