Los padres deben orientar, nunca imponer, las actividades extraescolares a sus hijos. La formación complementaria forzada puede volverse en contra. Las actividades extraescolares deben sustituir horas de televisión o de sofá, nunca de convivencia familiar, deberes o juegos.

Transcripción del reportaje publicado por el digital El País con fecha 1 de septiembre de 2010.

Ojo con cargar la agenda del niño

J. A. Aunión

La jornada laboral de los escolares, desde hace muchos años ya, no termina cuando suena el timbre del colegio. Más del 90% de los alumnos españoles de enseñanza obligatoria (de 6 a 16 años) desarrolla alguna actividad extraescolar, y algo más de la mitad, dos o más a la semana, según los datos del Ministerio de Educación. Estas actividades, que pueden tener muchas virtudes y ser beneficiosas para el escolar, responden muchas veces, según distintos expertos, solo a las necesidades de unos padres trabajadores que tienen que colocar a sus hijos muchas horas al día, o se eligen en función de los gustos parentales, y pueden llegar a suponer una carga demasiado pesada para algunos niños y niñas.

La inmensa mayoría de los escolares españoles de 6 a 16 años, casi un 73%, practica algún deporte como actividad extraescolar. A bastante distancia, las otras actividades más recurrentes son las clases de idiomas y de música o danza.

La inmensa mayoría de los escolares españoles de 6 a 16 años, casi un 73%, practica algún deporte como actividad extraescolar. A bastante distancia, las otras actividades más recurrentes son las clases de idiomas y de música o danza.

Un estudio culminado en 2003 sobre las principales causas del estrés entre los chavales andaluces de 8 a 12 años, elaborado por la catedrática de Psicología Victoria Trianes concluyó que algunos de los factores que más les pueden agobiar son la preocupación por su apariencia física, participar en demasiadas actividades extraescolares y estar mucho tiempo solos.

Es muy difícil saber cuántos niños y adolescentes pueden estar sobrecargados, sobre todo teniendo en cuenta que el mismo peso que resulta ligero para un chaval a otro puede machacarlo. Lo que está claro es que puede llegar a ser un problema, explican por teléfono Trianes, y también la investigadora de la Facultad de Medicina de la Autónoma de Barcelona Beatriz Molianuevo. Juan Antonio Planas, presidente de la Confederación de Organizaciones de Psicopedagogía y Orientación de España, asegura que incluso puede acabar en fracaso escolar.

“No es lo habitual. Aunque es verdad que puede haber padres que por sus necesidades de trabajo necesiten que sus hijos estén en muchas actividades”, señala Pilar Triguero, presidenta de la Confederación Democrática de APAS de Andalucía (Codapa). “Igual entre los que van a los conservatorios de música o practican deportes más en serio”, añade María José Navarro, presidenta de la Federación de asociaciones de padres de Valencia.

En general, la mayoría de los escolares de educación obligatoria practican algún deporte, un 73% según las últimas cifras del Ministerio de Educación, de 2007. Muy por detrás, en porcentajes que van del 21% al 28%, estudian idiomas, música o danza, dibujo o pintura e informática.

Nada es blanco o negro en educación, dice Planas, y todo va a depender de cada chaval. “Cada niño y cada niña son seres únicos que por sus especiales circunstancias van a beneficiarse o a responder mejor unos que otros a determinados tipos de actividades”, dice el profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Córdoba Juan Moriana.

“A veces, las actividades extraescolares, que pretenden ser la solución, se convierten en el problema. Así, un alumno inquieto, con atención dispersa, y que debe entrenar su atención mantenida, si se le apunta a actividades de deporte todas las tardes para tranquilizarlo, a la postre, cada vez tendrá menos hábitos de trabajo y de atención. Justo lo contrarío de lo que se pretendía”, asegura el profesor de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Almería Jesús de la Fuente.

En general, los expertos no creen necesario ni recomendable acudir a estas actividades antes de los cinco o seis años. Si acaso, Moriana recomienda la natación para estas edades: “Supone un ejercicio físico muy completo para el desarrollo del menor y es positivo que los niños aprendan a nadar pronto”, asegura. En cuanto al aprendizaje de idiomas, sobre todo el inglés, acepta que, cuanto antes se empiece, mejor. Eso sí, teniendo muy en cuenta la forma en que se van a recibir esas clases. “Los padres deberían asegurarse de que el método utilizado es adaptado a su edad, tremendamente lúdico (juegos, canciones) y poco instruccional”, añade Moriana. “Para algunos aprendizajes es cierto que cuanto antes se empiece, mejor, pero con otros no tanto. De hecho, lo que a veces hacemos es quemar oportunides, porque sometemos a los niños a actividades que les vienen grandes y acaban aborreciéndolas”, dice la psicóloga experta en educación infantil Gema Paniagua.

A partir de Primaria, en lo que insisten los especialistas es en tener muy en cuenta los gustos y las preferencias del niño y preguntar a los profesores y a los orientadores escolares, sobre todo para hacer un seguimiento de si el niño o adolescente no está teniendo problemas para seguir las actividades normales del colegio. “Habría que plantearse año a año la conveniencia de mantener cada actividad, en función de los resultados obtenidos y principalmente de cómo lo viva el niño”, añade Moriana. Daniel Veiga, orientador del instituto de Secundaria García Barbón, de Verín (Ourense), insiste en que, en todo caso, el escolar debe tener suficiente tiempo libre para “jugar, descansar y estar con la familia” y en que las actividades extraescolares deben “sustituir horas de televisión o de sofá, nunca de convivencia familiar, deberes o juegos”.

Unas reglas parecidas (preguntar a los profesores, asegurarse de que el método de enseñanza es el adecuado) se suelen proponer cuando se habla de las actividades de refuerzo, de las típicas clases particulares. Según los datos del Ministerio de Educación, recogidos en 2004, algo menos del 10% de los alumnos de Primaria y el 20% de los de Secundaria recibe ayuda externa en academias o con profesores particulares.

Están bien, continúa Daniel Veiga, si se llega a la conclusión, junto a los profesores, de que el niño realmente lo necesita y, sobre todo, en las primeras etapas, además de la materia se enseña a los chavales a organizarse, planificar, estudiar él solo. Sin embargo, hay que tener cuidado de que todo se reduzca solo a hacer los ejercicios de la materia que se está reforzando o que el estudiante se acostumbre de tal manera a estos apoyos que luego no sea capaz de continuar por él mismo. “Lo que queremos como educacores es que el niño desarrolle el trabajo autónomo también en casa. Y si le ayudamos siempre nosotros como padres o recibe la ayuda de profesores particulares ese objetivo fundamental puede no cumplirse”, dice la orientadora escolar de Infantil y Primaria Luz Santesmases.

Además, una vez decidido, es importante ver todas las posibilidades, dice José María Salguero, orientador de Secundaria. Salguero recuerda que en muchos centros se ofrecen refuerzos académicos fuera del horario lectivo, con planes institucionales como el PROA, o con iniciativas con las que alumnos mayores, de Bachillerato, echan una mano a sus compañeros más pequeños, de 1º o 2º de ESO. “Muchas veces esa iniciativa es más interesante, quizá que la asistencia a academias que pueden alargar excesivamente la jornada escolar e impartir contenidos algo distintos a los que se siguen en el colegio”, señala.

Calendula
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