Alicia escribió…

Calendula, yo sé que eres madre soltera. Cada quien tiene su historia, pero también que alguien haga una web de casadas. Que nos escuchen nuestro dolor, lo que sufrimos, lo que nos pasa. Yo entiendo que es difícil ser madre soltera, es una complicación tremenda cuando no se tiene el apoyo de otra persona que te ame, pero también nosotros sufrimos cuando los hombres andan con sus amantes. Y en todos los casos son diferentes, no porque nos dejen de querer, sino mucho por curiosidad, porque no tuvieron relaciones anteriores, etc. No justifico al hombre, pero también las casadas tenemos nuestros deslis, porque no tenemos alguien que nos comprenda, se vuelve monótono, pero también que nos escuchen las madres solteras, lo que nosotros también padecemos, y no nos discriminen así, que no somos fodongas, etc. Que nosotros aguantamos todo y no es así lo que sufren nuestros hijos cuando se enteran que hay un hijo extramatrimonial, etc.

"Que nos escuchen las madres solteras..."

"Que nos escuchen las madres solteras..."

Respuesta de Calendula

Amiga Alicia, tu comentario me parece de una gran honradez y entereza. Te expreso mi admiración por ello. Créeme.

En ningún momento tengo la percepción de que las madres solteras que hemos tenido un hijo de una relación con un hombre casado, nos refiramos con desprecio a la mujer casada (al menos en esta web). ¡Por favor! Si se entiende así, no es esa nuestra intención. Quiero que lo comprendas.

La situación de la madre soltera acostumbra a ser dura, pero no juzgamos a la mujer casada, que aguanta al marido a su lado, aún a sabiendas de que tiene una amante fija o varias a la vez. Muchas veces, el hombre miente por un igual a la esposa y a la amante. Así que, desde este punto de vista, engaña a ambas con terceras y cuartas mujeres. De eso muchas de nosotras sabemos demasiado.

Estoy totalmente en contra de que la mujer luche contra la mujer. No tendría que existir esa rivalidad, esa falta de comprensión, porque todas somos madres o probablemente lo seremos. ¿Sabes qué? Mientras una mujer lucha contra otra, el hombre que causó el estropicio se mantiene al margen.

Alicia, tú que probablemente eres joven, sabrás que el cazador, en esta selva humana, como en la animal, casi siempre es el hombre. Entre los hombres casados (al igual que las mujeres casadas), los hay que tienen aventuras más o menos frecuentes. Un desliz, lo llamamos. Un “mal momento”. Sin embargo, hay un determinado tipo de hombre, de una tipología específica, que necesita tener una o más amantes fijas; que sabe mentir muy bien; que le atrae llevar una doble vida; que le sobra vigor sexual para amar a más de una mujer a la vez.

El hombre que ya lleva unos años casado, es padre y ha experimentado la rutina y las obligaciones del hogar, ha conseguido, pues, bastante experiencia. “Gato viejo”, al fin y al cabo. Sabe ser muy convincente, lisonjero, amable, adulador. Como buen cazador, sabe esperar… Eso de que las mujeres le hacemos caer en la tentación es otra leyenda urbana. El hombre escoge a la mujer y, si pica, ya tiene con qué comer. Y sino, habrán otras esperándolo. El verdadero barullo de hombres casados, aventuras pasajeras y amantes se inicia en los años jóvenes, cuando las hormonas y el deseo forman cócteles explosivos, lo mismo en hombres que en mujeres. Pedir, pues, a las mujeres comportamientos célibes cuando ya han alcanzado la mayoría de edad,  parece más bien antinatural. La resistencia que oponga una mujer a los “cantos” del macho dependerá de ella misma y de las circunstancias que esté pasando.

Ese espécimen de hombre casado tiene una familia estable con varios hijos, que desea conservar a toda costa, porque es su familia, quiere a su mujer y también a sus hijos. La mayoría de veces, si no es que la relación con su esposa es un infierno (y aunque lo sea, ese infierno le justifica para echarse en brazos de otra mujer menos exigente, siempre dispuesta a complacerle, a la hora que sea, en el lugar que sea, sin prisas, sin niños de por medio, sin facturas que pagar, con derroche de fantasías…), ni se enamora ni tiene intención de separarse y pedir el divorcio. Sencillamente necesita un complemento para su fogosidad: sexo, salidas para tomar unas copas, hablar de temas interesantes, pasar ratos agradables, algún viaje “robado” siempre bajo la excusa de que forma parte de su trabajo… Y, por descontado, mucho sexo, porque, dice, con su mujer prácticamente no se cumple el llamado débito conyugal. Sólo lo hace con ella para que no sospeche, pero no tiene ganas…

Amiga mía, y la amante, que no es nadie en esta historia, enamorada hasta las orejas, sufriendo su soledad cuando él se va, fiel a ese hombre infiel (y que a ella no se le ocurra tener aventuras por ahí, que nadie se le acerque), traga y traga, va estrechando el círculo de su vida social…, hasta que un día se da cuenta que le ha pasado el tiempo de tener hijos, o, en el caso que un día quede embarazada, porque siempre hay una distracción, probablemente habrá sido la más fiel en esa historia de un hombre con esposa y amante, pero ese hijo suyo casi nunca será igual que los otros.

Y ahí la historia toma otro cariz. Si nace un niño, éste no puede ser abandonado y marginado. En siglos pasados, sí lo eran, pero en los tiempos presentes los hijos ilegítimos cada vez van a ser menos. Un niño es un ser humano, lo pare quien lo pare, y sea hijo biológico del hombre que sea. El padre tiene que velar para que el niño no pase hambre ni privaciones. Estamos tan acostumbrados, hombres y mujeres, a oír aquello de: “en cuestiones de sexo, es la mujer la que tiene que tomar precauciones; al hombre, ya ves, le da igual; a él sí que… no le va ni le viene…”. Pues se está acabando eso de “no le va ni le viene”, porqué sí le va, desde el momento que los parlamentos aprueban leyes que van a aplicar los jueces en defensa de los niños.

¿El padre no ama ni quiere tener relación afectiva y paterna con el niño que acaba de nacer de una relación extraconyugal…? Está en su derecho. El amor no se impone. Pero sí que tiene que velar para que no sea desatendido económicamente. El hombre se tendrá que poner las pilas y, en consecuencia, buscar medios para que no se produzca un embarazo. Por la cuenta que le trae. Las cosas funcionan así, amiga mía. Si no pusieran multas de tráfico, los coches se convertirían en auténticas máquinas de matar, porque muchos conductores enloquecen con la velocidad y, cuando se calientan, ya nada les importa, ni aún su propia vida, y mucho menos la de los demás.

Sólo al hombre casado corresponde dar explicaciones a su esposa. Le tiene que rendir cuentas, si puede expresarse así, por ser el causante del incumplimiento de una parte del contrato matrimonial.

Y la joven soltera que se enamora de un hombre casado, que sepa que en un elevado porcentaje, aunque él se lamente de su desdicha en el hogar, no se va a divorciar. Que las cosas están bien como están y así lo tiene planeado.

Calendula
calendula@yosoymadresoltera.org