El padre, si lo hay, representa un gran apoyo para una madre y su hijo o hija. Pero hay que hablar de esa figura protectora, porque no siempre comprendemos el papel que representa. Como tampoco el padre entiende en numerosas ocasiones el comportamiento de la madre de su hijo (biológico o adoptivo).

Paternidad.

Paternidad.

¿Cuál debería ser el papel del padre?

Sobre todo, de apoyo emocional a la madre, en especial en los primeros años de vida del hijo. Los bebés requieren muchos cuidados y están estrechamente ligados a la madre.

¿Cuál es la actitud habitual del padre?

En su toma de conciencia, el padre se implica más en el desarrollo de su hijo, le cambia los pañales, le baña, le da de comer, lo saca a pasear… Los chicos jóvenes están entrando en esta dinámica, pero en la pareja, aunque exista esta implicación, existen roces.

¿De dónde provienen los roces?

En que hombre y mujer son distintos y que lo que a uno le parece correcto al otro le provoca insatisfacción. “Si cediendo tanto, aún no está contenta, yo me doy por vencido”, se queja el hombre. No se trata de ceder, sino de unir esfuerzos y sensibilidades.

¿Qué necesita la mujer madre?

Hay que partir de la premisa de que el hombre está perdiendo su identidad histórica y la mujer está conquistando el mundo masculino. Estamos, pues, en una época de cambios. De crisis. Y las crisis (aunque signifiquen crecimiento) tienen sus víctimas. Y las víctimas son los padres y madres de ahora, sujetos activos de la lucha por la evolución de la sociedad familiar.

La mujer que ha sido madre necesita, en especial, apoyo emocional. Si la mujer no se siente satisfecha emocionalmente (entendemos que no es fácil intuir sus necesidades), va a pedir cualquier cosa, como lo haría un niño triste o irritado. Es, exactamente, la misma reacción. Pide atención hacia su persona, hacia su nueva situación, la maternidad, que para ella es tan importante. Con su bebé se siente el ser más importante del mundo.

Pues bien, ¿qué hace el hombre ante tal demanda emocional? Intentar complacerla yendo a la compra, preparando el biberón, estando atento a las cosas que se tienen que llevar al salir de casa… Pero a menudo no acierta. Ella sigue estando insatisfecha. Y se producen pequeñas peleas, reproches. Comienza la mala convivencia, el hastío.

Maternidad.

Maternidad.

¿Cómo afrontar esta situación?

Por la mañana, antes de salir de casa, el hombre puede preguntar a la mujer:

•    “¿Cómo estás?”. Interesarse por ella.
•    “¿Qué quieres que haga hoy?”. Conocer de antemano cuál es la necesidad más inmediata del día.

Es un modo de acertar. Después de ser padre, el hombre sigue la rutina diaria del trabajo, pero la mujer se ve inmersa en un mundo nuevo, con un bebé que no tiene espera, que exige la máxima diligencia. La madre se implica tanto en la crianza y las emociones del pequeño, que se confunden en una sola emoción. Así pues, no es que la madre se haya vuelto “caprichosa”, sino que es el hijo y las hormonas que actúan durante el embarazo, el parto y el posparto los que conforman un paquete de emociones y sentimientos que lo invaden todo. La mujer necesita, como hemos dicho antes, el apoyo emocional del hombre. Posiblemente éste no se haya dado cuenta. O no sepa como afrontar la demanda.

Asumir la paternidad

El hombre acabará participando de la nueva situación que marca el hijo, arropado por la madre. Al principio, va a sentirse fuera de lugar, superado por las circunstancias, pero con el paso de los meses se adaptará a la nueva vida familiar y experimentará una gran felicidad.

A los hombres el fuerte sentido de la paternidad les llega más tarde que a la mujer la maternidad. Pero les llega. Si no interiorizan este proceso que impone el bebé, no asumirán su paternidad y probablemente se den a la fuga. Es lo que suele pasar. Y aquí hay que agregar otro componente: si no tienen bien resuelto su papel de hijos y la relación con su propia madre, no acabarán siendo buenos padres.

Padre no es sólo la persona que aporta estabilidad económica a la familia. Es quien se siente parte de su hijo y desea crecer con él, amar con él, y morir antes que él.