La responsable de campañas de la ONG Save the Children pide “tolerancia cero” en las agresiones y cree que la bofetada “enseña a abusar del poder”.

Transcripción de la entrevista publicada por el digital La Vanguardia con fecha 4 de junio de 2010.

Joel A. Bugié

Millones de niños en el mundo son víctimas de algún tipo de violencia. Y en la mayoría de los casos sus responsables no son denunciados ni perseguidos.

La coordinadora de campañas de Save the Children y especialista en derechos de la infancia Liliana Orjuela denuncia esta situación y pide “tolerancia cero” en las agresiones a los niños. De hecho, ella cree que no debería tolerarse ni tan siquiera la “bofetada” o “cachete” con fines educativos porque, en realidad, no educan sino que “enseñan a abusar del poder y a castigar”.

Orjuela avisa también que en el entorno familiar es también donde más a menudo se producen agresiones graves a los niños. Una situación perversa en la que quienes deberían proteger a los niños lo convierte en “el lugar más peligroso” para ellos, ya que la dependencia y los vínculos familiares dificultan que se denuncie.

Liliana Orjuela, responsable de campañas de Save the Children.

Liliana Orjuela, responsable de campañas de Save the Children.

El 4 de junio es el día internacional de los niños víctimas de agresión.

-¿Se sabe cuántos niños son víctimas de agresiones en el mundo?
-Hay varias fuentes que nos dan ideas aproximadas, pero también hay mucho desconocimiento. Un estudio de la OMS de 2002 calculaba que 53.000 niños y niñas habían muerto ese año en el mundo como consecuencia de homicidios; otras cifras de la OMS calculan que unos 150 millones de niñas y 73 millones de niños han sido víctimas de violencia sexual; 218 millones de niños y niñas son víctimas de explotación, según cifras de la OIT de 2004; de éstos, 126 millones realizan esos trabajos en condiciones dañinas que tienen consecuencias muy graves en su desarrollo, no acuden a la escuela, sufren consecuencias graves en su salud y muchas veces están en condiciones de esclavitud; la OIT también calcula que 1,8 millones de niños son explotados sexualmente, incluyendo a niños que han sido abusados y cuyas imágenes circulan por Internet como pornografía infantil. Las cifras son graves.

-¿Se persiguen y condenan estos abusos?
Se calcula que sólo una pequeña proporción de la violencia que se comete contra los niños es denunciada o investigada. Pocos agresores o autores son procesados.

-¿Por qué?
-En muchos estados no hay sistemas que registren o investiguen a fondo las denuncias de violencia contra los niños. Y las estadísticas oficiales sólo están basadas en las denuncias, cuando hay muchos motivos por los cuales no se denuncia. Por ejemplo, los más pequeños son los que tienen más riesgo de ser víctimas de malos tratos, porque carecen de capacidad de denunciar. Además, la mayoría de estos niños son agredidos por sus progenitores o cuidadores. Muchos de estos niños tienen miedo a sufrir represalias justamente porque los agresores están en su entorno cercano y temen que la intervención de la justicia o la denuncia agrave la situación. Estos niños tienen una dependencia de sus cuidadores o agresores.

-¿Entonces la familia interviene en la mayoría de estas agresiones?
-Sí. En muchos casos no se denuncia porque se guarda silencio si el responsable es el otro cónyuge, un miembro cercano de la familia o una persona de autoridad. En algunas sociedades, el temor a denunciar está asociado con estigmas vinculados a los abusos sexuales: el honor familiar se valora más que la protección de los derechos de los niños. Un abuso sexual puede excluir socialmente a la víctima ya que niñas víctimas de abuso sexual pueden quedarse sin ocasión de normalizar su vida con un matrimonio y muchas se dedican directamente a la prostitución o están en mayor riesgo de ser explotadas, vendidas o víctimas de trata de blancas.

-También hay agresiones mucho menos visibles.
-Hay formas de violencia que no se pueden medir, como la emocional o la psicológica. También hay fenómenos encubiertos o difíciles de medir, como la explotación sexual o la trata de niños y niñas con fines de explotación sexual, la explotación para la mendicidad o la comisión de delitos menores, que por estar asociados a situaciones clandestinas, de mafias o de redes internacionales hacen que sean muy difíciles de perseguir, de denunciar y de que se evidencie el número de víctimas.

-¿No debería tolerarse ni una bofetada por parte de los padres?
-En la mayoría de sociedades, el castigo físico se asocia a la educación y al establecimiento de una disciplina. Sin embargo, desde Save the Children proponemos erradicar el castigo físico a pesar del debate que genera. Aunque esté socialmente  e incluso legalmente aceptada como una forma de corregir razonablemente, el comité de los derechos de los niños considera que el castigo corporal o físico siempre es degradante. Generalmente está asociado a otras formas de castigo no físico igualmente degradantes o crueles, como el castigo emocional o situaciones en las que se humilla, se degrada, se amenaza, se ridiculiza o se compara. Son situaciones que lesionan la autoestima y que dejan consecuencias emocionales. El castigo físico enseña a abusar del poder y a castigar.

