Los pediatras deben transmitir sus conocimientos no sólo personal e individualmente a los padres y tutores, actividad imprescindible en la relación del médico con sus pacientes; también debería escribir normas sencillas para distribuir en su consulta.

Transcripción del artículo publicado por el digital El Mundo con fecha 9 de agosto de 2010.

‘Doctor, ¡Infórmeme por favor!’

Por el Dr. Juan Casado

Además de curar, para lo que es imprescindible diagnosticar previamente el origen de los síntomas, el médico en general y el pediatra en particular, deben explicar al paciente o a sus familiares las causas y consecuencias y no sólo el tratamiento de la enfermedad. Cada consulta debería servir también para hacer educación sanitaria, es decir, para explicar cómo prevenir una enfermedad en concreto, qué significado tiene cada síntoma, cuál de éstos es útil y cuál pernicioso. También debería servir para aclarar cómo realizar la alimentación, detectar los trastornos de conducta y del aprendizaje, las carencias sensoriales o cómo prevenir los accidentes en cada edad pediátrica.

Médico en su consulta.

Médico en su consulta.

El pediatra tiene el conocimiento de todos los aspectos relacionados con la salud y la enfermedad del niño. Los padres tienen avidez por conocer esta información porque tienen y sienten verdadera necesidad de aplicarla a los seres que más quieren, sus hijos. Sin embargo los médicos en general y los pediatras en particular no transmiten información suficiente o adecuada, unas veces por falta de tiempo, otras porque carecen del entrenamiento necesario para explicar con palabras sencillas lo que ellos piensan con palabras complejas o llenas de tecnicismos y otras sencillamente porque piensan que no es tan necesaria. Muchos médicos hablan un lenguaje ininteligible para los no médicos, en consecuencia es como si no hablaran, aunque ellos piensen que se han expresado con claridad. Esto es especialmente cierto cuando el médico informa sobre alguna situación grave o tratamiento complejo, situación en los que lógicamente los padres están psicológica y afectivamente bloqueados. Como el conocimiento está para transmitirlo, también el relacionado con la salud y la enfermedad de los niños, éste debe ser transmitidos por aquellos que lo poseen, los pediatras. Esta función es casi tan importante como curar porque previene muchas carencias y enfermedades, alivia tensiones y aplaca el sufrimiento.

Para los padres, conocer las causas y consecuencias de los síntomas o de la enfermedad de su hijo es vital, por ello cuando no las obtienen de su médico, las buscan desesperadamente donde pueden; unos preguntando a sus familiares, amigos o vecinos; otros buscando en libros o manuales de los que desgraciadamente hay pocos actuales. Algunos acuden a búsquedas electrónicas, Google o similares, en donde efectivamente se encuentra todo tipo de información al respecto, desde científica, adecuada y contrastada hasta información basada en opiniones, unas veces sensatas, otras insensatas, incluso peligrosas. Por todo ello el pediatra, como depositario del conocimiento relativo a la enfermedad y la salud de los niños, debe cubrir esta necesidad de información a los padres. También debe entrenar al resto de las personas interesadas por la salud de los niños: enfermeras, maestros, cuidadores de guardería, abuelos.

Los pediatras deben transmitir sus conocimientos no sólo personal e individualmente a los padres y tutores, actividad imprescindible en la relación del médico con sus pacientes; también debería escribir normas sencillas para distribuir en su consulta. Éstas deberían ser relativas al control de los síntomas o al tratamiento de las patologías más comunes, como la fiebre, tos, diarrea, estreñimiento, etc. También debería aclararse la prevención de enfermedades frecuentes como estreñimiento, obesidad, accidentes domésticos, etc. Y, por último, es adecuado también informar sobre la detección de patologías ocultas tales como déficit de visión o audición, deficiencia mental, hiperactividad, déficit de atención, etc.

El conocimiento médico del niño lo tienen los pediatras, pero no en exclusiva. Otros profesionales de la salud tienen suficientes conocimientos pediátricos para ser divulgadores de salud. La función formadora en los temas relacionados con la salud no les corresponde a los periodistas, sino a los profesionales de la salud.

Los pediatras deberían emplear parte de su tiempo en enseñar conceptos básicos de puericultura y pediatría, para ello quizás deberán ser mejores comunicadores.

En definitiva solicite al médico de sus hijos más información, dígale “doctor cuénteme, por favor, más cosas sobre la enfermedad de mi hijo. Hábleme no sólo del tratamiento, sino también de las causas y la forma de evitar ésta y otras situaciones”. Si su médico tiene tiempo, seguro que le atenderá.

Calendula
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