Cuando las madres escriben a la web de las madres solteras y solas, confiesan en ocasiones que cuando nacen sus hijos pierden durante un tiempo su sentido de la feminidad. Parecería que ya no tienen derecho a ser atractivas y desear serlo más. Como si en sociedad se valorase mal que una madre sola se esforzara por seguir gustando psíquica y físicamente.

En el fondo, en la memoria popular, está el concepto de que una chica que deja embarazarse es porque ha ido por caminos que no tendría que haber pisado. Como siempre, se culpa a la mujer de todo lo que pasa con ella, cuando la responsabilidad debe ser compartida incluso con quienes parecen que no tienen nada que ver en el asunto.

Tú eres quien determina lo que vales sin necesidad de dar explicaciones a nadie.

Tú eres quien determina lo que vales sin necesidad de dar explicaciones a nadie.

Existe un machismo antiguo y fuerte que anida en las mentalidades femeninas y masculinas y que se sigue transmitiendo de generación en generación. La incultura, la falta de información, la falta de formación familiar, la ausencia de programas de planificación familiar, la inconciencia propia de la adolescencia y juventud, e incluso lo que llamamos “mala suerte”, convergen para que una chica quede embarazada sin tener pareja o sea abandonada cuando se sabe que está esperando un hijo.

Vamos a sacarnos de encima estos perjuicios para abundar en los beneficios de la libertad femenina para amar su cuerpo y enseñar a sus hijos las bondades de esta creencia.

Y lo haremos rebuscando en los estudios del profesor Wayne W. Dyer.

La aceptación

La no aceptación de una misma empieza por el físico. ¿Te gusta tu cuerpo? Si has contestado que no, haz una lista de las partes que no te gustan:

•    el cabello
•    la frente
•    las mejillas
•    los labios
•    la nariz
•    los brazos
•    las manos
•    los riñones
•    las arterias
•    el hígado
•    el fémur…

Tú eres tu cuerpo. Si no te gusta, es que no te aceptas a ti misma como ser humano.

Puede que algunas partes de tu cuerpo no te gusten. Quizás son modificables, como el color de cabello o un vientre demasiado grueso. Ahora bien, las partes que no son modificables, como una piernas largas, ojos pequeños, etc., puedes verlas desde un punto de vista diferente. Si estás aceptando como buenos los actuales cánones de belleza, “no dejes que los demás te dicten lo que te resulta atractivo a ti. Decide que te agrada tu yo físico y que es valioso y atractivo para tu modo de ver, para ti, rechazando las comparaciones y las opiniones de los demás. Tú puedes decidir lo que es agradable y de tu gusto; y hacer que la falta de aceptación de ti mismo sea una cosa del pasado.”

En los medios de comunicación, en la publicidad a nivel de calle, todo, todo, te dice que no te aceptes como ser humano. Te informan sobre lo mal que huelen tus axilas, y tu boca, tus pies, tu piel, tus órganos sexuales… “Use nuestro producto y siéntese nuevamente como un ser real y natural”.

“Muchas mujeres han aceptado estos mensajes socioculturales y se comportan como se supone que tienen que comportarse cuando se trata de sus propios cuerpos. Aféitese las piernas y las axilas, desodorícese completamente, aromatice su cuerpo con perfumes manufacturados, no naturales, esterilícese la boca, maquíllese los ojos, labios, mejillas, ponga rellenos falsos en sus sujetadores, vaporice sus genitales con un perfume apropiado y falsifíquese las uñas.”

El mensaje que recibes es: hay algo desagradable en el yo natural; la única manera de ser atractiva es siendo artificial.

Los anunciantes te estimulan a comprar sus productos, porque viven de esas ganancias.

Sin embargo, “si escoges usar cualquier ayuda cosmética, no lo hagas porque no te gusta lo que estás ocultando, sino por motivos de realización personal o para disfrutar de algo nuevo. El ser honrado contigo mismo en este campo no es fácil, y lleva su tiempo aprender a distinguir entre lo que realmente nos gusta y lo que la industria cosmética dice que debe gustarnos.”

Procedencia de la información: Tus zonas erróneas (RBA), de Wayne W. Dyer.

Calendula
calendula@yosoymadresoltera.org