La afirmación que la mujer ha empezado a trabajar hace escasamente unos años forma parte de una idea totalmente burguesa, alejada de la realidad de miles de mujeres que trabajan y sus madres, abuelas y bisabuelas también trabajaron en el campo, la industria, el comercio… con horarios no inferiores a 12 y 14 horas diarias. Y no existían guarderías para los hijos de la clase trabajadora. Sólo los pudientes contrataban por su cuenta institutrices que ejercían la labor de guarda y enseñanza de las primeras materias.

Madurez emocional como base del aprendizaje posterior.

Madurez emocional como base del aprendizaje posterior.

La diferencia está que, en aquella época, en una mayoría de hogares también convivían otras personas de la familia, como abuelos, tías, sobrinas, hombre o mujer con deficiencias físicas o mentales, etc., algo que no se da en la actualidad. Entre todas las mujeres se repartían los trabajos del hogar y el cuidado de los niños. Y cuando no había tales mujeres, los niños, si no estaban en la escuela, malvivían solos en la calle, encerrados en casa, supuestamente vigilados por una vecina, o se creaba una mínima organización: una mujer mayor tenía a su cuidado un grupo de niños con la única finalidad de “guardarlos”, no de educarlos.

La mujer se incorpora masivamente al trabajo

Cuando la mujer se incorpora a la vida laboral porque puede regular cuando será madre y el número de hijos que va a tener, tiene posibilidades de ejercer un trabajo fuera de casa acorde con su preparación, y comprueba que con su sueldo su familia tiene acceso a un mejor nivel de vida, se hace necesario disponer de centros donde los niños estén al cuidado de otras personas.

Es decir, parece que no es una necesidad pedagógica, sino de carácter laboral, que los niños asistan a las casas cuna o guarderías a los pocos meses de edad.

Ahí se produce un encontronazo entre los pedagogos que abogan porque los niños convivan con otros niños, en especial a partir del año de edad, con los que defienden la importancia que los hijos estén al cuidado de su madre u otra persona hasta los 2-3 años (por ej. Yolanda González, psicóloga clínica).

La madurez emocional de los pequeños, según estos últimos, sería más importante para un futuro aprendizaje que todo aquello que les enseñaron en las casas cuna.

El apego o necesidad de sentirse queridos

El concepto de apego tiene que ver con la necesidad de niños y niñas de sentirse muy próximos a su madre u otra persona específica. Dicha proximidad (abrazos, cariño, besos, mecer) aportará a los pequeños un importante nivel de seguridad en sí mismos. Si establecen vínculos fuertes y seguros en la infancia, se convertirán en adultos independientes, también amorosos, capaces de proporcionar seguridad a sus propios hijos cuando se conviertan en madres y padres.

Los niños y niñas, a la edad de 0 a 3 años, se sienten inseguros si se les cambia de casa o si intervienen distintas personas en su cuidado. A esa edad el niño necesita contacto afectivo, atención y tiempo para crecer y desarrollarse. Los dos primeros años parecen ser imprescindibles para que bebé y madre establezcan un vínculo sólido.

Los menores de 2 años no quieren compartir juguetes porque están en una etapa egocéntrica, en que la socialización o participación en un grupo no tiene ningún sentido para ellos. Juegan solos aunque estén acompañados de otros niños. Así se explica que numerosos psicólogos no vean utilidad en escolarizar a los hijos a tan temprana edad.

Las guarderías y casas cuna, en la mayoría de los casos, son una necesidad de los padres y madres que trabajan, no una necesidad infantil. Tiempo habrá, cuando estén maduros psíquicamente, de establecer relaciones con sus compañeros y otras personas de su entorno.

Asistencia a las casas cuna a causa del trabajo de los padres.

Asistencia a las casas cuna a causa del trabajo de los padres.

Guarderías y casas cuna: sí o no

En los años 1970 distintos estudios plantearon que “la asistencia de niños pequeños a centros de cuidado de alta calidad no tenía efectos negativos en su desarrollo intelectual, no interfería el vínculo emocional con su madre y aumentaba el grado en que los niños interactuaban positiva y negativamente con sus pares.”

“Estos resultados reforzaron la idea del valor de la asistencia a la sala cuna y al jardín infantil como espacios favorables para aprender cosas nuevas que el contexto de la casa no favorece y para contribuir al desarrollo de habilidades al compartir con pares.”

Posteriormente otros estudios comprobaron que la asistencia a estos centros antes del año de edad genera en el niño una vulnerabilidad emocional que pudiera desembocar en un apego inseguro con su madre. Y en este punto se encuentra el debate actual.

Esas citas proceden de un estudio realizado por la Universidad Católica de Chile [Asistencia temprana a Salas Cuna y patrones de apego infantil: una revisión]

Según el mencionado estudio, en Chile la asistencia de niños menores de 3 años a centros de cuidado como casas cuna y guarderías permite igualar las oportunidades de desarrollo integral para los niños pertenecientes a los sectores más pobres de la población. Ese es un punto muy positivo.

En el mismo tono de conciliación de las necesidades del país chileno, el estudio destaca como positivo que las madres que viven en condiciones de alto estrés psico-social puedan contar con casas cuna y jardines infantiles, ya que, al sentirse apoyadas, establecen mejores y más fuertes vínculos con sus hijos.

Cuando no se puede escoger

  • Intentar trabajar menos horas: reducir la jornada laboral.
  • Buscar una persona de confianza para que cuide al bebé en la propia casa (una solución que no está al alcance de muchas madres).
  • Buscar una guardería con garantías, que permita una adaptación progresiva del bebé al horario y las puericultoras.
  • Implicación de la familia en el cuidado del bebé durante los 2 primeros años.