‘El típico acosador es una persona hiperadaptada’
Por Carolina Escudero
Publicado en Artemisa Noticias
11 de noviembre de 2009

Hirigoyen es médica psiquiatra, psicoanalista y psicoterapeuta de familia especializada en la terapia del acoso moral o acoso psicológico. Se formó en victimología en Francia y en Estados Unidos. Es una de las expertas más reconocidas a nivel mundial sobre acoso moral.

En 1995 publicó en Francia una memoria titulada La destrucción moral, las víctimas de los perversos narcisistas. Centrando entonces su investigación en la violencia psicológica, en 1998 divulgó el ensayo El acoso moral, el maltrato sicológico en la vida cotidiana, que se tradujo posteriormente a 24 idiomas. A ésta le siguieron otras obras que también tuvieron una gran llegada a la sociedad –El acoso moral en el trabajo, Mujeres maltratadas y Las nuevas soledades-.

Marie France Hirigoyen.

Marie France Hirigoyen.

En entrevista con Artemisa Noticias, Marie France Hirigoyen cuenta sobre sus experiencias con los lectores y adelanta sus nuevos trabajos.

– Después de las investigaciones que lleva realizadas: ¿considera que las mujeres son el blanco del acoso?

– En general las mujeres son más a menudo víctimas del acoso que los hombres por varias razones. Puede estar relacionado con el machismo habitual: hay comportamientos que los hombres sólo permiten tenerlos con una mujer y no con otro hombre. Por otra parte, las mujeres ocupan lugares subalternos en sus  profesiones, donde tienen menos oportunidades de defenderse. Además, es muy común que una mujer que se niega al acoso sexual sea posteriormente objeto de acoso moral (me refiero al libro de Juan José Millás Hay algo que no es como me dicen). Hablamos poco sobre ello porque las mujeres no se atreven a hablar. Por último, muchas mujeres no se atreven a defenderse. No criamos a nuestras niñas como criamos a nuestros niños. A los niños les decimos ‘¡Defiéndete, no lo dejes! Y a las niñas les decimos ‘Sé agradable, sé comprensiva’. Las mujeres no se atreven a hablar sobre un comportamiento que les desagrada, no se atreven a poner límites.

-¿Cree que con toda la información disponible y los programas que tienen por objeto proporcionar información sobre la violencia, las víctimas pueden reconocer en el corto plazo a un perverso?

– Cualquiera puede ser víctima de acoso. No sólo los más frágiles. Todo depende del contexto. Sin embargo, hay personas que son más resistentes que otras porque tienen una buena autoestima, tienen confianza en sí mismas y no han sufrido un trauma en su infancia.

– El perverso, de acuerdo con sus descripciones, es una persona que quiere detentar el poder y que no duda en utilizar a otros. ¿Estas personas tienen, en general, un lugar de poder o lo generan?

– El ejemplo típico del acosador es el narcisista perverso, es decir, una persona hiper adaptada a la sociedad en la que vivimos, y especialmente al mundo de los negocios. Lo que importa en nuestro tiempo es el éxito inmediato, es la buena imagen, los precios de las acciones del día siguiente, aunque en el largo plazo esto lleve a la empresa a la ruina. Este individuo desarrolló su inteligencia a expensas de lo emocional y no tiene escrúpulos en manipular a alguien o en despedir personal. Lo que le importa es el poder y, de paso, el dinero. Esto no es una enfermedad psiquiátrica en el sentido de que estas personas no sufren, aunque sí hacen sufrir a otros.

Además de esto, algunas personas pueden, incluso si no son perversas, tener un comportamiento perverso en ciertos contextos, por ejemplo, si se sienten amenazados, o simplemente porque carecen de la capacidad para dirigir un equipo. También puede ser el caso de un obsesivo, muy cuidadoso, que no admite la culpa, y hasta puede tornarse agresivo. En este caso, no son necesariamente maliciosas las intenciones. Tercera posibilidad, los que no pueden manejar el estrés y lo transmiten a sus empleados.

– En una entrevista realizada por el diario La Vanguardia, usted precisaba que el agresor se dedica hacerle sentir al otro que es alguien incompetente, y esto hiere mucho al orgullo del otro. Por lo tanto, si alguien ve una actitud perversa, debería informarlo, hacerlo saber. Sin embargo, ¿considera que la víctima siempre esta predispuesta a comunicarlo o a buscar ayuda de inmediato?

– Una vez que sentimos que sufrimos, tenemos que ser capaces de hablar con alguien. De esta forma se puede observar si lo que vio  y vivenció era algo normal o si era realmente el acoso. Si lo observamos solos no podemos tomar distancia del hecho. En Francia, por desgracia, las víctimas no siempre saben a quién recurrir. De hecho, pueden acudir a las asociaciones, pero a menudo están sobrecargadas, o a los consultorios de enfermedades profesionales en algunos hospitales, pero hay muy pocos. De lo contrario, el médico laboral y el departamento de recursos humanos se supone que deben ser buenos interlocutores. Es importante no recurrir rápidamente a la justicia, primero es importante informarse acerca de los derechos con los que contamos ya sea a través de los inspectores laborales, de un sindicato o de un abogado. Y sobre todo, no quedarse solo en todo esto.

-El acoso moral y el acoso sexual pueden llegar a ser confundidos en algunos casos por la víctima. ¿Qué tipo de recomendación daría a los comunicadores y psicólogos para aclarar concretamente la división?

– El acoso moral y el acoso sexual son dos caras de un mismo proceso de abuso. En ambos casos, el abusador usa al otro como un objeto para afirmar su posición de poder para dominar. Se trata en ambos casos de procesos abusivos, no deseados. Cada vez que esto sucede, la persona objeto de dichas acciones debe preguntarse: ‘¿Este comportamiento tiene que ver conmigo? Si la persona no puede hacer esta separación, es porque está bajo control y no sabe qué pensar, entonces le corresponde a los psicólogos ayudarla a analizar la situación.

-¿Considera usted que el pretexto de ‘tolerancia’ se puede hacer más visible en sociedades donde la creencia religiosa tiene una mayor influencia?

– El desarrollo del acoso en todo el mundo no tiene nada que ver con las creencias religiosas de una sociedad. Está  mucho más ligado al cambio de la sociedad bajo la influencia del cambio en el mundo del trabajo. Es cierto que los métodos actuales de ‘management’ basados en la búsqueda del rendimiento provocan la aparición del acoso al causar estrés y por falta de consideración a los empleados. Les pedimos a los empleados ser hiper-adaptables, competentes en todo momento y no admitimos la menor debilidad. Todos estos factores no son acoso como tal, sino que están preparando la base del acoso.

-¿Qué tipo de cartas o preguntas recibe normalmente por parte de sus lectores?

– He recibido miles de cartas de personas que me agradecen, que dicen que mis libros les sirvieron para ver más claro, ayudaron para ponerle palabras a una situación que habían experimentado. A menudo dicen: ‘¡Usted ha contado mi historia!’

-¿Está escribiendo otro libro?

– Hace poco escribí otro libro que describe la sociedad narcisista e individualista, donde estamos, Las nuevas soledades, y ahora estoy trabajando en otro llamado ¿Verdad o mentira?, un título provisional.