Tener hermanos es positivo. ¿Que después se pelean? Todos lo hacen. Compiten entre sí.

En realidad, sus peleas tienen como finalidad atraer la atención de la madre o de ambos progenitores, pero en especial de la MADRE. Rivalizan para que su mamá esté pendiente de ellos, para sentirse queridos, para obtener más mimitos, para “comérsela”, para conseguir estar en el centro del universo femenino y maternal.

Rivalizan por el amor de mamá.

Rivalizan por el amor de mamá.

Con la única presencia del padre, en sus paseos en solitario o en el hogar, estarán muy pendientes de él, sin parar de moverse a su alrededor, de atraerle con comentarios y preguntas, pero evitarán hacer las “tonterías” típicas de niños pequeños, tan características de hermanos, aun cuando sean adolescentes y se sigan “matando” por competir ante su mamá.

Tener hermanos es muy bonito. Se agradece. Pocas veces los niños y niñas desean ser hijos únicos. Jugar y compartir un espacio común (el hogar familiar) les preparará para saber cómo tratar a otros niños, compañeros de colegio o de un centro deportivo o social. Aunque el veredicto final de los hermanos sea siempre el mismo: “las niñas son unas tontas”, y las hermanas: “los niños son unos tontos”, se aman con verdadero amor.

Si, por el contrario, uno de los hermanos retiene rabia u odio hacia el otro, sin que aparentemente exista una razón, habrá que plantear ese problema a un profesional. Los celos y envidias entre hermanos tienen su origen en la infancia, en forma de complejos de inferioridad, sensación de abandono, presenciar maltratos del hombre a la mujer, etc. No olvidemos que muchos niños, cuando en la familia no existe igualdad de derechos y deberes entre padre y madre, sino al contrario, una clara desigualdad de poder, se pondrán del lado del más fuerte, aunque sea violento, para protegerse del adulto.