Para brindar herramientas a las mujeres dedicadas al trabajo en casas de familia, se dictará un curso de capacitación el 28 de julio en Paraná. Entre los módulos a abordar figuran: Derecho Ciudadano, Autoestima, Primeros Auxilios, Salud Laboral, Preparación de Alimentos, Seguridad y Manejo de Electrodomésticos.

Las clases son libres y gratuitas y las interesadas podrán inscribirse en calle Tucumán 278 (sede de la CTA) de 9.30 a 20.00 y en Andrés Pazos 35 de 8.00 a 13.00 y de 18.00 a 21.00. Otro taller: “Aprender a reciclar”, comenzó ayer en la sede de la CTA Paraná.

Transcripción de la noticia publicada por el digital Argenpress con fecha 22 de julio de 2010.

Argentina, Entre Ríos: Empleadas en casas de familia, 8 de cada 10 son sostén de hogar

EL DIARIO DE PARANA – ACTA

Se calcula que en la provincia de Entre Ríos alrededor de 20.000 personas trabajan en casas de familias. El 80% de ellas se hace cargo de los gastos de su hogar por ser madres solteras o mujeres separadas con hijos. El 80% de las empleadas son jefes de familia (es decir que con el ingreso sostienen a su hogar), el nivel del blanqueo se ubica entre el 30% y el 40% y las exigencias de los empleadores son cada vez más elevadas.

Parque nuevo. Paraná.

Parque nuevo. Paraná.

Manuela Muñoz, secretaria general del Sindicato de Empleadas en Casa de Familia de Entre Ríos-CTA, señalo que la situación de precariedad del sector se explica en buena parte en la falta de reconocimiento del oficio por parte del empleador. Asegura que el trabajador no es considerado como un servicio más, que se debe abonar como cualquier otro, remarca.

La contratación más usual es por cuatro horas diarias de lunes a sábado con un sueldo de $673,78 por mes, mientras que el salario más alto es con cama: 1.347,56 pesos mensuales. Ambas pagas figuran en la escala salarial fijada en noviembre de 2009 por la Nación. En tanto, el valor por hora está -según esa escala– en $10.27, aunque Muñoz indico que en Paraná se está cobrando entre ese monto y los $12. Es que todo depende del trabajo, dijo y aclaro que la escala es el piso mínimo.

Dora ahora tiene 52 años y sigue trabajando en casas de familia. Dice que hoy día las tareas son más fáciles y lo compara con lo que ocurría hace 40 años: “Los pisos se lavaban agachada, de rodillas, con una esponja”.

Dora tiene 52 años y hace 43 que es empleada doméstica. Empezó a los 9 años, cuando debió salir a trabajar para aportar al sustento de una familia de nueve hermanos.

“Vivíamos en una zona de María Grande muy apartada del centro y tenía que ir caminando a las 7 de la mañana a trabajar. Eso es algo que me quedó para toda la vida porque se me congelaban las manos y no me daban el desayuno hasta que no terminaba de lavar esos baños enormes. Así que yo lloraba mientras lavaba los baños”, relata esa parte de su historia situada en plena niñez.

A poco de cumplir los diez años empezó a cuidar una nena de dos años y después –con la aprobación de su madre– se fue a trabajar a Concordia a una casa de familia.

Alude a esos tiempos, como épocas duras, de mucho trabajo. “Había que hacer todo. Recuerdo que me tocaba lavar los pisos agachadas, de rodillas, con una esponja” dice y explica que, por ejemplo, con tan pocos años de edad tenía que limpiar casas amplísimas, cuidar familias enteras, ancianos y “criar chicos que me llegaron a decir ‘mama’”.

Ahora, en cambio, las tareas son más llevaderas, más fáciles, apunta y menciona el lavarropas automático, los pisos que con pasarle una vez el trapo quedan impecables, la elaboración de comidas con la facilidad de acceso a los alimentos.

De los más de 40 años de trabajo, tiene cinco años de aportes sociales (jubilación, obra social). Actualmente, trabaja cuatro horas por día y percibe un salario de $ 600 en la mano, aparte del pago del colectivo y los aportes de ley.

Durante estos años, estudió diseño de ropa e hizo una serie de cursos; pero sigue trabajando de empleada doméstica. “No es deshonra trabajar en esto; pero uno siempre quiere cambiar. Eso le digo a mi hija que tiene un nene y que también trabaja en casas de familia. Pero no consigue otra cosa”, asegura, por último.

Estudio y trabajo

Poder conseguir otro empleo es difícil en Paraná. Eso dice Marcela, de 28 años, que se ocupa de limpiar casas ajenas desde los 12 años. Es que “siempre piden antecedentes y si uno ha trabajado en esto, no tiene otros”, afirma para añadir que una vez que pasaron los años, se torna más escabroso acceder a un puesto, por ejemplo, en un comercio, una farmacia.

Marcela se inició en el oficio ayudándola a su mamá y luego ocupó su lugar cuando ella se retiró. “Y ahí ya nunca paré”, cuenta y dice que de esa forma pudo estudiar: le falta un año para completar la Licenciatura en accidentología Vial, carrera que se dicta en la Universidad Autónoma de Entre Ríos (Uader).

