En el Día Internacional de las Mujeres 2016

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La casa grande de la mujer es aquella en la que te encuentras a gusto, te sientes respetada por las otras mujeres y te llega a manos llenas su solidaridad y comprensión.

La casa pequeña de la mujer es la casita de los chismorreos, de las medias verdades, de los secretos y ocultaciones, de guardar las apariencias.

La casa grande de la mujer tiene mujeres altas, grandes, gigantes, seguras de sí mismas, que cantan a la vida y al amor y dan gracias por todo lo bueno que hay en sus vidas.

La casa pequeña de la mujer es la de la frustración, los complejos de inferioridad, las mezquindades y la envidia por los éxitos de las otras.

La casa grande de la mujer tiene leche a mares, y sonrisas de bebés, y juegos, paseos y cuentos de mil hadas.

La casa pequeña de la mujer no lleva la felicidad a los hijos, porque está repleta de gritos y violencia, con poco o nada de besos ni de abrazos y la tristeza de los que se sienten abandonados.

La casa grande de la mujer es tierna como un pastel recién hecho, humeante, oloroso, que dice “cómeme, cómeme”.

La casa pequeña de la mujer es áspera, exigente, competitiva, “tú eres más que los otros”, si es necesario “pisa y no eches la vista atrás”.

La casa grande de la mujer también tiene hombres, pero sabe distinguir entre los deseos de ellos y lo que ella necesita, para lo cual hay que ser muy mujer y menos insegura.

La casa pequeña de la mujer es la de la renuncia a casi todo, aparentando que no se ha renunciado a nada.

En la casa grande de la mujer se puede ir con zapato plano o de poco tacón y todo el mundo te encuentra atractiva.

En la casa pequeña de la mujer no te sientes tal si no accedes a los deseos de los hombres, que es caminar siempre sobre zancos, vestida con ropa interior sofisticada y mostrarte dispuesta a hacer el amor como si aún existiera comunicación e ilusión. Después se extrañan que no nos apetezca.

En la casa grande de la mujer solo está ella, con su fe, su interior, su dolor y sus aspiraciones. Cuando sepa quién es, podrá salir. Y siempre volverá, porque las casas pequeñas le parecerán demasiado asfixiantes para su gigante ser.

Dedicado a mis amigas Eva, Rosa y Teresa.

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