-En España hubo una gran polémica cuando se habló de prohibir el cachete.
-En Save the Children consideramos que establecer una disciplina y normas forma parte de la responsabilidad de los adultos, pero que no usar el castigo físico no implica borrar las normas sino promover estrategias para establecer disciplina y normas libres de toda violencia. Debemos asumir una actitud de tolerancia cero frente a la violencia, también con el castigo físico que se hace con el fin loable de educar. Nuestros estudios señalan que los niños no recuerdan después porque se les golpea y sólo evitan portarse mal ante la amenaza de ser castigados. Además, no interiorizan la norma ni aprenden una manera alternativa de mediar. Tenemos que fortalecer a la familia para promover los vínculos afectivos y formas de disciplina libres de violencia.

-En cualquier caso, esta puede considerarse la menos grave de la violencia contra los niños.
-Efectivamente. Esta es la puerta de entrada a la violencia contra los niños porque está socialmente aceptada.

-¿Hay alguna explicación de cómo quien debería ser protector se convierte en agresor?
-Es lo más absurdo. La tarea de la familia es proteger porque es quien tiene el mayor potencial para hacerlo frente a todas las formas de violencia. Pero también puede ser el lugar más peligroso para ellos y en particular los más pequeños. Enfrentar la violencia en el contexto familiar es más difícil porque en muchas sociedades y ámbitos todavía se cree que aquello que ocurre dentro del contexto familiar compete sólo a lo privado. Pero los estados y las comunidades tienen la obligación de proteger a los niños y las niñas de cualquier tipo de violencia, incluida aquella que se da dentro del hogar. Justamente se da porque el niño depende emocionalmente de sus padres.

-¿La violencia de género también afecta a los niños?
-La violencia que se ha vivido en el hogar tiende a repetirse. En las casas donde hay violencia de género, los hijos y las hijas también son víctimas porque están viendo a una madre humillada, descalificada, dolida y emocionalmente afectada. Nuestro proyecto europeo Dafne tiene que ver con las consecuencias de la violencia de género en los hijos y en las hijas. También estamos analizando cual es la respuesta de las instituciones hacia estos niños y niñas. Se han desarrollado muchos recursos a propósito de la ley orgánica de 2004, pero no incluyen la atención de los hijos y de las hijas. Se supone que los servicios sociales deberían cubrir esas necesidades, pero no hay coordinación entre el sistema de protección de mujeres y el sistema de infancia. En el sistema de mujeres, los niños son un añadido más de la mujer. Pero la recuperación de la mujer debe incluir que se le den herramientas para fortalecer el vínculo con los niños que probablemente se ha dañado.

-¿También la sociedad en general debe asumir un rol más protector?
-No es sólo la responsabilidad del estado. Toda institución a la que el niño acuda, tiene también una responsabilidad de proteger sus derechos. Un sistema de protección de infancia debe incluir una actuación coordinada de los ámbitos social, salud, educación, justicia, servicios sociales y de trabajo con las familias. El sector educativo y el de salud tienen una gran responsabilidad. Si el médico sospecha que un niño ha sido golpeado no sólo tiene que atender el golpe.

-¿Se sabe qué porcentaje de agresiones permanece oculto?
-En general los estudios de victimología señalan que más o menos se conoce un 20% de la realidad. Muchos casos permanecen acallados porque están dentro del ámbito familiar o clandestino.

-En Internet el daño se repite una y otra vez.
-Se puede cerrar una página, pero seguramente las imágenes de niños y niñas que han sido víctimas de abusos sexuales en Internet ya habrán sido capturadas por muchas personas y las tendrán en sus ordenadores. Cada año hay cantidad de personas detenidas por posesión de pornografía infantil, pero poco se sabe de las víctimas. En muchas ocasiones es difícil ubicarlas y saber de donde proviene una imagen. La generación de recursos para atender a las víctimas en Internet es una tarea por cumplir todavía.

-Las imágenes a veces se consiguen engañando y chantajeando a los niños por Internet.
-Internet tiene muchas ventajas y nos ha ampliado la posibilidad de acceder al conocimiento y de comunicarnos de una manera más efectiva y rápida, pero también muchos riesgos. Tenemos que promover campañas de sensibilización para que los padres y las madres conozcan Internet y sus riesgos, pero también dirigidas a los niños y niñas y adolescentes, que son quienes están en mayor riesgo.

Calendula
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