David Solá, psicólogo clínico, con amplia experiencia en trastornos emocionales y problemas de relaciones familiares, enfoca el tema de los adolescentes desde una perspectiva distinta a la común. En su libro Este adolescente necesita otros padres, nos aporta una valiosa ayuda. Las mamás solteras sabrán apreciarla más que nadie.

Las expectativas de los padres no siempre se cumplen

“Todos los padres, de forma más o menos consciente, tienen expectativas sobre sus hijos. En principio, todas ellas positivas. La mamá mira al bebé y piensa en cuánto peso habrá ganado durante la semana, el papá en que pronto se lo llevará a descubrir mundo. A no ser padres con mentes muy negativas, todos viven con ilusión la venida y crecimiento del hijo. Pero la realidad de la vida es otra; no es que la primera no exista, sino que también incluye situaciones imprevistas de todo orden.

Los padres se sienten tristes si los hijos no cumplen sus expectativas.

Los padres se sienten tristes si los hijos no cumplen sus expectativas.

Puedo observar una y otra vez a los padres y madres cuando llegan a la consulta con sus hijos; sus caras reflejan esperanza o cansancio, desencanto o indignación y demás sentimientos relacionados con el problema que les trae. Quieren mucho a sus hijos y se han esforzado por ellos, pero ahora vienen buscando el manual de instrucciones para resolver alguna cuestión que les supera.

Cuando aparece una situación no prevista, no tiene por qué ser un problema, puede convertirse en un problema dependiendo de cómo se maneje. El hecho es que suele generar disgusto porque no formaba parte del repertorio de expectativas asumibles por los padres.

La actitud de los padres ante la situación sí es determinante para convertirla en un problema o en una oportunidad para crecer juntos. Las situaciones que presenta la vida, y en este caso los hijos, son las que son; al calificarlas como buenas o malas suele depender de lo que signifique para cada uno y de las consecuencias que se deriven de ella.

Unos padres que contaban con titulación superior lamentaban que ninguno de sus cuatro hijos había tenido predisposición para cursar estudios universitarios. En la conversación me explicaron que contaban con unos ahorros para que los hijos pudieran estudiar en cualquier universidad que desearan, incluidas las de otros países. Se sentían desilusionados y pensaban de sus hijos que eran unos desagradecidos, ya que no sabían valorar la oportunidad que ellos les habían ofrecido.

El hecho de que estos hijos no estudiaran en la universidad, en principio no es bueno ni malo; si acaso, sería más importante saber el porqué no continuaron sus estudios. Pero la cuestión es que los padres tenían unas expectativas sobre los hijos que les parecían lógicas y daban sentido a sus vidas, y éstas no se cumplieron.

Cuando una expectativa no se cumple, se experimenta frustración, y los sentimientos que se generan siempre son negativos y nos llevan a sufrir algún tipo de consecuencias. Nos predispone a relaciones negativas. El trato de un padre frustrado con su hijo no es el mismo que si éste hubiera cumplido sus expectativas. Por regla general, las expectativas siempre condicionan la forma de relacionarse las personas. Si crees que tu hijo no es capaz de realizar una determinada cosa, muy posiblemente no se te ocurrirá proponérsela.

La frustración de los padres

Simplemente tenemos que observar una familia cualquiera con varios hijos para comprobar cómo los padres los tratan de manera desigual (aunque aseguren lo contrario). Al preguntarles por las expectativas que tienen sobre ellos, se pondrá de relieve que éstas se encuentran directamente relacionadas con el tipo de relación que mantienen con cada hijo.

Responsabilizamos al otro de nuestros sentimientos negativos. Siempre está latente la tendencia de buscar un culpable al sufrir una frustración, haciendo juicios y valoraciones injustas hacia la otra parte.

Después de lo dicho anteriormente, uno se pregunta: ¿es conveniente tener expectativas? Por supuesto que hay que tener expectativas, pero siempre que sean positivas para el desarrollo de nuestro hijo. Una expectativa de confianza en sus capacidades para enfrentarse a una situación nueva le reforzará la seguridad en sí mismo; en cambio, todas aquellas expectativas que esencialmente son proyecciones de los padres hacia sus hijos, están abocadas a crear conflictos en el hijo y en las relaciones de éste con los padres.

Las expectativas que los padres tienen sobre los hijos no siempre se manifiestan explícitamente, pero en la mayoría de los casos se intuyen de forma subliminal, de tal manera que en los hijos se despiertan sentimientos y actitudes que les disponen a colaborar o a enfrentarse con las figuras de autoridad, a ser estimulados para superarse o a caer en el desánimo.”

Fuente de información:
David Solá
Este adolescente necesita otros padres
Ediciones Noufront, 2008

Calendula
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