La joven vive en barrio Base Aérea y por esto días trabaja de mañana y de tarde: “Sino la plata no alcanza”, afirma. En sintonía opina Ivana de 26 años. Comenzó a desandar el oficio a los 14 años como niñera y cuando terminó la secundaria empezó a tomar casas de familia. “Siempre tuve entre cuatro y cinco casas por cuestiones económicas, ahora me quedé con dos porque estoy embarazada”, comenta, Ivana de barrio Predolini.

Las mujeres consultadas coinciden en que con los años el trabajo marca la salud: empiezan a doler los huesos, principalmente las manos y la columna, y el cuerpo empieza a no responder, expresan.

Limpiar, cocinar, cuidar a los chicos, lavar, planchar, lustrar zapatos, pegar un botón, hacer las compras son algunas de las tantas tareas de una familia que en miles de caso quedan en manos de un empleado doméstica. Según los datos que maneja la organización gremial en el mundo existen 100 millones de trabajadoras domésticas, 1.2 millones en Argentina y unas 20 mil en Entre Ríos.

En Entre Ríos, la situación del sector se describió así: el 80% de las empleadas son jefes de familias (es decir que con el ingreso sostienen a su hogar), el nivel del blanqueo se ubica entre el 30% y el 40% y las exigencias de los empleadores son cada vez más elevadas. Por ejemplo, piden el secundario completo, hay casos que solicitan el conocimiento de algún idioma, una foto de cuerpo entero y hay quiénes prefieren una persona que no “sea morocha”, informa Manuela Muñoz, secretaria general del Sindicato de Empleadas en Casa de Familia de Entre Ríos.

El trabajo concentra a mujeres, aunque también hay hombres. La mayoría llega a la actividad porque “es lo primero que está a mano”, dice Muñoz y señala que hay hijas que heredan el puesto de su madre, jóvenes que limpian una casa o cuidan niños para costear sus estudios y mujeres que en determinado momento necesitan tener un ingreso y carecen otras opciones laborales.

Para la dirigente, la situación de precariedad del sector se explica en buena parte en la falta de reconocimiento del oficio por parte del empleador. Asegura que el trabajo no es considerado como un servicio más, que se debe abonar como cualquier otro remarca.

De paga y blanqueo

La contratación más usual es por cuatro horas diarias de lunes a sábado con un sueldo de $673,78 por mes, mientras que el salario más alto es con cama: 1.347,56 pesos mensuales. Ambas pagas figuran en la escala salarial fijada en Noviembre de 2.009. En tanto, el valor por hora está, según esa escala en $10,27 la hora, aunque Muñoz indicó que en Paraná se está cobrando entre ese monto y los $12. Es que todo depende del trabajo, dijo y aclaró que la escala es el piso mínimo.

El Sindicato Empleadas en Casas de Familia de Entre Ríos empezó a conformarse hace cuatro años y trabaja codo a codo junto con la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA).

Tiene más de 400 afiliadas y de ese número un 30%-40% están blanqueadas, dice la secretaria general, quién destaca la siguiente situación del grupo registrado: “No cobran lo que deberían porque no tenemos un recibo de sueldo que especifique la cantidad de horas que efectivamente se trabajan y la actividad. Entonces lo que hace el empleador, a la hora de pagar el aporte, es abonar más de 16 horas, no tienen que especificar lo que están pagando, y ahí viene el abuso. Por eso queremos un recibo de sueldo como cualquier otro trabajador con todas las especificaciones necesarias. Tampoco el comprobante de pago que hoy día recibe una empleada les permite sacar créditos. Con ese formulario nos hacen el aporte, queremos que todo eso cambie”.

El 80% de las empleadas son jefas de familias, es decir que el ingreso principal al hogares lo que ganan y lo que suelen cobrar no alcanza para mantener una casa, reflexiona Muñoz y dice que generalmente se trata de madres solteras y mujeres separadas cuyos esposos se olvidan de la manutención de los hijos.

Así las cosas, el objetivo primordial del sector es lograr el pago del salario correspondiente y los demás derechos por parte del patrón. “Si el empleador reconociera nuestro trabajo, si nos reconociera como persona trabajadora, que estamos cumpliendo una tarea determinada, que es un empleo como cualquier otro”, el panorama sería otro, según Muñoz.

En ese aspecto, que la dirigente atribuyó a una tarea de concientización, y en el avance de un proyecto de ley que esboza un nuevo marco regulatorio para el sector. Actualmente, la iniciativa está en debate en la Comisión familia de la Cámara de Diputados del Congreso de la Nación.

Para brindar herramientas a las mujeres dedicadas al trabajo en casas de familia, se dictará un curso de capacitación el 28 de julio en Paraná. Entre los módulos a abordar figuran: Derecho Ciudadano, Autoestima, Primeros Auxilios, Salud Laboral, Preparación de Alimentos, Seguridad y Manejo de Electrodomésticos.

Las clases son libres y gratuitas y las interesadas podrán inscribirse en calle Tucumán 278 (sede de la CTA) de 9.30 a 20.00 y en Andrés Pazos 35 de 8.00 a 13.00 y de 18.00 a 21.00.

Otro taller: “Aprender a reciclar”, comenzó ayer en la sede de la CTA Paraná.

El dato

1956 es el año en que el Gobierno nacional emitió un decreto ley Nº 326 para regular el trabajo de la empleada doméstica. Desde entonces es la única norma referida a la actividad.

En marzo de este año, el Ejecutivo nacional elevó un proyecto de ley ampliando los derechos del personal doméstico. Por ejemplo, eleva al doble la indemnización por despido y fija en tres meses la licencia por maternidad.

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