“Tienen el potencial económico de China e India juntas, pero ellas todavía no lo saben. Y, aunque parezca mentira, tampoco la mayoría de las empresas se han parado a pensarlo. Las mujeres viven una segunda revolución que se está gestando tan rápido que no ha dado tiempo a que el mundo la digiera.”

La influencia y el peso de la mujer en los procesos de producción, marketing y dirección de empresas, y por supuesto como consumidoras de productos y servicios, se resumen en el siguiente reportaje publicado por el digital El País, del cual entresacamos algunos párrafos:

Las motivaciones, valores y formas de decidir las compras son absolutamente distintas entre mujeres y hombres.

Las motivaciones, valores y formas de decidir las compras son absolutamente distintas entre mujeres y hombres.

El mercado más emergente: la mujer

Boston Consulting ha publicado recientemente el libro Woment want more, que se basa en un estudio realizado entre 12.000 mujeres de 22 países y que demuestra que las motivaciones femeninas son diferentes a las de los hombres. No valoran el dinero por sí mismo, sino como medio para alcanzar la felicidad, es decir, su satisfacción personal y el equilibrio entre la vida profesional y laboral.

¿Y qué es lo que les hace falta? Sobre todo tiempo, tiempo para compatibilizar todos los roles que asumen en la sociedad. Y eso es lo que le piden a las empresas: productos y servicios que les permitan ahorrar tiempo. Además, las mujeres quieren que les proporcionen información más fácil de entender (odian la letra pequeña) y buenos niveles de servicio.

A juicio de BCG, la población femenina internacional está insatisfecha con tres de las categorías de consumo más importantes en la actualidad: servicios financieros, sanidad y bienes de consumo duradero (coches, electrodomésticos…). Las compañías que encuentren la clave para satisfacerlas se las habrán ganado como clientes y, por tanto, acumularán importantes ingresos. Además, “hay momentos como la crisis actual que pueden favorecer el cambio”, opina.

Esquivias pone ejemplos de cómo algunas empresas, pocas todavía, han lanzado productos poniéndose en la piel de las mujeres. La española Mercadona es una. Que la mujer necesita tiempo, pues ayudémosla a que tarde menos en hacer la compra. ¿Cómo? Reduciendo la gama de productos que tiene para elegir a fin de que su decisión de compra sea más rápida (eso sí, siempre dejando sus preferidos en la tienda) e incorporando aparcamiento gratuito en todos los supermercados. El socio de BCG señala que la compañía ha crecido más que la competencia gracias a que ha entendido los cambios que se están produciendo en las necesidades de la mujer; lo mismo que Zara, otro de los ejemplos que cita.

Pierpaoli va un poco más lejos y pone el ejemplo de la cadena norteamericana de bricolaje The Home Depot. En un negocio hasta entonces dirigido a los varones, la compañía quería dar entrada a las familias. ¿Qué hizo? Hacer pasillos más anchos para que se pudiera pasear con el carrito del bebé; incluir en sus tiendas zonas de electrodomésticos y decoración, como ellas querían, con ambientes de baños y cocinas reales para sacar ideas; y en la masculina zona de herramientas incorporó un área con cortacéspedes y barbacoas, que interesaban más a los hombres. No sólo consiguió, dice el experto argentino, que las mujeres fuesen clientes, sino que el número de varones aumentó también.

Calendula
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