Hoy presentamos a las madres solteras y solas un estudio sobre la violencia contra las adolescentes en un área de Perú, las cuales la reciben por partida doble: por ser hijas y por ser mujeres. La lectura de su testimonio personal (su historial de vida) resulta difícil de soportar, debido a la violencia extrema que sufren.

Para el estudio que damos a conocer (2007) se eligió la comunidad de Huaycán por ser una de las comunidades con mayor índice de violencia familiar y violencia juvenil en Lima . “Cuenta con más de 60 000 personas, ubicada en la ciudad de Lima; esta comunidad nació en medio de la violencia política, por lo que fue marcada en sus inicios y en su constitución por Sendero Luminoso, la que dejó un rastro de violencia estructural en la comunidad, provocando una situación constante de miedo e inseguridad. A ello se le suma la violencia doméstica y la pobreza que asolan a las familias, siendo este fenómeno uno de las principales causales del alto índice de delincuencia juvenil.”

Entrega de agua potable con camiones cisterna.

Entrega de agua potable con camiones cisterna.

“La investigación se realizó en el colegio con mayor alumnado del Cono Este de Lima, el cual, desde el punto de vista de los pobladores, es la institución educativa con mayor cantidad de estudiantes pandilleriles en la comunidad en la que se encuentra. Se suma a ello que en los alrededores de aquella escuela se producen luchas callejeras entre bandos juveniles. El estudio se realizó en el nivel escolar secundario”. Las estudiantes elegidas para la investigación contaban entre 13 y 17 años.

Ser mujer, ser hombre y ser “indio”

Ante una configuración patriarcal de la sociedad, la mujer es postergada frente al varón, que se acompaña de violencia y represión. La mujer es socializada con un grado de represión significativamente mayor que el varón, lo que tiende a ser una carga negativa para sus posibilidades posteriores de realización personal. Estas relaciones de dominación se legitiman de manera que los dominados, las mujeres, se adhieren naturalmente, sin saberlo, al orden dominante. Tendríamos una feminidad centrada en la pasividad, en la sumisión y bajo el aura de la virtud como signo de pureza y de gracia femenina

La masculinidad se impone por la fuerza y la verticalidad. Ser hombre en el Perú significará poder demostrar públicamente un ejercicio de poder, sin importar los extremos de violencia que tales ejercicios puedan traer consigo, cosificando pasivamente a la mujer. Lo masculino está centrado en la fuerza, en la sexualidad compulsiva, en la imposición y la dominación del “otro”.

En Perú, la violencia doméstica se relaciona directamente con el “problema indio”, como si únicamente formara parte de identidades colectivas indígenas; identidades percibidas en algunos casos y dependiendo de los contextos de relaciones sociales, como “salvajes”, “bárbaras” y en otros eufemísticamente como “atrasadas”.

La violación sexual, consecuencias en la vida familiar y sentimental

En el estudio se relata la violación sexual de dos adolescentes en el propio hogar. La madre, en ambos casos, da más importancia a la pareja que a los hijos, o bien protege al violador y golpea a los hijos.

Fabiola, de 13 años, dice que no tendrá nunca un enamorado, porque teme que abusen,  pero desearía estar enamorada. Siente el “deseo de compartir sentimientos de amor y cariño alguna vez con algún hombre, pero ello escapa a sus posibilidades, ya que el trauma ocasionado es tan poderoso que teme constantemente hagan con ella lo que hizo el padrastro con su madre, y con ella misma. Se trata de una sospecha perenne capaz de estereotipar a todos los hombres, llevando a un probable fracaso cualquier relación sentimental que desee emprender: un miedo perenne que demoniza la posibilidad de amar a algún hombre. En ambos caso se denota cómo la violencia contra las mujeres, especialmente la violación, es el principal apoyo del control de los hombres sobre ellas. La violación muestra la realidad del dominio del falo.”

Julia denunció a su padrastro y gracias a ello su padrastro no ha vuelto a violentarla, por el miedo a las consecuencias delictivas de sus actos. La acción decisiva de Julia la defendió de mayores atropellos, aunque los ya cometidos la marcarán para siempre. Ya no cree en la familia ni en el amor parental. Su madre la agredía para congraciarse con el padrastro de su hija. “La perspectiva de la madre lleva a convertir a Julia en una competencia como objeto de deseo sexual, lo que la lleva a golpearla cruelmente, dejándole una serie de cicatrices por todo el cuerpo”.

La pobreza asola a las familias.

La pobreza asola a las familias.

La ausencia del padre como violencia doméstica

“La ausencia de uno de los progenitores, se puede interpretar como una manifestación de violencia doméstica, debido a sus consecuencias, que llegan al odio y al rencor. Este rencor es capaz de disminuir las capacidades de amar y perdonar.”

Violencia doméstica producida por la madre

“La violencia doméstica tiene como principal figura al padre, quien manifiesta su rigor patriarcal ante la madre de los hijos y ante los hijos mismos. Asimismo hemos podido ver cómo ambos padres pueden compartir dicha violencia hacia los hijos. Sin embargo ante la ausencia del padre, la presencia de la madre cobra aun mayor relevancia, aun más de la que representa, por ser la figura con la que más se puede identificar una hija.”

Conclusiones y reflexiones

“La violencia doméstica analizada tiene sus principales manifestaciones en la figura del padre, manifestándose un resentimiento cada vez mayor, a medida que la adolescente se aproxima a la juventud, cobrándose cierto revanchismo contra la sociedad entera.

La violencia doméstica a manos de la madre, crearía desórdenes aun mayores en las adolescentes. La violencia del hombre hacia la mujer y hacia la hija es, de algún modo, digerido por una sociedad patriarcal en la que vivimos, que espera de algún modo un comportamiento de aquel tipo.

Pero el comportamiento extremamente violento en una madre tiende a recrudecer los traumas personales de las adolescentes, quienes ven en la madre un vestigio aun más importante para su seguridad y vida futura. Los desórdenes que se van produciendo debido a la violencia con que las adolescentes vienen siendo formadas, repercutirían seriamente en su sexualidad, elemento clave en la adolescencia. El amor es trastocado, y se convierte en una amenaza en la vida de una adolescente violentada, tanto a través de violencia física y psicológica, como a través del reconocimiento de una relación tormentosa y violenta en sus propios padres.

Es urgente crear soluciones a corto y mediano plazo para este tipo de delitos contra el cuerpo y la salud, lo es también ahondar mucho más en el pensar y sentir de estas adolescentes en riesgo, quienes más allá de la denuncia, vislumbran una posible salida en el amor que aun guardan por su familia.”

Procedencia de la información:
Violencia doméstica en mujeres adolescentes en Lima, Perú. Un estudio de caso en la comunidad autogestionaria de Huaycán
Jerjes Loayza Javier
Universidad Nacional Mayor de San Marcos
ICEV Revista d’Estudis de la Violència (2010)

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