"La Petite Bonne de Campagne", de Camile Pissarro (1830-1903). The National Gallery.

"La Petite Bonne de Campagne", de Camile Pissarro (1830-1903). The National Gallery.

He aquí una historia real, sacada íntegramente del libro Bajo techo ajeno, editado por la ONG Save The Children en 2006: las petites bonnes del norte de África.

Las petites bonnes (pequeñas criadas) son niñas que trabajan como esclavas en el servicio doméstico en Marruecos. Niñas con jornadas de 14 a 16 horas. En la familia donde viven, son las primeras en levantarse y las últimas en acostarse. Alejadas de sus familiares, conocen los gritos, los golpes y el desprecio. Nadie les habla, nadie les escucha. No tienen derecho a la infancia. 66.000 niñas se hallan en esta situación.

Petites bonnes en su trabajo diario.

Petites bonnes en su trabajo diario.

IKRAM

“Esta escalera no termina nunca, cada escalón se hace más grande que el otro… Cierro los ojos y es como si cayera, me duele todo el cuerpo, hace calor pero tengo frío, las manos me queman, los ojos me arden, pero tengo que limpiar bien cada rincón de cada escalón, si no la señora me va a pegar.

* * *

Me fui de casa hace mucho tiempo. Era muy pequeña, tenía 8 años. Ahora tengo 12. Me fui porque no estaba nada bien ahí: mi padre es el que manda y se enoja mucho cuando las cosas no van como él quiere; mi madre sufre y no puede decir nada. Mi padre tiene otra mujer y muchos hijos. A nosotras, las niñas, nos trata mal. Con los niños es diferente, pueden ir a la escuela, los prefiere. En cambio, las chicas no le importamos. Así que en cuanto pude, me fui.

Me fui con un señor que llegó un día al pueblo con un coche grande y bonito. Era un hombre del pueblo que había tenido mucho éxito en la gran ciudad, y venía buscando a niñas que quisieran trabajar allí. Decía que ahí la vida era mejor, “muchas oportunidades”, “buenos maridos”, venía con una chica toda bien vestida y decía, mira qué bien se puede estar en la ciudad. Yo fui la primera en decidir que iba, luego vinieron otras tres niñas en el coche. Llegamos a la ciudad y nunca más las vi.

* * *

Una vez llamaron a la puerta dos mujeres muy amables. Me saludaron y pidieron hablar con la señora. Pensé qué raro que me saluden, nunca lo hace nadie. Vino la señora e hizo una señal, la misma que hace a los perros, para que me fuera. Pero como se puede oír un poco desde la cocina, oí que aquellas mujeres le dijeron que eran de una asociación y le preguntaban sobre mí. La señora no estaba muy contenta de responder. Hablaron algo de aprender a leer y escribir, y si la señora quería enviarme algunas horas por semana a un lugar. La señora les dijo que no, que a mí no me hacía falta aprender esas cosas, que una “petite bonne” no necesita saber esas cosas, ya sabe todo lo que tiene que saber. Y adiós.

* * *

Ya estuve en unas cuatro o cinco casas diferentes. Todas iguales. Trabajar, trabajar, trabajar todos los días, sin descanso. Ser la primera en despertarme, la última en acostarme. Siempre vigilada, encerrada. Tener controlada hasta la cantidad de agua que uso, poder ducharme sólo a veces, comer las sobras, vestir trapos, dormir sobre el suelo en la cocina. Estar sola siempre, todos los días. Los perros son los únicos que me saludan.

No he visto a mis padres desde que me fui. Nadie nunca me buscó, nadie se preocupó por mí, ni siquiera en fiestas han aparecido, o enviado a alguien del pueblo. Sé que mi madre quiere saber dónde estoy, pero no puede decir nada. Es mi padre quien manda y mi madre calla. No tengo más familia.

* * *

Le he pedido a la señora que, por favor, me pague. Al principio había dicho que me pagaría pero desde que trabajo aquí no he recibido nada, y de eso ya hace varios meses. Dice que ya me da techo y comida, que qué más puedo querer. Le dije que si no me pagaba me voy. Entonces me tiró de los pelos y me amenazó con que si me voy, me denunciaría a la policía, diciéndoles que la robé y me fui con el dinero.

* * *

Sudo, tiemblo, tengo frío, pero no puedo parar. Me duele, me queman las manos, esta escalera es interminable, y creo que está sonando el timbre, ya están llegando los invitados.

Me voy. No sé adonde, no puedo volver a mi casa, no quiero trabajar en otra casa de éstas, no sé qué hacer, pero de esta casa me voy.

Sólo quisiera que todo esto acabe.”