“Cuando el bebé nace, su cuerpo y su cerebro se nutren de todo el cariño que le podamos ofrecer. De estos cuidados iniciales dependen los aspectos más importantes de su vida futura, como el equilibrio nervioso, la resistencia a las enfermedades o la capacidad de amar, pues ahora sabemos que el contacto es el mejor estímulo para el desarrollo neuronal del pequeño.”

Así resume al doctor Juan Pundik, psicoanalista y presidente de la Plataforma Contra el Prozac y la Medicalización de la Infancia, la etapa más decisiva del ser humano: los seis primeros meses de vida; un período sustancial en cuanto a supervivencia y desarrollo y madurez de su cerebro.

La estimulación del bebé

El amamantamiento facilita la estimulación temprana del bebé.

El amamantamiento facilita la estimulación temprana del bebé.

El bebé humano nace muy desprotegido. En consecuencia requiere mucha dedicación y cuidados personales, en particular de la madre. Esos cuidados, más el amamantamiento, son lo que garantizan su equilibrio físico y mental.

Para que el bebé se desarrolle correctamente necesita dos cosas:

  • contacto físico amoroso y constante.
  • aprendizaje junto a sus padres, para conquistar su autonomía.

Las personas que nacen físicamente y mentalmente sanas disponen de cien mil millones de neuronas que constituyen su sistema nervioso o neurológico. La información entre neuronas tiene lugar a través de las conexiones sinápticas, que determinarán las capacidades potenciales del bebé; su respiración; el desarrollo de sus órganos y sistema de motricidad; la audición, la visión, la comprensión y el pensamiento… Para que el entramado neuronal dé resultados positivos, es muy importante la estimulación.

“Si durante las primeras semanas y meses el bebé no recibe la estimulación necesaria y no atraviesa las experiencias adecuadas, algunas de estas conexiones no se formarán, pues el hecho de que estos canales queden o no establecidos depende de si alguna vez han sido activados: dicho de modo sencillo, si no las usamos, las perdemos”, escribe el doctor Pundik.

El amamantamiento también facilita la estimulación temprana.

Necesidades del bebé

Para el bebé es trascendente el contacto continuado que, normalmente, ejerce la madre, al igual que el diálogo que se establece entre ellos dos.

Los animales saben por instinto que el bebé o cachorro necesita de su madre para alimentarse, jugar y aprender las normas de supervivencia. Sin el aprendizaje que recibe de su madre o de sus padres, los cachorros no sabrán protegerse del ataque de los depredadores, ni distinguir las hierbas venenosas, el modo de cazar para asegurarse el alimento… Prueba de ello es que un animal enjaulado, cuando se le deja en libertad con la mejor de las intenciones, muere pronto. No ha tenido oportunidad de aprender ni de poner en actividad determinadas zonas del cerebro.

En el ser humano se ha perdido el instinto a causa del desarrollo de su cultura, el lenguaje simbólico y los avances tecnológicos y científicos. Si la madre, pues, ha perdido ese instinto, tiene que suplirlo aprendiendo de nuevo a criar al bebé, lo mismo que las personas que lo tendrán a su cuidado.

El doctor Pundik afirma: “El bebé necesita ser acariciado, mecido, abrazado, hablado, cantado, para desarrollar su sistema nervioso. Al cantarle y hablarle estimulamos sus emociones y su interés. El motor fundamental del aprendizaje es el amor y la identificación con un objeto amado. Y para ello hay que generar un clima que lo favorezca.

Ya al nacer, el bebé, que hasta este momento ha sido parte del organismo de su madre, detecta y expresa los estados de ánimo, nerviosismo, depresión o angustia de su madre. Percibe su agresividad y la tensión y conflicto del entorno que lo rodea, y esto afecta a su base de ansiedad o seguridad inicial.”

Procedencia del artículo:
Juan Pundik, psicoanalista.
Revista Mente Sana nº 57

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