Una mañana de un día laborable (tres o cuatro años atrás) estaba sentada en el primer banco del primer vagón del metro. Sobre las ocho y cuarto, todo el mundo va muy apretujado. Cerca de mí, me pareció que un chico se arrimaba excesivamente a una chica. Quizás son novios, pensé. Pero hay algo, siempre hay algo, que escapa a nuestro consciente, pero no a nuestro inconsciente. El corazón me empezó a latir más fuerte. Objetivamente, no pasaba nada. Pero el lenguaje corporal de aquella pareja acababa de disparar mi alarma interior. Hay que dejar que la intuición se exprese libremente y nunca acallarla.

Adolescentes viajan en transporte público.

Adolescentes viajan en transporte público.

Llevaba un paraguas tradicional en la mano. Fuera, llovía. Sujeté el paraguas por el extremo puntiagudo, lo introduje entre el pasaje, y con el puño curvado en forma de gancho agarré y tiré fuerte de la pierna del chico. Éste se movió. La chica permaneció quieta. No se hablaron. Ni una palabra para indicar que sucedía algo. Atraje lentamente el paraguas hacia mí y lo coloqué de nuevo junto a mi pierna. Por un momento, volví a dudar. Vaya jugarreta, pensé. Me he extralimitado.

Segundos después, se abrieron las puertas del vagón. El rellano de la primera puerta quedó prácticamente vacío. El chico desapareció. Ajena a todo lo que había sucedido, la chica se desplazó hacia donde estaba yo sentada. Me puse de pié y le pregunté: “¿Te estaba tocando, no es así?”. Cabizbaja, me respondió “sí”. “Nunca permitas que un hombre te toque sin tu consentimiento”, le dije. Yo también me había muerto de vergüenza, sudando de miedo y aguantando como una mártir, sin comprender, a una mierda de hombre que me estaba metiendo mano. “Dale un porrazo. Da igual que él arremeta contra ti diciendo en voz alta ‘oye, tu no te pases, que yo no te hacía nada, vaya con la chica ésta, ¡tendrás cara!’. Defiéndete de estos asquerosos. Las otras mujeres vendremos a ayudarte. Y suponiendo que no vengamos, planta cara al agresor. Tú sola te bastas”.

Miles de veces, a diario, en el transporte público, a la salida de las escuelas, etc., exhibicionistas y todo tipo de enfermos mentales o sexuales acechan a niñas y adolescentes con total impunidad. La historia del metro que os acabo de contar es una historia de poca monta, no una insignificancia, que quede claro, porque tiene su gravedad. Cualquier tocamiento no consentido o efectuado por una persona que abusa de su autoridad sobre nosotras, es una aberración y merece ser denunciada. Ahora bien, si la comparamos con agresiones realmente violentas y denigrantes para la dignidad de la mujer, que se dan en el entorno habitual (familiar, vecindario, escuelas, centros deportivos, centros religiosos, etc.), no bastan cuatro gritos, ni un golpe con la mochila, ni alejarse corriendo del sujeto en cuestión.

Las asociaciones de mujeres están para ayudarnos.

En otoño de 2007 se presentó en Madrid una guía para prevenir las agresiones sexuales entre adolescentes, con el título “Eres la dueña de tu cuerpo”.

Es tal la gravedad del acoso, tocamientos y agresiones sexuales que se producen entre niñas y adolescentes, que la Asociación de Asistencia a Mujeres Violadas, como una más de las asociaciones de mujeres que luchan por combatir esta situación, ha encabezado el acto público de dar a conocer este libro.

Adolescentes, jóvenes, madres, profesores, médicos, políticos, jueces, etc., tendrían que conocer al dedillo las bajezas por las que pasamos las mujeres. Y dar soluciones. Empecemos a actuar desde nuestra posición, sea pública o privada. Las agresiones sexuales casi siempre se dan entre conocidos o allegados a la víctima. Las estadísticas lo confirman, por si alguna vez hubo alguna duda. Existen mujeres que permiten y encubren a sus maridos: tocadores y violadores de sus hijas, de las amigas de sus hijas, y de todas cuantas se les acerquen. A menudo la agresión sexual se da entre niñas y adolescentes de familias con menor poder adquisitivo, con preferencia sobre las llamémoslas ricas. El agresor selecciona a sus víctimas. Una familia con cultura y buen nivel económico puede constituir una amenaza: tiene medios y contactos para llevarle a juicio.

En el libro “Eres la dueña de tu cuerpo” se explican algunos trucos para detectar posibles situaciones de peligro. Y se enseña, asimismo, a las adolescentes el concepto de asertividad. Este concepto que ahora está de moda en los medios de comunicación, y sobre el cual se dan cursos en las empresas, consiste en saber defender tus derechos y no someterte a la voluntad de otra persona; no agredir ni permitir ser agredida. Ahora bien, si te encuentras ante una situación violenta, la asertividad no suele ser eficaz. La asertividad es útil, sobre todo, en las relaciones humanas corrientes.