Por mucho que el sexo esté presente en todas las relaciones humanas, sigue siendo un tema tabú, un tema que incomoda, que se habla de vez en cuando con los hijos para acallar la conciencia. Claro, antes las mujeres se casaban sin que sus madres les aleccionaran acerca de su pérdida de virginidad, el placer sexual, el coito, el embarazo, etc. La mujer dependía totalmente de lo que el marido tuviera a bien hacerle, en el mejor de los casos. Muchas mujeres recuerdan su noche de bodas como un infierno, como un paso brusco de la adolescencia a la mujer adulta desinformada y humillada.

Viejos hábitos y costumbres.

Viejos hábitos y costumbres.

En aquellos tiempos, casi nadie sabía nada. Ni hombre ni mujer. Pero la mujer menos, porque su compleja sexualidad, sus órganos sexuales resguardados en el bajo vientre, el embarazo, el parto, la menstruación, amamantar, era un conjunto, un algo, del que sólo se conocía su función: complacer al hombre y parir. Y nada más. La mujer no contaba para nada.

Pasan los años y todo cambia. Ahora los profesores recomiendan a los padres que hablen de sexo con sus hijos (los educadores ya lo hacen, dentro de los planes de estudio). Las revistas, los periódicos, la televisión, todos se conjuran para que los padres dejen de considerar ese tema como algo vergonzoso y sucio.

Aunque el sexo haya dejado de ser pecado, ¿qué pasa realmente a día de hoy? Veamos qué opinan personas que trabajan en temas sociales.

La presidenta de una asociación de madres solteras y separadas de Valladolid da en el clavo cuando afirma: “Sigue sin haber comunicación entre padres e hijos, eso no ha cambiado con los años”. Y a la pregunta de por qué ha aumentado el número de madres solteras adolescentes, responde que los jóvenes “tienen mucha información pero poca formación. Están rodeados de datos pero no son conscientes de cómo utilizarlos ni de que las cosas les pueden pasar a ellos”. Concretamente en Valladolid, el número de chicas menores de 18 años que han quedado embarazadas se ha duplicado en pocos años. En 2000 fueron 32, mientras que en 2006 ascendieron a 66, cuatro de ellas menores de 15 años.

De sexo se tiene que hablar en familia

Pongamos un ejemplo tipo del mal hacer de los padres:

  • la madre, sin venir a cuento, un día aborda a su hija en el comedor o en la habitación de la adolescente y, en voz baja, con rapidez, como quien se da prisa por superar el examen, le dice: “Avísame si vas a tener relaciones sexuales. Tienes que usar un anticonceptivo. De lo contrario, puedes quedar embarazada”.

Y ya está. La madre ha cumplido con su obligación, pero hay que reconocer que ha actuado deprisa y mal. Le ha faltado tacto. La cara de perplejidad de la hija debe ser algo impresionante. No basta un consejo. No basta una advertencia. La educación requiere otra andadura.

Así, con advertencias, consejos y amenazas, no educamos. Estamos poniendo barreras a la comunicación. Probablemente la hija no va a avisar de su primera relación sexual o de las sucesivas. Hará el amor el día menos pensado, sin previsión de ningún tipo, apoyada por el grupo o con unas copas de más. Ante todo: ¿cómo va a avisar a la madre, si ni ella misma sabe cuando va a tener lugar el coito? Y segundo: si la madre siente vergüenza por hablar de sexo con su hija, ésta también tendrá reparos para establecer un diálogo con ella.

Si en casa no se habla de sexo, tampoco se hablará de otras cosas. Pongamos las cosas en su sitio. O existe comunicación o no existe. No vayamos a pensar que en unas cuestiones existe libertad total para expresarse y en otras se pone el pestillo para que no salga a la luz. Algo falla en una familia cuando no se habla de sexo con naturalidad.

Cuando el sexo no se puede mencionar.
Cuando el sexo no se puede mencionar.

El sexo tiene que abordarse en familia, en presencia del padre, la madre y los hermanos. Ante determinadas cuestiones, el chico puede encontrarse más cómodo tratándolas por separado con el padre o los hermanos varones, lo mismo que a la chica le será más fácil hacerlo con su madre o hermanas. No rechazamos esta intimidad. Está justificada. Cada persona es distinta y se tiene que respetar. Ahora bien, al sexo no se le tiene que otorgar más importancia, ni menos, que a cualquier otro tema. Los periódicos, la televisión, la vida del barrio o la ciudad, la escuela, el vecindario, los familiares… crean situaciones propicias para informar o intercambiar pareceres sobre la relación sexual, la ternura, el respeto, las demostraciones de afecto y cariño, etc. entre personas. En el entorno familiar, siempre habrá un momento propicio para hablar de sexo, amor, amistad y afectividad.

Si en una reunión familiar (almuerzo, cena, velada ante el televisor, excursión, etc.), estando presente un compañero o amigo de los hijos, se debate sobre un tema de sexo, puede que los padres de aquél se molesten en el caso de que tengan conocimiento de lo sucedido. Es un riesgo que hay que asumir. En otras ocasiones, puede que el chico desinformado busque en la familia que habla de sexo un apoyo para resolver sus dudas.

Todo lo que acabamos de exponer se puede trasladar a los hogares donde vive una madre soltera o sola con su hijo o hijos. La comunicación verbal y afectiva entre sus miembros siempre redunda en beneficio de su salud mental y emocional.

La presidenta de una sociedad científica española orientada a la salud sexual y reproductiva ha declarado recientemente:

  • “La mayoría de los jóvenes encuestados responden que quisieran ser informados de sexo en casa, aunque son una minoría los que lo consiguen”.

El tabú del sexo se perpetua de padres a hijos. Para una mayoría (personas jóvenes y de más edad), el sexo se identifica únicamente con genitales, y así no vamos bien. La relación genital es una más, importante, claro que sí, pero paralelamente a la penetración existen otras formas de expresión sexual que hay que descubrir: las caricias, la ternura, las cosquillas, las risas, los besos, el amor, la complicidad, la comprensión…

Si el sexo es una parte importante de nuestra vida, no podemos dejar a nuestros hijos en la estacada. Darles apoyo e información es nuestra responsabilidad. ¡No empecemos a tirar pelotas fuera!