Un artículo interesante que las madres solteras sabrán valorar, porque en nuestros tiempos la maternidad se elige y los hijos constituyen un bien precioso. No todos los países lo viven así, pero creemos que ya no hay marcha atrás.

 

En buena parte de los países menos desarrollados la natalidad se ve todavía como fuente de riqueza y de seguridad para el futuro de los padres y las mujeres no pueden controlar el número de sus hijos, han de aceptar los embarazos como una consecuencia natural de las relaciones sexuales.

En buena parte de los países menos desarrollados la natalidad se ve todavía como fuente de riqueza y de seguridad para el futuro de los padres y las mujeres no pueden controlar el número de sus hijos, han de aceptar los embarazos como una consecuencia natural de las relaciones sexuales.

 

Tener los hijos muy joven se vive como una frustración, como una interrupción en un proceso más paulatino y satisfactorio de maduración personal en el que las etapas son más lentas y pensadas. La vida de las mujeres tiene ahora una agenda muy diferente de la que tuvo en el pasado en el que el matrimonio era la culminación de una etapa y a partir del mismo la realización «natural» de las mujeres era la maternidad.

Paternidad y tareas domésticas

Existe una nueva generación de hombres que están superando la etapa de sensibilización y solidaridad con la causa de la emancipación de las mujeres y están entrando en acción, al menos en lo que corresponde a las relaciones de pareja y la convivencia en el espacio doméstico. Son los nuevos compañeros, las parejas masculinas que si no comparten estas tareas todo lo que deberían, no es por desconocimiento de que la sociedad está cambiando, sino por la inercia residual de comportamientos masculinos acuñados durante generaciones.

En cierta forma, son las mismas mujeres las que no cuentan con ellos cuando se trata de afrontar en términos de igualdad el cuidado de los hijos. En lo más superficial, en el día a día de la vida cotidiana, los tiempos para el cuidado de los hijos se apuntan mayoritariamente en la cuenta de las madres y poco o muy poco en la de los padres.

La maternidad no es una obligación

Las mujeres jóvenes se encuentran, respecto a la maternidad, en el momento más crítico. Los medios anticonceptivos disponibles han trasladado íntegramente el poder de decisión a sus manos. Ahora, más que nunca, ellas tienen la última palabra. Incluso tienen hijos sin tener pareja y ello no es un motivo de censura social.

Pero ser madre supone un compromiso mayor que nunca en la medida en que abarca todas las facetas de su vida actual y su futuro. Es, según sus propias expresiones, «el verdadero problema». No sólo por la incidencia que tiene en la vida laboral, económica y personal de las mujeres, sino porque ahora ya no es un hecho impuesto sino un compromiso personal, lo que le añade un elemento más de responsabilidad al hecho biológico.

El haber retomado las riendas de la decisión de ser madres supone la desvalorización de la maternidad como institución a favor de la maternidad como elección.

La elección de no ser madre

La pérdida de vigencia del concepto de maternidad institucional, es decir como un deber o una obligación para las mujeres, se ha llevado consigo la noción de los hijos como carga y la imagen devaluada de la mujer madre, además de la idea de dominación masculina sobre ella.

Asimismo, ahora ya se concibe el derecho de las mujeres a no ser madres, sin que ello conlleve ningún detrimento en la imagen de las que adoptan esta decisión. Ha desaparecido por tanto el estereotipo negativo de la mujer que no es madre, lo que hasta hace bien poco estigmatizaba a muchas mujeres.

Los hijos, un bien precioso

Los hijos, ya sea por su escasez o por provenir del libre deseo, se han constituido en un bien precioso; y el padre en su nueva participación familiar adopta, o está en trámite de adoptar, los rasgos del nuevo modelo de varón resocializado.

Las madres intentan comunicarse con sus hijos

La comunicación es la vinculación clave y central en las relaciones interpersonales. La comunicación con los hijos es, a su vez, otro de los componentes de un nuevo modelo de familia, llamándolo nuevo por contraste con la familia tradicional en la que la voz patriarcal se imponía al resto de sus componentes.

Las jóvenes madres aspiran al entendimiento y a la comunicación con sus hijos en todos los terrenos, como una forma de paliar o compensar los temores que despierta la vida urbana asociada a los problemas de la juventud. Es notable cómo se apunta una especial relación entre las madres y las hijas, con un deseo de crear un espacio propio en esta relación.

Se han abandonado pautas muy arraigadas que servían de soporte al modelo tradicional de familia y de mujer, en favor de otras actitudes y otros comportamientos que finalmente desembocarán en un nuevo panorama social.

Mujeres tradicionales y mujeres que rompen amarras

En este tránsito, nos encontramos con nostalgias del pasado y del futuro, con mujeres que han roto amarras y que se encuentran un poco a la deriva, a la vez que con otras que parece que han encontrado su rumbo. Las más decididas, las más seguras, las que aparecen con actitudes vanguardistas, son las que van marcando tendencias y sirven de modelo para otras mujeres que tienen mayores dificultades para definirse. Éstas se entremezclan con aquellas que aún no han traspasado el umbral de su entorno conservador y con mujeres que, aun con el deseo de cambio apuntando hacia una transformación en sus vidas, a la vez muestran profundas resistencias al cambio, expresando sus temores a que los esfuerzos y las inversiones realizadas no consigan los beneficios esperados.

La educación de la mujer joven

Aprender, formarse y actualizar conocimientos se vive desde el doble ángulo de recuperar el tiempo perdido y de abrir la única puerta posible hacia la igualdad de oportunidades con los hombres.

El impulso hacia la carrera de la formación ha hecho colocarse a un gran colectivo de mujeres en los primeros puestos de salida, en el sentido de que hoy en día el número de mujeres que acuden a la universidad es similar o superior al de los hombres. Sin embargo, no llegan a la meta en la misma proporción que ellos, si consideramos que el objetivo de formarse supone llegar a encontrar un empleo.

Influencia del discurso feminista

Para las mujeres nacidas después del 68, el movimiento feminista y su impacto social ya son historia. Ellas han asumido sus compromisos y se han beneficiado de sus consecuencias, pero, sin embargo, no se identifican con el enunciado feminista. No conocen a sus protagonistas, ni se interesan por sus teorías. Y lo que es más paradójico, han adoptado los valores clave del feminismo en su comportamiento y actitudes, pero rechazan incluso el nombre del feminismo.

Lo más habitual es oír «yo no soy feminista, pero…», y a continuación mantener una postura, defender un comportamiento o hacer una afirmación que podría incluirse totalmente dentro de los principios por los que lucharon las defensoras de la igualdad de la mujer.

No se ha suprimido el patriarcado, aunque haya perdido legitimidad, y las mujeres no participan todavía en igualdad de condiciones con los hombres en las áreas profesionales y políticas. Sin embargo, cuando vemos a una mujer someterse a la autoridad de un hombre sólo en razón de su género, nos provoca rechazo y desazón.

Procedencia de la información:
Fundación de Ayuda contra la Drogadicción
Jóvenes. Documentos. Las mujeres jóvenes en España