Dos de ellas son madres solteras y la tercera ayuda a su marido.

Mujeres constructoras de Iguazú.

Mujeres constructoras de Iguazú.


Transcripción del artículo publicado por el digital La Voz de Cataratas con fecha 1 de octubre de 2010.

Mujeres constructoras

Adriana Vázquez, Alejandra Pacheco y María Nélida son tres mujeres albañiles, nacidas en los barrios de Iguazú. Actualmente trabajan en la construcción del futuro Centro Integral Comunitario. Pase y mire lo que las constructoras contaron a Lavozdecataratas.

En Iguazú tres mujeres decidieron ingresar al mundo de la construcción para llevar el sustento a sus familias. Dos de ellas por estar en la circunstancia de madres solteras, y la tercera para ayudar a su marido. Cada una reconoce que el universo en donde trabajan es de los hombres, pero a la vez cuentan que supieron ganarse el respeto demostrando capacidad, constancia, y fortaleza “trabajando a la par”. Las tres nacieron en Iguazú, pasaron por empleo doméstico y la hotelería, y hoy se encuentran como compañeras en la obra del futuro Centro Integral Comunitario.

Adriana Vázquez tiene 38 años de edad. Está separada, y madre de siete hijos, de los cuales cinco están bajo su responsabilidad exclusiva. Hace nueve meses que los cría, alimenta y envía a la escuela por su cuenta.  Ingresó a la obra  del CIC en abril, como ayudante de albañil. Es la primera vez que trabaja en una obra, anteriormente lo hacia en hoteles.

“La primera semana que entre acá en la obra me mandaron a la cocina. Después de eso, pedí para ayudar en la obra, y aceptaron que les ayude. El lunes pasado, por ejemplo, tuvimos que entrar a las cinco de la mañana para poder comenzar a cargar la loza, eso fue difícil, venir temprano cuando todo estaba oscuro a trabajar entre los hombres, pero dimos con la suerte de que nuestros compañeros son muy amables y educados, y eso es lo más importante para toda mujer en este trabajo”, contó a Lavozdecataratas Adriana, quien decidió ingresar a este tipo de trabajo, porque como empleada doméstica “no se gana bien” y porque quería aprender un oficio.

Las tres reconocen que el comienzo fue muy difícil. La falta de experiencia, coincidieron, fue lo más costoso. Sin embargo, con empeño, atención, y humildad, aprendieron a desarrollar cualquiera de los trabajos de ayudante de albañilería que antes eran solo hechos por hombres en nuestra ciudad. Hoy, muy contentas, agradecen la posibilidad de aprender un oficio, que incluye tareas como revoque, colocar ladrillos para levantar una pared, y hacer un contrapiso.

Alejandra Pacheco tiene 21 años. Es madre soltera de un niño de un año y medio, actualmente realiza tareas livianas en la obra por estar embarazada de tres meses. Desde que ingresó a la obra se desempeñó como ayudante de albañil, colaborando con su tío quien también es empleado en esa misma obra. Alejandra cuenta que un día normal de trabajo consiste en ingresar a las siete de la mañana, retirar las herramientas del galpón,  y desarrollar las tareas que tienen programadas de antemano por la dirección de la obra. “Todos ya sabemos qué es lo que tenemos que hacer, y si nos quedó algo pendiente lo terminamos inmediatamente temprano en la mañana. Y las tareas pueden puede ser  levantar paredes, hacer contrapiso, preparar la mezcla, acarrear ladrillos, y de todo un poco, pero por mi estado por ahora estoy ayudando en la cocina”, explica a Lavozdecataratas Alejandra.

María Nélida López tiene 39 años. Vive con su marido y dos hijos pequeños. Es soldadora en la obra, y realiza tareas un poco más arriesgadas que sus pares, sin embargo comenta que “no tendría problema en hacer de ayudante de albañil tampoco”. María contó al comienzo sintió un poco el machismo típico de la zona, pero después logró que los hombres se acostumbraran a verla trabajar a la par de ellos, y así logró aceptación.

“Antes trabajé en hotelería y en comercios, y en esos trabajos tenía horarios para entrar y no siempre se tenía horario para salir,  y tenía que trabajar sin descansar en feriados y fines de semana. Y la diferencia con la construcción es que acá cumplimos nuestro horario y nos podemos ir,  sólo en caso que uno quiera, puede venir a trabajar un sábado o un día feriado”, contó María, que cansada de ver como sus hijos crecían sin darse cuenta, trabajando día y noche sin horarios eligió trabajar en un “trabajo de hombres”, para “no perder más la crianza de los hijos”.

Todas coincidieron en que lo más importante de realizar este tipo de tareas es el haber logrado la oportunidad de aprender. Admitieron, también, que al comienzo fue muy difícil no sólo por el esfuerzo físico al que no estaban acostumbradas, sino también por tener que resignar la vanidad propia de una mujer. “Salís con las manos llenas de cemento, el pelo sucio, la ropa también, andas así por la calle, y es algo que tratamos de aguantarnos porque es como en cualquier trabajo. Pero también nuestros compañeros suelen desconocernos cuando nos ven en otro lugar todas arregladas, como queremos andar las mujeres”, ríen las féminas constructoras de Iguazú.

Calendula
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