Dormir o no dormir con los hijos. Este tema da mucho que hablar. Hay opiniones muy encontradas, en especial cuando, después de una separación o divorcio, la nueva pareja se encuentra con un hijo o hija que, por la noche, se “interpone” entre los dos.

El siguiente caso lo planteó una lectora de este portal, después de leer el artículo Mi hijo no quiere dormir solo. “Sobre todo no hay que dejarlo llorar”

Catalina Martínez escribió…

Hola, necesito que me orienten. Yo acabo de iniciar una vida en común con una persona divorciada y que tiene dos hijos. Mi problema es que tiene una jovencita de 16 años, quien vive con su mamá, pero cuando va a vernos todo el tiempo se lo pasa acariciándola y besándola. Pero en fin, ese no es tanto mi problema. Mi problema es que la niña se quiere dormir con él en nuestra cama. Por supuesto, yo no, ya que quiere tener un espacio con su papá. Él considera que es normal y que no tiene nada de malo, porque es su papá. Está bien???

Calendula respondió…

Amiga Catalina Martínez, normalmente estamos acostumbradas a que sean los hombres los que se extrañen de que los hijos de su nueva pareja (la mujer) sigan durmiendo o queriendo dormir con ella. Él desea estar a solas con su enamorada y le molestan los hijos en la cama.

Esta vez pasa lo contrario. La niña de 16 años quiere dormir con su papá.

Si la niña estaba muy unida a su padre y ahora lo hecha en falta, es normal que, cuando esté con él, se siente a su lado, se muestre mimosa y acapare caricias y besos. Cada familia es distinta y las relaciones entre padre e hijos o hijas también.

Tal vez te sorprende la edad de la niña, o más bien ese apego a su papá, el progenitor masculino. Las niñas habitualmente maduran antes que los chicos y se despegan más pronto. Pero muchos niños adolescentes varones de 16 años es corriente que hagan  arrumacos a sus mamás; a todas nos parece algo muy tierno, que pronto va a cambiar.

Pero claro, cuando es al revés, que la niña los haga a su papá, nos parece algo raro. Por una parte, por la madurez más precoz de que te hablaba; por otra, porque nos molesta a los ojos que un hombre esté tan pendiente de su hija. En unos tiempos en que los casos de tocamientos sexuales y conductas equívocas (que siempre han existido) se denuncian y aparecen en los medios de comunicación, se ha producido una atención vigilante con los hijos. Todos los hombres están bajo “sospecha”. Y los hombres que no tienen inclinaciones de este tipo, también se reprimen de abrazar y acariciar a los niños de la familia por el temor de que sus expresiones afectivas sean mal interpretadas por personas ajenas.

Con todo esto te quiero decir que, en principio, no habría que preocuparse. ¿Está inquieta la mamá de la niña? Si no lo está, es que la relación padre-hija se engloba en el comportamiento familiar.

Si cuando viene a vuestra casa, la niña quiere que durmáis los tres, no te niegues. Seguramente será tan incómodo que pronto se va a encontrar extraña y no querrá repetir. Si rechazas de pleno y con palabras esa relación paterno-filial, estarás provocando, sin desearlo, una brecha entre tú y tu compañero. Tu lugar como pareja está bien afianzado. No sufras, porque nadie va a ocupar este sitio entretanto el respeto,  el cariño y el deseo del otro adorne vuestra relación. Todos tenemos nuestro espacio o rinconcito en el corazón de las personas que amamos.

Piensa que un cuerpo de mujer no siempre se corresponde con una madurez de mujer. Tengo un amigo que una vez me comentó, sonriendo: “Cuando mi hija, que con 14 años está tan alta y desarrollada, se me pone encima y me besa y me abraza, casi me pone nervioso”. Somos personas sexuales y no hay que atormentarse por una reacción de este tipo. A los adolescentes y las adolescentes, en su despertar, hay que orientarles, no reprimirles, sus sentimientos.

No obstante, amiga Catalina, si continúas estando intranquila, siempre te queda el recurso de pedir la opinión de un psicólogo. Estás en tu derecho, y en mayor medida si esa consulta contribuye a aclararte la situación. Con eso quiero decir que, si la petición de dormir con papá o la relación de caricias te sigue incomodando, no te lo guardes y lo sufras. Háblalo con alguien que tenga conocimientos suficientes para analizar correctamente la situación. Y después, trátalo con tu pareja, no como un problema, si no lo hay, sino como un modo de comprender y respetar al otro miembro de la pareja.

Un beso,

Calendula

Calendula
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