Las madres solteras o solas tenemos el deber de replantearnos muchas cuestiones a causa de nuestra situación.

Excepto los casos en que las madres solas poseen un buen nivel económico (elección del embarazo o adopción), la mayoría han visto disminuir sus ingresos (separadas, divorciadas) o malviven con un solo sueldo o la ayuda de familiares (madres solteras a causa de un embarazo no programado).

Para nuestros hijos queremos lo mejor.

Para nuestros hijos queremos lo mejor.

¿Qué queremos para nuestros hijos? Lo mejor, claro está. Para ello hay que huir lo más posible de las modas y preparar a nuestros hijos para defenderse de la presión que ejercen compañeros de colegio y mamás en temas de alimentación. La publicidad engañosa está detrás de los nuevos hábitos alimentarios.

La diversidad de familias cada vez es mayor y, en consecuencia, la manera de alimentarse también.

· Familias que comen mucha carne.
· Familias que basan su alimentación en productos congelados o preparados.
· Familias que se alimentan como antaño (muchos vegetales y poca carne).
· Familias que llevan una dieta variada.
· Familias vegetarianas.
· Familias lacto-ovo-vegetarianas.
· Familias que llevan una alimentación macrobiótica.
· Familias que practican la dieta mediterránea.
· Etc.

Veamos qué productos son necesarios para una correcta alimentación, haciendo las debidas correcciones en función del país, el clima y el tipo de alimentación tradicional.

Alimentos básicos.

Alimentos básicos.

Desayuno

La publicidad hace creer a madres y niños que los cereales que se compran en los supermercados en envases súper atractivos son lo mejor de lo mejor. FALSO. No hay que tomarlos diariamente. Contienen demasiados azúcares y grasas. Están muy manipulados. Son caros. Una ingesta correcta y económica consiste en tomar:

· Un producto lácteo (leche, yogur).
· Fruta (en zumo o en pieza).
· Derivados del cereal: Pan, galletas.
· Queso, jamón u otro producto proteico.

A media mañana

No conviene que el niño y el adolescente pasen muchas horas sin comer. Necesitan reforzar el aporte calórico. A media mañana tomarán un bocadillo, un yogur o fruta, según sus apetencias y edad. Descartar la bollería industrial, los zumos envasados y los aperitivos salados.

Comida del mediodía

A escoger un producto de cada uno de los siguientes grupos:

· Hidratos de carbono: arroz, legumbres, pasta, patatas, pan.
· Verdura: como plato o en guarnición.
· Proteínas: carnes, pescado o huevos.
· Postre: fruta, yogur o leche.

La verdura es muy necesaria. Aunque al niño no le apetezca la ensalada, deberá tomar cada día un poco. La mamá o quien esté a su cargo durante la comida o la cena, le pondrá unas hojitas de ensalada o unos cortes de tomate. Una cantidad simbólica. La decisión de la madre le hará comprender que se tiene que acostumbrar. A menudo, la resistencia a ingerir verdura es porque las mamás se rinden fácilmente o porque los otros hermanos (mayores o menores) y los compañeros de colegio dicen “¿verdura?, aaajjjjjjj, qué asco.”

Comida basura.

Comida basura.

Si transigimos ante los caprichos del niño, que sólo come sin protestar cuando le damos patatas fritas, hamburguesa o pizza (publicidad engañosa), crearemos un ser inadaptado y mal alimentado. Lo que no gusta, acabará gustando si toma un poquito cada vez.

Merienda

Bastan un lácteo, o una fruta, o un bocadillo. Preferible que el bocadillo sea de embutido magro, sardinas en aceite, atún o queso, pero de vez en cuando se puede alternar con embutidos más grasos: chorizo y salchichón. Descartar la toma diaria de bollería, por su contenido en grasas.

Cena

La cena puede consistir en un plato combinado compuesto de proteína animal, acompañado de verdura o ensalada o bien de hidratos de carbono (patatas, pasta). Otra opción consiste en un primer plato de sopa o puré de verduras o legumbres, y un segundo de proteína. De postre, fruta fresca, o yogur o leche.

Actitud de la madre

Las madres solteras, ante la ausencia de otros familiares, debemos dedicar más tiempo a nuestros hijos. Es la ventaja de vivir solas con ellos. Hablamos y nos comunicamos más. El niño y la niña se sienten más próximos a nosotras. Claro que es cansado que siempre requieran nuestra atención, pero con el paso de los años lo que parece un grave desequilibrio se convierte en una gran suerte.

Cocinar es un juego de niños.

Cocinar es un juego de niños.

En consecuencia, debemos incorporar al hijo a nuestro lugar de trabajo del hogar, para que lo tengamos cerca. Por ejemplo, la cocina. Dejemos que el niño participe un ratito en preparar la comida junto a nosotras. Para él, será un juego, pero al mismo tiempo aprenderá a comprender y sentir como suyo un alimento que, cuando la madre lo coloca en la mesa y le dice: “empieza a comer, y rápido, que se te enfría”, quizás él rechaza porque desconoce qué aspecto tenía antes del proceso de elaboración. Conocer es querer.

Educar en la cocina

Si las escuelas no educan sobre alimentación y salud, las madres podemos hacerlo a partir de los conocimientos que hemos heredado de nuestra familia. Hay mucha sabiduría en la tradición culinaria. Si, además, nos preocupamos de estar bien informadas, vamos a convertirnos en excelentes profesoras de nuestros hijos.

¡Salud!