Estimada madre soltera, o madre sola, o mujer, “quizá, como mucha gente en nuestra sociedad, has crecido con la idea de que está mal amarse a sí mismo. Piensa en los demás, nos dice la sociedad. Ama a tu prójimo, nos predica la Iglesia. Lo que nadie parece recordar es lo de ámate a ti mismo, y sin embargo es eso precisamente lo que vas a tener que aprender para lograr tu felicidad en el momento-presente.” Son palabras del profesor Wayne W. Dyer, especializado en técnicas de autoayuda.

Desde niñas aprendemos que amarnos a nosotras mismas es algo equivalente a ser egoísta y consentida. Aprendemos a pensar más en los demás, a demostrar que somos “buenas personas”, mientras nos dicen “debes compartir tus cosas con tus primos”. No importa que esas “cosas” sean lo que más quieres, tus tesoros personales, aunque papá y mamá no compartan con los demás sus juguetes de adultos (el automóvil, la cámara de fotos, la maquinilla de afeitar, el reloj de pulsera de oro…). Puede también que te digan que “las niñas callan cuando hablan los adultos” y que “debes saber cuál es tu lugar”.

Cuando llegas a la adolescencia, la desconfianza en ti misma ya ha echado raíces. La idea que tienes de ti es, más o menos, ésta: “no puedo andar por el mundo amándome a mí misma, ¡qué pensarán los demás!”.

Se aman. Él a él. Ella a ella. Él a ella. Ella a él. Y no es un trabalenguas.

Se aman. Él a él. Ella a ella. Él a ella. Ella a él. Y no es un trabalenguas.

El profesor es tajante en aspectos como el siguiente:

“Empezando con los padres y la familia, y siguiendo con el colegio y los amigos, el niño aprende estos buenos modales sociales que son como la marca de ley del mundo de los adultos. Los niños nunca actúan así entre ellos a menos que sea para darles gusto a los mayores. Que digan siempre por favor y gracias, que saluden educadamente, que se levanten cuando entra un adulto en la habitación, que pidan permiso para levantarse de la mesa, que aguanten las eternas caricias en las mejillas y las sobadas de cabeza de los adultos. El mensaje es muy claro: los adultos son importantes; los niños no cuentan. Los demás tienen importancia; tú eres insignificante (…) Pero el amor a los demás está relacionado directamente con el amor que te tienes a ti mismo.”

Podemos definir el amor como la capacidad de dejar que los demás sean lo que ellos elijan ser, sin insistir para que hagan lo que a ti te gustaría. ¿Cómo se consigue esto? Muy sencillo, amándote a ti misma. Sintiendo que vales mucho y eres importante. Cuando hayas reconocido lo que vales, no tendrás necesidad de que los demás ajusten su conducta a tus instrucciones. Si logras amarte a ti misma, pronto serás capaz de amar a los demás.

“Si tu ser no vale nada, o no es amado por ti, entonces es imposible dar. ¿Cómo puedes dar amor si no vales nada? ¿Qué valor tendría tu amor? Y si no puedes dar amor, tampoco puedes recibirlo. Después de todo, ¿qué valor puede tener el amor que se le da a una persona que no vale nada? El estar enamorado, el poder dar y recibir, todas esas cosas empiezan con un ser que es capaz de amarse totalmente a sí mismo.”

Y finalmente destacar cómo interiorizamos los pensamientos de los demás, según el doctor R. D. Laing, citado en la obra de Wayne W. Dyer:

“Mi madre me ama.
Yo me siento bien.
Yo me siento bien porque ella me ama.

Mi madre no me ama.
Yo me siento mal.
Yo me siento mal porque ella no me ama.

Yo soy malo porque me siento mal.
Yo me siento mal porque soy malo.
Yo soy malo porque ella no me ama.
Ella no me ama porque soy malo.”

Procedencia de la información: Tus zonas erróneas (RBA), de Wayne W. Dyer.

Calendula
calendula@yosoymadresoltera.org