El arte en la vida de las madres solteras.
La arqueología ha tenido, hasta hace bien pocos años, una visión androcéntrica de los vestigios de este período de la humanidad. O lo que es lo mismo: hemos visto el mundo y las relaciones sociales desde el punto de vista de los hombres.

Pinturas rupestres con figura humana.

Pinturas rupestres con figura humana.

La mujer usaba armas y herramientas de caza

Cuando los arqueólogos han interpretado las pinturas, los objetos hallados, los enterramientos, etc., relativos a los periodos más remotos, ha ocurrido un fenómeno similar. Las mujeres parecían no ser protagonistas de la prehistoria, excepto en aquellos casos que, como las Venus prehistóricas, es tan evidente que reproducen figuras femeninas, que no admite discusión.

Se creía que el hombre pintaba en las cuevas, cazaba, seguía las huellas de los animales, fabricaba armas y herramientas, recolectaba alimentos, danzaba, etc., mientras que la mujer se circunscribía a las tareas del hogar. La mentalidad o prejuicios actuales han contribuido a desfigurar, inconscientemente, lo que ya es una evidencia: en el paleolítico y el neolítico las mujeres también cazaban.

Se han hallado puntas de flecha, hachas y hoces para segar, en enterramientos de la cultura neolítica Grossgartach (4000 años antes de nuestra era), indistintamente junto a hombres y mujeres. Herramientas, armas y adornos no era exclusivos de uno u otro género.

En una de las novelas agrupadas bajo el título “Los Hijos de la Tierra” (ambientadas en el paleolítico), de la autora norteamericana Jean M. Auel, la protagonista, Ayla, utiliza sus conocimientos para cazar y sobrevivir. En la tribu de Neanderthal donde vive desde que un terremoto la separó de su tribu y familia Cromagnon, no está bien visto que la mujer ejerza una actividad reservada a los hombres. Auel, bien asesorada por especialistas en este período, ya introduce a la mujer cazadora como algo bien aceptado por los grupos que sobrevivirán a los neandertales y se conocen con el nombre de sapiens sapiens.

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En la pintura prehistórica, la representación de figuras humanas es poco frecuente. Las figuras estilizadas y esquemáticas no contribuyen a despejar la duda de si se trata de un hombre o una mujer, excepto cuando el volumen de las caderas o los pechos salientes son manifiestamente femeninos. No obstante, se han interpretado como figuras masculinas.

Qué son las Venus

VENUS PALEOLÍTICAS:

Se han encontrado más de 200 figurillas femeninas del paleolítico. “Están talladas en materiales como: piedra, calcita, hematita, oolita, serpentina, esteatita, carbón, marfil, hueso, en asta de reno y modeladas en arcilla”.


“En Italia casi todas las esculturas femeninas del paleolítico están inscritas en un rombo y embadurnadas con ocre rojo” (Francisca Martín – Cano Abreu en “Del paleolítico a la dominación romana en Italia, Cerdeña y Córcega”, internet).

Las primeras representaciones humanas de la historia son “estas figurillas grabadas, en bulto redondo o en bajorrelieve, que representan mujeres dispares, esbeltas u obesas, embarazadas o sin gravidez, adolescentes o ancianas, de pie, sentadas, tumbadas o en cuclillas, con el rostro mas o menos figurado, con cabellos y / o tocado o sin ellos…”.

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“Le Roy MacDermott (1996) apunta que las representaciones femeninas fueran ejecutadas por mujeres desde la perspectiva de sí mismas más que de modelos de otras. Se trataría, pues, de autorretratos realizados por mujeres…” “MacDermott concluye que las figurillas representaban ordinariamente reflejos de los propios cuerpos femeninos en diferentes estadios de la vida, proporcionando información obstétrica y ginecológica a las mujeres (autoconocimiento del propio cuerpo) (María Encarna Sanahuja Yll en “Cuerpos sexuados, objetos y prehistoria)”.

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